sábado, 30 agosto, 2025
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El PJ cierra campaña en el Senado

La política llega a la región más transparente del país, que son las elecciones en la provincia de Buenos Aires del próximo domingo 7 de septiembre. Esos comicios deciden el destino de todos: quien pierde, muere; quien gana, al menos sobrevive.

El peronismo tejió durante el fin de semana el cuórum para montar el jueves un escenario de cierre nacional de estas elecciones en una sesión del Senado.

Cristina de Kirchner conversó con José Mayans sobre los detalles de la sesión, con el objetivo de desmontar el veto a la ley de emergencia de discapacidad y aprobar un proyecto que ya tiene un dictamen que limita la capacidad del Poder Ejecutivo para dictar Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU).

La iniciativa cuenta con el apoyo de todos los bloques de la oposición. El proyecto está en manos de la senadora Alejandra Vigo, pero también lo apoyan el senador Juan Carlos Romero, coordinador de la mayoría no peronista, y los dos bloques del peronismo que conduce Mayans.

La idea es prevenir que el gobierno aumente su número en el Congreso y avance en la intención de alcanzar el tercio para vetar, una facultad que hoy no tiene. Con esa sesión del jueves, el peronismo hará su cierre de las elecciones bonaerenses, donde todos los sectores del peronismo se juegan la vida.

Esta no es columna de casos policiales

Pero los hechos justifican una incursión en el género amarillista que tiñe hoy a la política, con un par de apuntes para la compensación.

1. Destapar en público en una sesión del Congreso los nombres de los espías de la Casa de Gobierno no es solo un ajuste de cuentas en la interna oficial. Es una penetración, ay, en el corazón del poder de un gobierno que se precia de ser un aliado preferencial de los Estados Unidos que será aprovechado por terceros países. Este deschave doméstico puede entenderse como un misil que viene de los adversarios de los EE.UU. en la región y en Europa del Este. En la jerga de los espías, revelar agentes se llama “blowing a cover”, deschavar al espía para sacarlo de la cancha. Un golpe maestro.

2. Que los diputados del oficialismo se levanten de la comisión que investiga el CriptoGate deja a Milei y su entorno en un estado de máxima indefensión. Si querían proteger al presidente y a su hermana, deberían haberse quedado o volver antes de que sea tarde a la comisión y actuar, no dejarlos a merced de la oposición en una investigación que ya en la justicia los compromete.

3. La punta del ovillo de la trama de coimas en la provisión de medicamentos tampoco está en la política. Está en la reacción de laboratorios y droguerías, a los que el gobierno les debe pagos —como a otros proveedores— y por haber quedado afuera en la integración de una nueva mesa de gerenciamiento de ese negocio. Además, es una trama que se anota en la guerra global del tráfico de sustancias prohibidas, sobre el cual “tocó pito” la embajada de los EE.UU. en la Argentina, al decir de alguien familiarizado con el tema.

Perder, o el peso de la noche

Axel Kicillof se juega su aventura presidencial e impuso la provincialización extrema de estos comicios. Al punto de lo simbólico: este fin de semana sus punteros fatigaban las calles en La Plata para buscar un local donde instalar el bunker de la alianza Fuerza Patria para la noche del domingo. Rompe la tradición de que ese bunker se instalaba en la Capital Federal.

Contradijo el rechazo del desacople de fechas de Cristina de Kirchner y de Javier Milei, que exigían que se mantuviera la fecha única. La cautiva de la calle San José declinó la pelea porque sabe que la división interna en una elección es un seguro de derrota. Casi sin hablarse se repartieron las fechas.

Septiembre es el turno de Axel, octubre es el turno de Cristina. Por eso esta semana de campaña ingresa en la región más transparente de la política. Es la frase que usó el escritor Alfonso Reyes (“Visión de Anáhuac 1519”) al describir el valle de México con el que se encontraron los españoles en el siglo XVI. La derrota, para emplear otra frase que usaron los mexicas que los recibieron, es como “el peso de la noche” (“Visión de los vencidos”). Es lo que se cierne sobre quien pierda el domingo 7 en Buenos Aires.

