martes, 13 enero, 2026
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Saludos de los mandriles

En un lamentable alarde de ingratitud, el Gobierno nacional se abstuvo de destacar las significativas contribuciones de Pablo Agüero a la batalla cultural que con tanto empeño llevan adelante las tropas libertarias.

La omisión resulta extraña. A falta de resultados, si por algo merecerá ser recordado el paso del sujeto al frente de la delegación local de la ANSES es por sus incursiones poéticas en las redes sociales, ámbito en el que ojalá continúe desplegando su talento. No abundan estadistas con capacidad similar a la suya para resumir en una frase la infinitud de la estupidez humana. “Saludos, mandriles catuchos”: apenas tres palabras le bastaron para exponer su menesterosa catadura, en un autorretrato de soberbia y miseria que será arduo empardar.

Es una pena que tamaña competencia literaria no se tradujera en solvencia de gestión. Agüero ha sido despedido de la ANSES por no alcanzar los objetivos que tenía como funcionario. Si no lo echaron antes fue para evitar ruidos inconvenientes en la campaña electoral. Cae como jerarca, repudiado por los empleados de la repartición que debieron padecer sus ínfulas y maltratos durante dos años.

Como ni una sola voz libertaria salió a defender su desempeño, se ocupó él mismo de la tarea. Según dijo, su salida obedeció a una decisión personal para dedicarse de lleno al proyecto del “Consejo de la Libertad”, un grupo integrado por representantes de todas las provincias creado por decreto el 5 de agosto del año pasado.

«Saludos, mandriles catuchos»: tres palabras para un acabado autorretrato de soberbia, estupidez y miseria «Saludos, mandriles catuchos»: tres palabras para un acabado autorretrato de soberbia, estupidez y miseria

“No puedo tener dos funciones. Poder salir del cargo para llevar adelante el Consejo de la Libertad me parece un mejor lugar que estar detrás de una escritorio”, explicó. Su ingreso al Consejo responde a un pedido del presidente Javier Milei, aseveró. No iba a desperdiciar el Gobierno nacional semejante luminaria en un oscuro despacho provinciano.

En un primer momento, reveló ya embalado en el autopanegírico, iba a ocupar la Gerencia Regional de la ANSES, pero decidió generosamente ceder el puesto a Myriam Juárez. Cuánta humildad.

En cuanto a las insidiosas versiones que atribuyeron su desplazamiento a los disparates que propalaba y a las quejas del personal del organismo por sus abusos y destratos, plasmadas en notas de las dos organizaciones sindicales, evaluó que se despide del organismo después de haber concretado una gestión muy buena y con el reconocimiento de los trabajadores.

“Nunca vimos un jefe como usted que se preocupe tanto por las personas”, dice que le dijeron, ya que resultó imposible encontrar alguna manifestación de tan entrañable tenor, o alguien que lamentara su eyección del organismo. Tampoco han circulado imágenes o noticias de despedidas como las que asegura haber recibido, que son típicas, por otro lado, cuando cualquier persona deja un puesto.

A esta altura es difícil saber si Agüero es o se hace. Quizás está realmente convencido de ser un prodigio superior al común de los mortales y por eso incurre en la mitomanía sistemática.

Lo real y cierto es que supuso que los agravios a los “mandriles catuchos” y las permanentes alcahueterías lo posicionarían para que las Fuerzas del Cielo impusieran su candidatura a la cabeza de la lista de diputados nacionales en las últimas elecciones, pero dos años de despropósitos entre los que se destacó una denuncia por malversar fondos de la campaña libertaria 2023 lo devaluaron al punto de no servir de ni para administrador de un consorcio. Y como fracasó en su intento, se dedicó durante la campaña a desacreditar y hostilizar a los propios candidatos y dirigentes libertarios, que se las arreglaron bastante bien sin él. A cinco meses de su célebre posteo, los “mandriles catuchos” le retribuyen el saludo, muy afectuosamente.

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