La celeridad con que el Gobierno salió a auxiliar el frente vitícola marca la profundidad de la crisis que atraviesa el sector por la abrupta caída del consumo de vino, que es global y nacional pero en Catamarca tiene algunas singularidades.
La producción vitivínicola provincial experimentó una evidente transformación en los últimos años, con la multiplicación de emprendimientos y una saludable vocación por insertarse en los mercados mejorando la calidad del producto y su visibilidad. La crisis golpea a los productores locales en una etapa aún incipiente de desarrollo, cuando todavía la mayoría de ellos carece de recursos para sortearla. La vitivinicultura catamarqueña tiene un potencial importante, pero aún no está lo suficientemente consolidada.
El primer movimiento del Gobierno fue un subsidio al precio de la uva para mosto que finalmente será de 50 pesos por kilo, lo que implica que los productores recibirían 170. El fondo total es de 400 millones de pesos y será administrado por la AICAT.
Atiende el frente más urgido, porque con las bodegas sobreestoqueadas, el precio que se ofrece al productor primario es, en términos reales, inferior al de la temporada pasada.
El de las bodegas es un panorama más complejo, porque no tienen los mismos márgenes de las de otras provincias para reducir precios. Vinos de alta gama muy instalados en la consideración pública que tenían un alto precio, por calidad y marketing, se pueden conseguir ahora mucho más baratos.
El declive del consumo de vino se acelera y las perspectivas de que la inercia se revierta son escasas. Según los datos consolidados del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), al cierre de 2025 la Argentina perforó un piso psicológico y estadístico: 15,77 litros por persona. Es la cifra más baja desde que se tiene registro. Para dimensionar el perjuicio, basta recordar que en los años ‘70 el promedio per cápita superaba los 90 litros y en 2006 era de 29.
Solo entre 2024 y 2025, el mercado interno se achicó en más de 20 millones de litros.
En 2025, el consumo de vino en la Argentina se desplomó a niveles sin precedentes históricos: apenas 15,5 litros per cápita anuales En 2025, el consumo de vino en la Argentina se desplomó a niveles sin precedentes históricos: apenas 15,5 litros per cápita anuales
La tendencia negativa se arrastra desde 2020, el último año positivo para el sector, cuando el país estaba en plena pandemia. Desde entonces, las caídas fueron consecutivas: 11,1% en 2021, 1,3% en 2022, 6,3% en 2023 y 1,2% en 2024.
Si bien en el último año algunos segmentos mostraron leves crecimientos, esto no evitó el descalabro generalizado. Los vinos varietales aumentaron 3,4% y representan el 31,5% del mercado. Sin embargo, no alcanzaron para compensar el desplome de los vinos sin mención varietal, que cayeron 5,2% y concentran el 68% del consumo total.
«El mercado interno sostiene entre el 70 y el 75% de la actividad. Las bodegas ajustaron precios y estrategias incluso en detrimento de la rentabilidad», advirtió Mario González, presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar).
Las exportaciones del año pasado fueron las más bajas de las últimas dos décadas. Totalizaron USD 661 millones, con una caída del 7,2% respecto de 2024. Se trata del nivel más bajo en 20 años.
«Más que un problema productivo, la vitivinicultura enfrenta hoy una crisis de colocación, márgenes y financiamiento, que atraviesa a toda la cadena de valor, desde productores primarios hasta grandes elaboradores».
Las causas del fenómeno son múltiples, pero las más gravitantes tienen que ver con el cambio de hábitos.
El vino ha sido desplazado de la mesa cotidiana y, en el marco de las tendencias hacia una vida más saludable, las nuevas generaciones prefieren bebidas de menor graduación, más ligeras.
La implementación de la tolerancia cero al volante en la mayoría de las provincias argentinas impactó directamente en el consumo en restaurantes y eventos sociales y otras bebidas han ganado terreno por precio o por ser percibidas como más «fáciles» de tomar en contextos informales.
