Una serie de bombardeos lanzados durante el día en distintas regiones de Ucrania dejó víctimas fatales y heridos, marcando un cambio en la estrategia habitual de ataques nocturnos.
La guerra entre Rusia y Ucrania registró un nuevo episodio de violencia tras una serie de ataques aéreos lanzados a plena luz del día, que dejaron al menos 19 víctimas fatales entre el viernes y el sábado en distintas regiones ucranianas. El cambio de estrategia, que difiere de los habituales bombardeos nocturnos, tuvo su episodio más grave en la ciudad de Nikopol, donde un ataque con drones impactó en un mercado y provocó la muerte de cinco personas, entre ellas tres mujeres. Además, otras 19 resultaron heridas, incluida una adolescente de 14 años.
La fuerza aérea ucraniana informó que durante el viernes Rusia lanzó más de 500 drones y decenas de misiles, mientras que en la madrugada del sábado se registraron otros 286 dispositivos, de los cuales 260 fueron interceptados por las defensas. Los ataques también alcanzaron zonas cercanas a la capital. En la región de Kiev, el gobernador Mykola Kalashnyk confirmó una víctima fatal y ocho heridos. Según autoridades locales, drones impactaron en edificios residenciales en localidades como Obujiv y Vyshneve, afectando viviendas, escuelas y jardines de infantes.
El presidente Volodímir Zelenski acusó a su par ruso, Vladímir Putin, de profundizar la ofensiva en un momento sensible, previo a la Pascua. «Están transformando lo que debería haber sido silencio en el cielo en una escalada», afirmó. Las declaraciones se produjeron mientras Zelenski viajaba a Estambul para mantener un encuentro con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.
Los bombardeos se extendieron a múltiples regiones. En Sumy se registraron tres muertes el viernes y 11 heridos el sábado, entre ellos un adolescente de 15 años. También hubo víctimas en Yitómir y Dnipropetrovsk. En tanto, en las zonas más cercanas al frente —como Járkov, Donetsk, Jersón y Zaporiyia— las autoridades locales reportaron al menos ocho fallecidos adicionales.
A pesar de las sirenas antiaéreas y los constantes ataques, en la capital Kiev la vida cotidiana continúa con cierta normalidad. Cafés y comercios permanecen abiertos, aunque bajo una tensa calma. Sin embargo, un dron provocó un incendio en un edificio de oficinas y un almacén, evidenciando que incluso las zonas más alejadas del frente siguen expuestas al conflicto. La intensificación de los ataques diurnos refleja un cambio en la estrategia militar, con un impacto cada vez más directo sobre la población civil y la infraestructura urbana en todo el territorio ucraniano.
