La autora participó en el aniversario del Club de Lectura de La Singularidad del Libro y dialogó sobre su obra, su estilo y su vínculo con la tradición japonesa.
La escritora Alejandra Kamiya participó días atrás del aniversario del Club de Lectura de la librería La Singularidad del Libro, en un encuentro que giró en torno a su último libro de cuentos, La paciencia del agua sobre cada piedra. Durante la charla, la autora leyó un fragmento de su cuento “Los ensayos” y reflexionó sobre su proceso creativo.
Kamiya afirmó que no busca conmover al lector y que su escritura es exploratoria. “No busco conmover. Lo que ocurre es que a veces yo misma escribo, no sé si conmovida, pero sí movilizada”, señaló. También sostuvo que la lectura es “una conversación” y que el objetivo no es vender, sino invitar a “conversar sobre algunos temas que tal vez los puedan convocar”.
Consultada sobre la influencia de la tradición japonesa en su literatura, Kamiya indicó que no es una búsqueda consciente. “Yo misma después de haber escrito me fui dando cuenta y fui reconociendo rasgos orientales, más que nada japoneses”, declaró. Agregó que no intenta hacer “folclore” de eso y que su forma de escribir es intuitiva.
La autora también mencionó que está trabajando en un nuevo libro, por primera vez bajo un contrato editorial. “Empecé a escribir un libro sobre escritura que se está convirtiendo en un libro sobre mi padre”, explicó. Definió su proceso como “más cerca de la arqueología que de la arquitectura”, ya que no planifica sino que explora.
En cuanto a su preferencia por el cuento, Kamiya dijo que se siente cómoda con ese género y que le interesa “intentar contener la mayor cantidad de sentido en el espacio más pequeño posible”. Destacó que la corrección es un ejercicio que no padece, sino que le resulta “muy interesante espiritualmente”.
Alejandra Kamiya nació en Buenos Aires en 1966. Se formó en los talleres de Inés Fernández Moreno y Abelardo Castillo. Publicó varios libros y recibió premios como el Max Aub (España, 2010), el Horacio Quiroga (Uruguay, 2012) y el Premio Konex en cuentos (2024).
