jueves, 18 abril, 2024
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Marco Antonio Solís y su irresistible cátedra de música romántica latina, a pesar del prejuicio de los snobs

En la noche del miércoles, el cantante mexicano Marco Antonio Solís cumplió el primero de cuatro shows que lo traen por cuarta vez de visita a la Argentina.

Con un estadio Movistar Arena a tope con 15 mil personas, el michoacano de 63 años, autor de grandes éxitos como Tu cárcel o Si no te hubieras ido hizo cantar durante las dos horas con veinte minutos de su recital a una concurrencia mayoritariamente latina donde se cruzaron mexicanos con venezolanos, colombianos, peruanos, bolivianos y por supuesto muchos argentinos.

Lo primero es formular una pregunta que se cae de madura: ¿qué está esperando Tarantino para contratar a Marco Antonio para su próxima película, antes de retirarse?

Bastaría con ver su look de crooner latino de los años 70/80, ataviado con saco rojo-bordó plagado de paillettes, pantalón de raso negro con guardas brillantes a los costados, cinturón con hebilla imponente, camisa de seda negra abierta mostrando pecho, zapatos acharolados negros, cabellera larga al viento que hace juego con la barba algo entrecana, prolijamente cortada, y la infaltable cadena gruesa de plata con la consiguiente cruz (Marco Antonio tuvo un momento místico en su juventud, cuando pensaba convertirse en sacerdote católico, antes que cantante).

Todo ese conjunto de tintes vintage lo convierten en una especie de Hans Gruber (aquel impagable y adorado villano interpretado por el gran Alan Rickman en Duro de matar) cruza con el Alfredo Alcón de Guüemes, La tierra en armas. Aunque esto último seguramente él no lo sabe.

Marco Antonio Solís, también conocido como Marco Antonio Solís, también conocido como «El Buki», en su primer fecha en el estadio Movistar Arena. Foto de prensaPara sintetizar: el hombre está listo para una remake de Carlito´s Way o una versión retro futurista de El Capitán Monasterio para El Zorro, parte 400. Dicho todo esto sin atisbo de sorna. Es más, Solís ha actuado en media docena de películas y hasta le ha prestado su voz al personaje de Ernesto de La Cruz en el film Coco. De manera que la idea no es tan descabellada como suena.

Aquel amor de música romántica

Pero vayamos al show. Y hemos de referirnos ante todo aquí a un género musical históricamente bastardeado por snobs e intelectuales (gente que suele no aportar nada pero que igual opina, con su nariz fruncida) que se denomina “música romántica”. Un paragüas ciertamente muy amplio donde suelen cobijarse otros géneros como la balada, el pop latino, el soft-rock, el bolero moderno, e incluso la música beat y hasta cierta cumbia.

Marco Antonio Solís, un experto en unir la balada, el pop latino, el soft-rock, el bolero moderno, e incluso la música beat y hasta cierta cumbia. Foto de prensaMarco Antonio Solís, un experto en unir la balada, el pop latino, el soft-rock, el bolero moderno, e incluso la música beat y hasta cierta cumbia. Foto de prensaPara entenderlo mejor vamos a recurrir a una denominación que no por peyorativa tiene menos crédito: la música-plancha. La etiqueta refiere a un estilo de música romántica latina, siempre cantada en español, que se popularizó en el continente en clubes de baile durante los años ’90 gracias a un público sub-40.

Se sabe que esta categoría fue así llamada porque, sobre todo en países como Venezuela, Colombia, Chile e incluso Argentina, era la música que escuchaban las amas de casa y empleadas domésticas como leit motiv de las telenovelas que miraban mientras planchaban la ropa.

A tal punto se volvió popular la música plancha que en 2003 fue todo un éxito en Colombia una tira romántica televisiva titulada, precisamente, Amor a la plancha.

Marco Antonio es sin duda alguna el epítome vivo de la música romántica latina que, sorteando géneros más actuales, tales como el trap, la música urbana y el reguetón, continúa rindiendo homenaje a sus raíces y jamás las traiciona.

Lo cual vale decir que si uno va en busca de baladas románticas de otra época, aunque inmortales, esas de letras de amor-traición imposibles, algo edulcoradas pero muy emotivas, con arreglos de orquesta, vientos, violines y teclados de sonidos “cheesy” (de dudosa calidad) éste es nuestro hombre.

Los detalles del show

Con dieciséis músicos en escena, incluyendo un coro de tres mujeres y un masculino, una sección de vientos irreprochable (los mexicanos tienen una enorme tradición en este tipo de formaciones, como La Sonora Santanera, La Sonora Dinamita e incluso Los Angeles Azules), batería, percusión, dos guitarras, bajo y piano, la lista de 22 canciones fue transcurriendo prolijamente bajo el oído atento de un público no solamente fiel sino predominantemente canoro que conocía las letras de cada tema a la perfección.

Marco Antonio Solís en Movistar Arena con su Marco Antonio Solís en Movistar Arena con su «Buki World Tour». Foto de prensaPero eso no es todo en el show. Hay que hablar de las cuatro bailarinas: tres rubias de aspecto anglo y una morocha típicamente latina que le pusieron sal y pimienta a la noche. Ellas, con el conjunto musical anteriormente narrado y rigurosamente vestido de gala, el look retro de Solís más el aporte de un telón proyectado, en una onda cabaret tropical cubano pre-revolución, le confieren al espectáculo una imagen absolutamente onírica. Sobre todo si uno está soñando con Las Vegas de los años ’60.

