miércoles, 4 marzo, 2026
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Gradicom: el misil militar desarrollado por Argentina que devuelve al país a la carrera armamentística

El misil experimental de Argentina que pone a América Latina en la órbita militar tecnológica. Ese desarrollo no sólo reactiva una línea de investigación que estuvo congelada durante años, sino que también vuelve a instalar al país en una conversación estratégica que combina defensa, ciencia y autonomía industrial.

Es la evidencia de que Argentina puede reconstruir la base tecnológica para mirar más allá de su cielo, desafiando su propia historia. Con esa premisa como telón de fondo, el programa Gradicom se convirtió en uno de los hitos más relevantes dentro del ecosistema científico-militar nacional, en un contexto regional donde la mayoría de los países depende de tecnología importada para sus sistemas estratégicos.

En el entramado tecnológico argentino existe una iniciativa que concentra la atención de especialistas y observadores de toda América Latina. Se trata de Gradicom, una familia de vectores coheteriles concebidos y fabricados en el país con un horizonte que supera el uso estrictamente experimental. La propuesta no sólo apunta a validar motores y materiales, sino también a recuperar capacidades críticas vinculadas al desarrollo de misiles y cohetes de mediano alcance.

El plan está encabezado por el Centro de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF), organismo dependiente del Ministerio de Defensa de la Nación Argentina, y marca el retorno formal de Argentina a la investigación y producción de vectores propios tras más de veinte años de interrupción en este campo. Para los expertos, el dato no es menor: la interrupción de programas misilísticos en los años noventa había dejado al país fuera de una carrera tecnológica en la que hoy participan activamente potencias y economías emergentes.

La denominación GRAdes DIMensiones COMpuestos, más conocida como Gradicom, hace referencia directa al corazón del sistema: un motor de combustible sólido de gran tamaño, íntegramente diseñado por científicos e ingenieros argentinos. Ese propulsor, sometido a distintas pruebas estáticas y dinámicas, logró superar ensayos clave que validaron tanto su empuje como su estabilidad estructural, dos variables centrales en cualquier desarrollo aeroespacial.

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