Una historia de derrotas

El turno electoral de medio término nunca le ha sido fácil al pejotismo. Perdió en 2009 con Francisco de Narváez, en 2013 con Sergio Massa, en 2017 con Esteban Bullrich/Graciela Ocaña y en 2021 con Diego Santilli.

No era cuestión de candidatos porque los perdedores en el peronismo eran las estrellas del momento, respectivamente Néstor Kirchner, Martín Insaurralde, Cristina de Kirchner y Victoria Tolosa Paz.

Esos resultados explican una constante de las elecciones nacionales: el no pejotismo, cuando encuentra un programa, un factor de unidad y un liderazgo o un candidato que lo represente, le gana al pejotismo. Es otra prueba de una verdad general: las elecciones no las deciden los candidatos sino los electorados que definen el voto, que es una decisión multicausal.

Ocurrió cuatro veces en los últimos 40 años, 1983, 1999 y 2015 y 2023 con la serie Alfonsín, De la Rúa, Macri y Milei. Axel Kicillof, que retiene el territorio más grande de la Argentina en representación de un peronismo que ha perdido el control territorial, que tenía desde su nacimiento, entendió estas verdades que muestra la historia y arrastró a su fuerza a un desacople de las fechas electorales.

La oposición pulverizada

El adelantamiento de la fecha respecto de las nacionales del 26 de octubre produjo una pulverización de la representación electoral del no pejotismo.

En la percepción del gobernador, si las elecciones iban unificadas en octubre, la UCR y el PRO del distrito estarían forzados a fusionarse en las listas de mileísmo, que los asusta con la leyenda de que con su marca ganan cualquier elección – una presunción hasta ahora no demostrada en anteriores elecciones provinciales-.

Esa pulverización beneficia al peronismo porque hay secciones en donde el PRO o la UCR han inscripto frentes locales, ligados a intendentes, sin alianza con La Libertad Avanza. La pulverización también afecta las chances del mileísmo.

Kicillof reaccionó con un gesto de autodefensa básico: si sus adversarios, Cristina y Milei, pedían unificación, estaba obligado a jugar la carta contraria: el desacople. Ni el mileísmo ni el peronismo se animaban este fin de semana a apostar en serio por un resultado claro.

Los amenaza el fantasma de la abstención que ha afectado a otras elecciones provinciales. Si vota menos gente, los grandes aparatos partidarios son más eficientes.

Una narrativa también pulverizada

A los protagonistas les costará instalar una narrativa de triunfo o derrota en unas elecciones que se reparten en ocho secciones con una democracia política muy variada. Hay distritos donde el peronismo ya festeja, como la 3ª Sección Electoral, y otros en los que el no peronismo confía en ganar, como la 4ª.

El crecimiento de terceras fuerzas, como en la 2ª, hace más incierto el pronóstico, porque rompe la polarización que impone el discurso mediático destilado desde los medios nacionales hacia la periferia.

La debilidad de los partidos políticos y el festival de oportunismo – y hasta de transfuguismo – impiden que se construya una narrativa aceptada por todos.

Festejarán quienes saquen más votos y más legisladores provinciales, pero también quienes ganen en cada sección electoral. Esos fenómenos locales impiden sacar conclusiones generales.

Si el peronismo gana en esas compulsas —secciones, votos, candidatos—, Axel Kicillof probará que su estrategia de desacople era acertada. Si pierde, deberá preparar el carry-on para retirarse de la pelea presidencial.

Insinceridades peronistas

Las campañas son un festival de mentiras dichas con sinceridad (diría Alejandro Dolina). La insinceridad es, además, un ingrediente de toda alianza política. Cristina de Kirchner se resignó al desacople de Axel, pero sigue insistiendo en hostigar al gobernador con apariciones de su hijo Máximo y sus críticas inoportunas.

