El sector avícola nacional alerta sobre posibles pérdidas económicas y afectación en la provisión de huevos y carne de pollo si no se definen medidas sanitarias urgentes frente a la influenza aviar.
La reaparición de casos de influenza aviar ha encendido las alarmas en el sector productivo argentino, que advierte sobre un posible impacto severo en el abastecimiento interno de huevos y carne aviar si no se toman medidas urgentes. El presidente de la Cámara Argentina de Productores Avícolas, Javier Prida, alertó que la falta de una definición sobre la vacunación podría derivar en una crisis sanitaria y económica.
“Si no habilitan la vacuna, es muy factible que tengamos un problema muy grande en puerta”, advirtió el dirigente. Para dimensionar el riesgo, comparó la situación con otros países. En Estados Unidos, entre 2024 y 2025, se sacrificó cerca del 8% de la población de gallinas y el precio del huevo se disparó, mientras el Estado destinó unos 4600 millones de dólares en indemnizaciones a productores afectados. También mencionó casos recientes en Francia y España, donde se registraron sacrificios masivos de aves para contener el avance del virus.
Prida remarcó que la enfermedad dejó de ser un fenómeno aislado para transformarse en un problema recurrente: “Ya no es exótica, es una enfermedad doméstica que está presente todos los años desde 2023”. El eje del debate pasa por la vacunación. Si bien su implementación podría implicar restricciones comerciales en mercados internacionales, el dirigente fue contundente: “Prefiero cuidar el consumo interno antes que arriesgarlo por exportaciones”.
La preocupación se profundiza por el peso del sector en la economía nacional. La cadena avícola genera más de 100.000 empleos entre producción de huevos y carne, y representa una de las principales fuentes de proteína en la dieta argentina, con un consumo combinado de alrededor de 75 kilos por persona al año. Además, el consumo de huevos supera actualmente las 400 unidades per cápita anuales, con proyecciones de crecimiento sostenido hacia 2030.
En paralelo, el sector también cuestionó la falta de definiciones oficiales y advirtió que los productores, especialmente los más pequeños, enfrentan un alto nivel de vulnerabilidad. “Si la enfermedad entra en una granja, se pierde todo”, señalaron. Mientras se aguardan decisiones del Gobierno, el riesgo sanitario continúa latente y crece la presión para implementar una estrategia que evite un impacto mayor en la producción, los precios y el abastecimiento de alimentos básicos.
