“La persona verdaderamente virtuosa es aquella que posee un perfecto dominio de sí misma y cuyas pasiones nunca superan el límite que el espectador imparcial puede aprobar”.
Adam Smith, La teoría de los sentimientos morales.
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1. Conviene mirar los discursos de Javier Milei como si fueran una brújula imantada: cuando en la voz del Presidente aparece un tema, debería ver que allí hay una voluntad, un norte. Pero ese norte aparece extraviado, con otro rubro. En poco tiempo, la palabra oficial aludió a “inflación” o “desocupación”, por usar un par de ejemplos. Pero lo hizo en su peor momento de performance en cuanto a esos temas. Lo mismo la reducción supuesta de la pobreza. Lejos de la tradición matemática, del rigor, el dato es para el oficialismo una herramienta política, un elemento de la propaganda. Si Milei dice que la inflación tiende a cero, mostrando el índice mayorista, una mirada cuidadosa debería prestar atención a su suba. Hay algo sintomático en el procedimiento: el Gobierno llama a hacer foco allí donde tiene mayores problemas. También hay algo infantil en el método. Pero también algo útil para el análisis: los temas más relevantes aparecen casi siempre anticipados por el Presidente
2. Marzo comenzó con una enunciación que no estaba en el debate público. En el contexto de una pelea muy poco apegada a las formas, de insultos y cambios de entonación en la voz, el Presidente dijo en el Parlamento que los últimos años de su gestión estarían regidos por el paradigma de que “la moral sería política de Estado”. Se anticipó a lo que hoy está en el centro: la moral del entorno del Presidente, su propia moral, es el tema en cuestión.
3. No hay que confundirse: la moral de Manuel Adorni o la de Mauricio Novelli, como la José Luis Espert, como la de Diego Spagnuolo, es la de gran parte de la biografía de Javier Milei. Son sus amigos, su ambiente, la gente con la que se movía. Ese era su entorno en el momento en que llegó a la presidencia y solo un acto de fe podría hacer pensar que cambió en el ejercicio del poder. Aquellos eran sus colegas, sus confidentes, sus jefes eventuales, sus compañeros de ruta. Pensar que aquello cambió por una afirmación al respecto es tener demasiada fe en palabras que fueron empeñadas sin saldarse más de una vez. También aquí cabe la pregunta por la sociedad que creyó en que podría ser distinto.
4. Javier Milei, en más de un reportaje, antes de asumir, siendo candidato, habló de moral. Lo hizo refiriéndose a su hermana, la secretaria general de la Presidencia. Para el Presidente, Karina es “su límite moral” ante una supuesta tentación de ir por el mal camino que se le aparecía en su trayectoria. Los audios de Mauricio Novelli hablan de la labilidad de tal límite.
5. Hablamos anteriormente de la diferencia que podríamos llamar académica, entre ética y moral. Sostuvimos que una política debiera sustentarse más en una ética, un conjunto de razones, que en una moral (https://www.perfil.com/noticias/columnistas/hay-2027-pero-lo-que-faltan-son-candidatos-por-pablo-helman.phtml). Un constitucionalista prestigiosísimo nos contestó en privado ante la aparición de la columna lo siguiente. Omitimos su nombre por ser un mensaje privado: “Nuestra Constitución contiene un artículo decisivo, el 19, que establece: ‘Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están solo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados’. Desde hace más de ciento sesenta años los constitucionalistas discutimos qué debe entenderse por ‘moral pública’. Más allá de las distintas interpretaciones, lo que hoy parece evidente es que, a la luz del apoyo social que todavía conserva Milei, la moral pública prevaleciente ha sufrido una mutación profunda: se toleran –e incluso se celebran– conductas y discursos que resultan abiertamente lesivos para las personas y para las instituciones”.
6. El problema es lo que podría sintetizarse en un concepto arraigado: lo que en otro momento se llamó el “roban, pero hacen”. Bajaste la inflación, por lo tanto te perdono todo. Algo que en el pasado terminó colapsando contra la realidad. Aún estamos lejos de haber probado que existan delitos, aunque es obvio que los datos conocidos son comprometedores. ¿La sociedad que ungió a los hermanos Milei está dispuesta a aceptar ese pacto? ¿No estaremos ante una nueva “cena de Olivos” trastocada en “alta coimera” con ritmo de Guantanamera o ante un “fin de semana en Punta del Este” que, parafraseando a Alberto Fernández, “no debió haber sucedido”?
7. Javier Milei habló de Adam Smith. Y en su modalidad de hacer explícito lo que debiera dudarse, contó de las reflexiones morales del padre del liberalismo, brindando una curiosa interpretación. “Hoy quiero describir las contribuciones de Adam Smith que tienen consecuencia directa sobre nuestras políticas públicas, nuestras políticas de Estado. Recientemente hablé de la moral como política de Estado y cuando uno revisa toda la obra de Adam Smith nos damos cuenta de que eso ya estaba inventado, nada más que lo vimos de otra manera y en otro formato. Está implícito en la forma en que aborda los temas”.
8.Smith fue profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow, y su obra La teoría de los sentimientos morales (1759) fue la base de su pensamiento, publicada 17 años antes que La riqueza de las naciones. El economista Marcelo Ramal, desde una mirada de izquierda, escribió: “En cuanto a Javier Milei, su foja académica consiste en la enseñanza de maniobras financieras por internet, en la turbia escuela de especuladores regenteada por su amigo Novelli. Allí, Milei explicaba (¿o explica?) el deporte preferido de la claque libertaria: cómo vivir sin trabajar, o mejor dicho, del trabajo de otros, explotando las oscilaciones de la gigantesca masa de capital ficticio que ronda por la economía mundial –por caso, con las criptomonedas–. Los beneficios de las bitcoins o los títulos de deuda pública no son un ‘premio futuro por sacrificar consumos presentes’, como dicen los economistas que Milei ha leído en las solapas de libros. El interés financiero es una detracción de la ganancia del capital industrial, es decir, del trabajo no retribuido a los obreros”.
9. La palabra moral, sobre todo la moral como política individual de quienes detentan el Estado, ocupa un lugar clave. Cumplir con las reglas, en otras palabras. Tener un código, uno muy diferente de los “códigos” de los que se habla en ambientes como el del fútbol. Y aun mucho más en tiempos en los que el supuesto “roban, pero hacen” puede cristalizarse en un “roban, pero deshacen”. Allí es cuando la sociedad se pone más atenta a lo difícil de sostener.
