martes, 13 enero, 2026
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Costo silencioso pero profundo

El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) acaba de publicar un informe cuantificando la agresión verbal como eje central de la comunicación presidencial. El reporte señala que, entre el 10 de diciembre de 2023 -cuando Javier Milei asumió la Presidencia- y el 15 de septiembre último, el mandatario publicó más de 110.000 mensajes en la red social X. Dentro de ese volumen, al menos 16.899 contienen insultos, descalificaciones o expresiones abiertamente estigmatizantes.

El dato impresiona, pero también es inquietante lo que el trabajo revela sobre la dinámica cotidiana del poder. El promedio supera los 175 mensajes diarios, una frecuencia difícil de conciliar con las exigencias propias de la función presidencial. En términos comparativos, todo indica que Milei se ha convertido en el jefe de Estado con mayor presencia -y mayor hiperactividad- en el mundo virtual a escala global.

FOPEA añade otro elemento que merece atención: uno de cada siete posteos del Presidente incluye expresiones insultantes dirigidas a personas, empresas o instituciones. No se trata de episodios aislados ni de reacciones esporádicas, sino de una práctica sostenida que alcanza a actores clave del sistema democrático.

La violencia digital induce, en muchos usuarios -incluidos referentes con larga trayectoria pública-, la autocensura como mecanismo de defensa La violencia digital induce, en muchos usuarios -incluidos referentes con larga trayectoria pública-, la autocensura como mecanismo de defensa

“La llegada de Javier Milei a la arena pública, primero como panelista televisivo y líder de opinión, luego como diputado nacional y finalmente como presidente, marcó el inicio de una forma de comunicación plagada de insultos hacia quien piensa diferente”, se lee en el escrito. Lejos de moderarse con el acceso al poder, ese estilo se consolidó y se amplificó desde la investidura presidencial.

Sería un error, sin embargo, reducir el fenómeno a la figura del propio Milei. El ecosistema digital que lo acompaña exhibe niveles de agresividad aún mayores. Buena parte de sus seguidores actúa con una virulencia que no solo no es cuestionada, sino que parece ser estimulada por los retuits del Presidente. En ese circuito, la violencia simbólica funciona como moneda de reconocimiento y pertenencia.

A ese cuadro se suma el papel de la plataforma. X parece favorecer la lógica del agravio, potenciando los contenidos más extremos y relegando cualquier intento de intercambio racional. El informe de FOPEA lo sintetiza con una advertencia que trasciende el caso argentino: “Cuando el insulto se vuelve estrategia y el algoritmo lo premia, el debate público se degrada, crece la autocensura y se apagan voces”.

La violencia digital induce, en muchos usuarios -incluidos referentes con larga trayectoria pública-, la autocensura como mecanismo de defensa. Callar para no ser hostigado. Retirarse para no convertirse en blanco de campañas de desprestigio. Es un costo silencioso, pero profundo, para la calidad del debate democrático.

El aspecto más grave del informe, no obstante, reside en la elección de los blancos. Al menos 44 comunicadores fueron atacados directamente por el Presidente, junto con numerosos medios de comunicación. Cuando el poder político señala a periodistas como enemigos, no sólo deteriora el clima de discusión pública, sino que también afecta de manera directa la libertad de prensa. Y sin libertad de prensa, la democracia se vacía de contenido.

La naturalización de la violencia discursiva desde el máximo cargo del Estado es un dato que debería encender todas las alarmas.

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