Diversas congregaciones y la Pastoral Vocacional participaron de una misa especial en el Santuario Catedral, donde se destacó el sentido de la vida consagrada y se celebraron aniversarios de votos.
En el día litúrgico de Nuestra Señora del Valle, la Vida Consagrada de Catamarca rindió su homenaje. Participaron la Orden de Frailes Menores (OFM), el Monasterio Inmaculada del Valle, las Hermanas Misioneras Catequistas de Cristo Rey, la Orden del Verbo Encarnado, las Hermanas Nazarenas, las Hermanas Misioneras Redentoristas, el Instituto Cristíferas, el Instituto Amigas y Amigos en el Señor Jesús en Comunión con Chemin Neuf, junto con las Hermanas del Huerto, las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, entre otras, y la Pastoral Vocacional.
La ceremonia se desarrolló en el marco de una Santa Misa presidida por Mons. Virginio Domingo Bressanelli, obispo emérito de Neuquén; el padre Arildo José Ferrari, ambos Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (dehonianos); el padre Juan Ramón Cabrera, rector del Santuario Catedral; fray Julio Bunader, sacerdote de la comunidad franciscana local, junto a otros presbíteros del clero catamarqueño y peregrinos.
El acto litúrgico comenzó con una procesión de religiosas que ingresaron llevando una rosa, la cual depositaron al pie del altar. Este gesto precedió al Hno. Diego Díaz, quien celebró sus Bodas de Plata de consagración (25 años) y realizó la misma ofrenda, seguido por los celebrantes.
Durante la homilía, Mons. Bressanelli destacó que la misa era una celebración «a nuestra querida Madre, la Virgen del Valle» y un momento para «recordar la vida consagrada y mirarla desde el ejemplo de María». En este contexto, mencionó la presencia de diversas congregaciones, incluyendo a los hermanos franciscanos, Oblatos de María Inmaculada y dehonianos. También se refirió específicamente al Hno. Diego Díaz, «hijo de este pueblo y gran devoto de la Virgen María bajo este título», quien cumplió 25 años de primeros votos, y al padre Arildo José Ferrari, superior provincial de los dehonianos, que también celebraba 25 años de vida consagrada.
El obispo emérito reflexionó sobre el sentido de la vida consagrada, afirmando que «toda consagración a Dios es un regalo para toda la humanidad y, particularmente, es un regalo para la Iglesia. Es un don que Dios da a todos, a través de una persona concreta». Puso a María como ejemplo, describiéndola como «la primera consagrada, el primer miembro de la Iglesia, y también la primera discípula de Jesús».
Además, invitó a apreciar la vocación de consagración, señalando que los consagrados, «a través de sus votos en la castidad nos están diciendo a todos: ‘Dios es mi único amor’. Eso es algo que tenemos que madurar también todos los cristianos. Dios debe ser nuestro primer amor».
