Mujeres de comunidades originarias de Catamarca describen sus prácticas matinales como una ceremonia que incluye pedir permiso a la Madre Tierra, lavarse el rostro siete veces con agua de vertiente y peinar el cabello según las fases de la luna.
En la región de Catamarca, un grupo de mujeres de comunidades originarias mantiene una rutina matinal que define como una ceremonia sagrada. Según relataron, el despertar no depende de un despertador, sino del latido del corazón y del frío del piso de tierra cruda. El agua de la acequia, que baja del deshielo de los cerros, es utilizada para el aseo personal.
Las mujeres explicaron que, al levantarse, piden permiso a la Madre Tierra antes de pisar el suelo. Luego, se lavan el rostro siete veces con agua pura de vertiente, elevando oraciones en sus lenguas originarias. No utilizan jabón ni otros productos modernos, ya que consideran que el agua purifica el espíritu.
El peinado del cabello es otro acto ritual. Según las creencias, el cabello es la extensión del pensamiento y la energía vital. Las fases de la luna determinan cómo lo tratan: lo sueltan en luna nueva para renovar la energía, lo cortan en cuarto creciente para fortalecerlo y lo recogen en luna llena para concentrar su poder o cuando llegan visitas a la casa.
Antes de comenzar el día, las mujeres miran sus propios ojos en un espejo, reconociendo en ellos la mirada de sus abuelas y la memoria de sus ancestras. Sostienen que este acto les permite caminar con paso firme y agradecer el nuevo amanecer.