Axel ensaya gestos de amistad como recibir a Jorge Taiana, candidato a diputado nacional en octubre, en actos en Ensenada y La Plata. Axel propuso a Taiana como candidato, eligiendo entre figuras que se identifican más con Cristina que con él.

Acaso el hostigamiento del kirchnerismo de Máximo obedece a un deseo inconfesable: que Axel pierda las elecciones y ponerle el último clavo a su féretro como candidato a presidente. El proyecto de Kicillof irrita a otros sectores. El miércoles pasado, el exministro Julián Domínguez, que no es un kirchnerista, compartió una comida en la residencia del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, con exfuncionarios y profesionales ligados al sector agropecuario.

Era el cierre de un evento de promoción de la actividad agropecuaria organizado por el consejo del PJ Nacional, partido que preside Cristina. En esa cena, Julián le aconsejó a Quintela que recorriera el país como candidato a presidente en 2027 porque, dijo, “Axel no va a llegar”.

En la intimidad del encuentro, explicó por qué él cree que el camino de Axel será corto. Sabe de qué habla, porque él se enfrentó al kirchnerismo en las PASO de 2015 contra Aníbal Fernández. Fue otro bumerán: por no acordar con sinceridad, Julián perdió las PASO, pero tampoco Aníbal pudo ser gobernador. Cristina lo hizo.

Insinceridades no peronistas

La insinceridad salpica este tipo de conductas. El gobernador de Corrientes Gustavo Valdés se interesó en que Mauricio Macri, como presidente del PRO, lo acompañe en los festejos que espera hacer este domingo si su hermano Juan Pablo gana las elecciones.

El PRO integra el frente oficialista Vamos Corrientes que compite con La Libertad Avanza, sello del mileísmo. Ya lograron que en el cierre estuvieran Maxi Pullaro, Nacho Torres, Leandro Zdero (aliado de LLA en el Chaco), Carlos Sadir y Juan Schiaretti. Seguramente Mauricio iría si Valdés gana en la primera vuelta.

Sin embargo, aparecer en el escenario correntino podría quitarle sinceridad a la alianza que tiene en muchos circuitos de la provincia de Buenos Aires el PRO y La Libertad Avanza (LLA) para el próximo domingo y para el 26 de octubre.

El bumerán del adelantamiento

Hay un tipo de apuestas, montadas al margen de las rutinas convencionales, que pueden convertirse en un bumerán. En 2009, el gobierno de Cristina Kirchner argumentó que la crisis internacional aconsejaba un adelantamiento de las elecciones. Esa misma emergencia movió a funcionarios como Daniel Scioli y Sergio Massa a anotarse como candidatos en una lista encabezada por Néstor Kirchner.

Perdieron mal, frente a un aficionado como Francisco de Narváez. Este empresario, uno de los pocos que le ha sacado votos a la plata, surfeó sobre la ola de rechazo al kirchnerismo que se había enfrentado a la burguesía en el conflicto por la 125, y se quedó con la victoria.

El intento demostró que la estrategia había sido descabellada y negativa para sus promotores. Otro memorable bumerán fue la decisión de Ramón Mestre de adelantar las elecciones en Córdoba en 1998. Creyó que podía ganarle a José Manuel de la Sota la gobernación de la provincia.

Para sumar a ese ardid aisló los comicios de los de intendentes. De la Sota, en cambio, armó una liga de intendentes y tuvo el apoyo del gobierno de Carlos Menem. Ese año, el PJ de Córdoba, que presidía De la Sota, obtuvo una cautelar del juez federal Ricardo Bustos Fierro para que Menem fuera candidato a una tercera reelección.

El atajo resultó un fracaso para Mestre, que perdió unas elecciones que todos creían que tenía ya ganadas. Otra lección sobre alquimias electorales.

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