El enfrentamiento entre el Papa León XIV y Donald Trump ha puesto a la mayoría de los estadounidenses del lado del pontífice, generando un debate sobre un posible renacimiento católico en un país de mayoría no católica.
El enfrentamiento entre el Papa León XIV y el presidente Donald Trump ha puesto a la mayoría de los estadounidenses del lado del pontífice, según diversas encuestas y análisis. Esto resulta notable en un país donde los católicos no son mayoría. La idea de un renacimiento católico en Estados Unidos podría ser más una proyección que un hecho, pero la reacción a estos enfrentamientos la ha hecho parecer más plausible.
Desde febrero, Trump ha emprendido una guerra contra Irán, poco elaborada en términos teóricos y crecientemente impopular, con amenazas de carácter genocida y silenciando objeciones mediante demostraciones de poder. Sin embargo, las críticas del obispo de Roma —la reprensión pública de León a esas amenazas como “una cuestión moral por el bien de toda la población”, y su plegaria por “la dignidad, la comprensión y el perdón” frente a la “ilusión de omnipotencia”— parecieron perforar la arrogancia del presidente e inspiraron a diversos sectores a expresar su descontento.
La Iglesia católica romana posee un vocabulario moral sólido que apela a algo más elevado que la realpolitik, y un punto de vista independiente que trasciende la política partidista. Con 2000 años de historia y 1400 millones de fieles, se sitúa al margen de las instituciones cotidianas y no puede ser capturada por temores políticos.
En tiempos más tranquilos, la religión puede parecer innecesaria. Pero el gran proyecto del liberalismo ya no cuenta con aceptación universal: el botín económico del capitalismo no es nuevo ni equitativo, la priorización del yo ha derivado en soledad y ansiedad, y las instituciones de gobierno han cedido autoridad. Una mezcla de confusión y nihilismo flota en el ambiente, y la inmanencia ya no parece bastar.
En estas condiciones, algún tipo de religión institucional parece estar lista para regresar. Sin embargo, el declive del cristianismo estadounidense ha sido constante: por cada converso a la Iglesia católica, entre ocho y doce la abandonan. Aun así, la fascinación por un posible resurgimiento católico persiste, especialmente en áreas urbanas y campus de élite.