Volvamos al paralelismo cinematográfico: ni Scorsese lo hubiera planeado mejor. Marco Antonio es un anfitrión muy simpático que a sus sesenta y tantos luce en buen estado, aunque durante casi todo el show su voz de tenor fue apagada por la presión sonora de la banda. Acá le descontamos un punto al sonidista. No puede ser que la voz de la estrella principal, con esas iridiscencias de cuasi llanto (la famosa lágrima en la garganta, que le dicen) en los momentos más dramáticos de las canciones no se escuche.

Si bien Solis no descolla particularmente en otras áreas fuera del micrófono, se mueve correctamente sin llegar a bailar, tiene su momento al piano, se cuelga la guitarra acústica en varios temas y, esto sí merece resaltarse, es un timbalero para tener en cuenta. Es decir: no es Tony Zuccar (¿no conocen al peruano-estadounidense Tony Zuccar?, búsquenlo en YouTube, vale oro ese chico) pero deja en claro que sabe darle duro a las cáscaras y a las tarolas de su timbal. Y lo hace con buen gusto, creatividad, ritmo y precisión.

Raíces latinas

El mexicano honra sus raíces latinas y las músicas que allá por 1972 lo llevaron a fundar el grupo Los Bukis («buki» en la lengua yaqui de algunos pueblos mexicanos del noroeste del país, sobre todo en Sonora, significa «niño») con el que grabó 17 álbumes antes de convertirse no solamente en solista, año 1996, sino además en la estrella que prácticamente condujo a la fama y al éxito al sello discográfico Fonovisa, junto con Enrique Iglesias y los Tigres del Norte.

Marco Antonio Solís en su primera noche en el Movistar Arena. Foto de prensaMarco Antonio Solís en su primera noche en el Movistar Arena. Foto de prensaSu fórmula fue bastante simple pero muy contundente: mezclar la música romántica con aires de música grupera, un sub género surgido en los años 70 desde México que mezclaba rock latino con cumbia, pop e incluso algo de mariachi.

Y en este sentido Los Bukis fueron fieles representantes de ella junto a bandas como Los Temerarios, Bronco, Los Caminantes o Los Yonic´s. Con la particularidad que esa corriente trascendió fronteras y prendió también en otros países: en Perú (Los Pasteles Verdes) o Chile (Los Ángeles Negros). Claro que el ingrediente primordial eran las baladas.

La tradición de la música romántica latina, que se hizo fuerte en la década del sesenta terminó de establecerse definitivamente en los ’70, y brindó un primer y falso canto de cisne en los ’80 tuvo a sus representantes mexicanos más cabales en grandes ídolos que se hicieron populares en todo el continente. Juan Gabriel, Emmanuel, Mijares, José José, el argentino-mexicano Diego Verdaguer, la cantante y actriz Dulce entre tantos otros.

Ellos fueron la respuesta regional a la invasión europea que en esas mismas décadas y de la mano de nombres como Salvatore Adamo, Nicola di Bari, Charles Aznavour, Camilo Sesto, Raphael y Julio Iglesias venían a conquistar el mercado americano y arrasaban en ventas de discos.

Sin embargo esta música, para muchos en decadencia (para quienes conocen, un estilo absolutamente vigente), le debe mucho a dos nombres también surgidos de México; en primer lugar a Armando Manzanero (tan popular que hasta Elvis Presley hizo su versión de Somos novios, en inglés) y por supuesto a Luis Miguel, el Sol de México, quien con sus dos volúmenes de boleros, precisamente producidos por Manzanero, se convirtió en el artista moderno más vendedor de la historia.

Dentro de este mapa, mucho más grande de lo aquí expuesto, Marco Antonio Solís se ubica en un lugar de absoluto privilegio. No solo como cantante sino además como productor (le produjo discos a Rocío Durcal, Pasión Vega, Olga Tañón y una larga lista de grandes artistas), pero además como compositor a quien le han grabado canciones gente como Myriam Hernández, David Bisbal, Enrique Iglesias, Miguel Bosé y hasta el mismísimo Roberto Carlos. Y ha inspirado incluso a bandas de pop y de rock como Maná, Caifanes y hasta Café Tacuva. Todo dicho.

Sin embargo, si dejamos historia y estadísticas de lado, la música romántica latina tiene una virtud que la hace popular y accesible. Sus letras hablan de cosas simples que a la mayoría de la gente le ocurren en su vida cotidiana, comenzando por el amor o el desamor, la esperanza y la fe. Y es sencilla de tararear. O como decía un viejo amigo allá lejos y hace tiempo: “Vos no podés ir por la calle silbando un tema de Emerson, Lake and Palmer y acordártelo entero”. Una gran verdad.

El final del concierto

El resto del show de anoche fue un gran encadenamiento de éxitos de Solís. Desde No puedo olvidarla, Cuando te acuerdes de mi, Invéntame y A dónde vamos a parar hasta verdaderos himnos como la cumbia Más que tu amigo o el bis final con ¿Dónde estará mi primavera?, del disco Más de mi alma (2001).

Marco Antonio Solís aún tiene tres fechas en Argentina por delante. Los días 28 y 30 de octubre en el mismo MoviStar Arena y el 4 de noviembre en el estadio Boca Unidos de Corrientes. Excelente oportunidad para disfrutar de una música sin tiempo que apela a las emociones elementales. Vamos, que no todo es Radiohead en esta vida.

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