domingo, 30 de noviembre de 2025 11:55
María Alexandra Gómez, esposa del gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido en Caracas desde diciembre de 2024, realizó un pedido desesperado al Gobierno argentino: “No permitan que Nahuel pase otra Navidad en El Rodeo 1”.
“Sé que la lucha debe continuar hasta que Nahuel y todos los inocentes que están hoy retenidos injustamente estén en libertad”, sostuvo Gómez en declaraciones a la señal latinoamericana DNEWS.
Gallo fue arrestado cuando viajó a Venezuela para visitarla a ella y a su hijo Víctor, quienes se encontraban de vacaciones. Desde entonces, permanece encarcelado bajo una acusación de terrorismo, igual que otros 40 extranjeros retenidos por el régimen de Nicolás Maduro.
En la entrevista también participó Renzo Yasir Huamanchumo Castillo, un peruano-estadounidense que pasó diez meses preso en la misma cárcel y compartió momentos con el gendarme argentino.
“Nahuel tiene esperanzas de salir y está muy preocupado por su hijo”, relató, y aseguró que Gallo conserva el ánimo pese al encierro.
Gómez confesó que escuchar esos testimonios le dio alivio: “Renzo me dio un respiro total al saber que Nahuel todavía está sonriendo. Gracias a Dios varios colombianos que estuvieron con él también me dijeron que se mantiene fuerte. Para mí lo importante es eso: que no lo han quebrado”.
Con su hijo Víctor a su lado, Gómez remarcó que la entereza del gendarme es lo que la sostiene: “Me mantiene firme, de pie, porque sé que está fuerte y conservando ese espíritu que lo caracteriza”.
Castillo detalló que Gallo estuvo inicialmente en una torre distinta dentro de El Rodeo 1, pero luego ambos quedaron en el mismo sector. Allí compartió celda con un ciudadano judío-argentino identificado como Jaco.
Sobre la percepción que tenía el gendarme, el ex detenido afirmó: “Todos pensábamos que él iba a ser de los primeros en salir por todos los videos que le grababan como pruebas de vida. Él tiene mucha confianza en su gobierno”.
Según su relato, Gallo hablaba positivamente del presidente Javier Milei y repetía que confiaba en que sería liberado, aunque vivía con la angustia de no recibir información concreta sobre su situación: “Lo peor es que uno nunca sabe nada. No hay nadie en la calle que te diga qué está pasando”, concluyó.
