Un análisis sobre el lugar de la voz de los niños, niñas y adolescentes en los procesos judiciales por violencia intrafamiliar, a partir de un fallo de 2014 y del debate por un proyecto de ley sobre obstaculización del vínculo entre progenitores e hijos.
En el marco de los procesos judiciales que involucran violencia intrafamiliar, se plantea la cuestión sobre el lugar que ocupa la voz de los niños, niñas y adolescentes. La pregunta “¿quién escucha a los niños?” surge cuando los adultos en conflicto dejan de escucharse entre sí y los menores quedan en el centro de la disputa.
En junio de 2014, un fallo de la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Primera Nominación definió a la violencia contra las mujeres como “un fenómeno grave, un problema social que afecta no sólo su progreso personal, sino el de su familia, su país, en fin a toda la sociedad que la rodea”. También la consideró “un obstáculo a la evolución de las naciones”. Esa definición permite ampliar la mirada más allá del caso individual, ya que la violencia atraviesa vínculos, hogares, proyectos de vida y comunidades. Cuando hay niños, niñas o adolescentes en ese entramado, también alcanza sus derechos, aunque no hayan sido víctimas directas de una agresión. En ocasiones, crecer en un contexto de violencia, entre amenazas, controles, denuncias, incumplimientos y medidas judiciales, afecta su desarrollo.
La respuesta jurídica establece que escuchar a la niñez implica reconocer su derecho a expresar su opinión y a que sea considerada según su edad y grado de madurez al tomar decisiones que afecten su vida. La Convención sobre los Derechos del Niño, la Ley 26.061 y el Código Civil y Comercial reconocen ese derecho. No obstante, ello no significa que los menores deban ser colocados como jueces de un conflicto adulto, ni como mensajeros o árbitros. Su derecho a ser escuchados no implica cargar con el conflicto de los adultos.
En ese sentido, se sostiene que la niñez no debería estar en el centro del conflicto, sino en el centro de la protección de sus derechos. Escuchar implica generar condiciones para que puedan expresarse libremente, garantizar que su palabra sea recibida con herramientas adecuadas y valorarla en el contexto de su historia familiar y de las demás circunstancias del caso. Los hijos no son trofeos de guerra ni propiedad de nadie.
En relación con el debate generado por el proyecto de ley que propone crear un registro de personas denunciadas por impedir u obstaculizar el vínculo entre progenitores e hijos, la iniciativa despertó rechazo en distintos sectores por el riesgo de convertir una problemática compleja en una respuesta automática y por las consecuencias que podría tener en situaciones de violencia familiar o de género. Se plantea que cualquier política pública vinculada con la niñez debería evitar poner a los niños en medio de una pelea que no les corresponde. No se trata de elegir entre madres y padres, ni de presumir que toda interrupción del vínculo es violencia, sino de analizar cada historia, escuchar a cada niño y decidir con perspectiva de derechos.
