Un análisis sobre la aplicación de la alegoría de Homero a las decisiones económicas que enfrentan los gobiernos, en el contexto de las restricciones fiscales y sociales.
La Odisea, el relato de Homero sobre el regreso de Ulises a su reino de Ítaca tras la guerra de Troya, narra las sucesivas amenazas que intentan apartarlo de su objetivo. En varios tramos de la epopeya, el héroe y sus hombres luchan contra los elementos desatados por los dioses, navegando en embarcaciones que en la actualidad se considerarían precarias. Ulises vence tempestades, naufragios, hechizos y tentaciones mediante su astucia, inteligencia y perseverancia. Su único propósito es el regreso a su patria, donde sus raíces, su esposa Penélope y su hijo Telémaco le dan sentido a su existencia.
Entre las amenazas marítimas que enfrenta se encuentran Caribdis y Escila, dos peligros míticos ante los cuales Ulises debe elegir el mal menor. Caribdis es un remolino que agita las aguas y engulle embarcaciones enteras; Escila es un monstruo de varias cabezas que devora a unos pocos hombres, permitiendo que la nave y el resto de la tripulación continúen su viaje. Ante la falta de alternativas, Ulises opta por enfrentar a Escila, calculando que al menos le permitirá seguir con la esperanza de retornar.
Los marinos, desesperados, intentan salir del estrecho mientras observan que en el barco comienzan a sobrar espacios y remos, conscientes de que no todos llegarán a las playas de Ítaca.
Escila y Caribdis como dilema económico
Una sociedad no es un barco cuya carga pueda arrojarse al mar sin consecuencias. El sector que se sacrifica también forma parte del conjunto que se pretende salvar. Sin embargo, una economía bajo ciertas concepciones clásicas se considera un universo binario que navega entre restricciones: recursos limitados, desequilibrios fiscales, inflación, desempleo o restricciones externas, donde mejorar una variable puede implicar costos sobre otra.
En ese esquema, se presentan disyuntivas: salvar la estabilidad macroeconómica o proteger el empleo; reducir el gasto público o mantener prestaciones sociales; controlar la inflación o sostener el nivel de actividad. En ese marco, determinados sectores pueden ser considerados un costo necesario para alcanzar un objetivo presentado como superior.
En la mitología, los dioses Poseidón y Zeus decidían los destinos; en la economía actual, el mercado cumple un rol similar. La referencia a atarse al palo mayor ilustra la rigidez de ciertas concepciones.
El texto menciona el principio de “laissez faire”, aunque Adam Smith admitía ciertas intervenciones del Estado, hoy rechazadas en algunos ámbitos. También se cita a John Maynard Keynes, quien afirmó: “En el largo plazo, todos estaremos muertos”. La pregunta sobre el plazo para ver resultados de las políticas económicas queda sin respuesta, dependiendo de la libre interacción entre individuos y mercado.
El artículo concluye que, en la historia, solo Ulises sobrevivió, y señala que, a pesar de los riesgos, la gente decidió subirse a los barcos y lanzarse al mar.
