La encíclica Magnifica Humanitas, publicada por el Papa León XIV, aborda la relación entre la tecnología y el progreso humano, y señala que el desarrollo tecnológico no debe quedar subordinado a la eficiencia, la rentabilidad o la acumulación de poder.
La reciente encíclica Magnifica Humanitas, del Papa León XIV, aborda el tema de la relación entre la tecnología y el progreso humano. En el documento, el pontífice se refiere a la Inteligencia Artificial y reconoce sus posibilidades y beneficios, pero también realiza advertencias sobre los riesgos de que el desarrollo tecnológico quede subordinado exclusivamente a la eficiencia, la rentabilidad o la acumulación de poder.
El Papa sostiene que la concentración de datos, plataformas, infraestructura informática y capacidad de procesamiento en un número reducido de grandes empresas favorece nuevas dependencias, exclusiones y desigualdades. Según el texto, la inteligencia artificial no debería convertirse en promotora de una desigualdad global en la que unos pocos países y corporaciones definan las condiciones del futuro mientras la mayoría queda reducida al papel de consumidora de tecnologías diseñadas en otros lugares.
La encíclica indica que la tecnología es progreso cuando amplía las posibilidades de las personas y de los pueblos. Si incrementa la riqueza y el poder de unos pocos mientras precariza al resto, habrá innovación, pero no necesariamente progreso. El documento plantea que, en lugar de preguntar cuántos puestos de trabajo podrá reemplazar la inteligencia artificial, corresponde reflexionar sobre cuántos empleos dignos podrá crear, cuánto podrá mejorar las condiciones laborales y de qué manera permitirá que las personas trabajen con mayor productividad y menor exposición a tareas penosas, peligrosas o repetitivas.
Magnifica Humanitas sostiene que el trabajo no puede ser considerado un simple costo que debe reducirse para aumentar la rentabilidad, sino una dimensión de la dignidad humana. El Papa advierte que el desempleo masivo producido o agravado por la digitalización podría convertirse en una calamidad social.
El documento distingue entre dos usos de la tecnología: uno que elimina tareas peligrosas, reduce accidentes, mejora la productividad y permite a los trabajadores desarrollar actividades de mayor calificación; y otro que se utiliza exclusivamente para despedir trabajadores, reducir salarios y concentrar mayores beneficios en los accionistas. La diferencia, según la encíclica, está en las decisiones humanas que determinan para qué se utiliza la tecnología.
La discusión, según el documento, no debería plantearse entre tecnología y trabajo, sino entre una tecnología al servicio del ser humano y una tecnología que convierte al ser humano en un instrumento.
