Claudio Ubeda está en una encrucijada de doble vía. Por un lado, su propia situación, complicada, limítrofe, con su carnet de DT de Boca que se vence todos los días, y se renueva hasta el que humor del Emperador Riquelme decida lo contrario.
La segunda encrucijada, en cambio, depende más de él, de su capacidad de trabajo, de sus decisiones que puedan influir, para bien, en el cojo rendimiento del equipo. Quedó claro, en el primer tiempo frente a Gimnasia de Mendoza en la Bombonera, que el triple cinco tiene certificado de defunción. Ante el Lobo mendocino, el Sifón puso a Ascacibar, Delgado y Alarcón, tres jugadores que se reparten una misma función (corte y primer pase), sin cambio de ritmo, ni velocidad. Y el resultado fue un equipo ofensivamente partido, disfuncional, condenado a los desbordes de Blanco, o alguna pelota al área para algún cabezazo de Bareiro.
El segundo tiempo, en ese sentido, marcó un cambio. Ubeda, es cierto obligado, rompió el esquema del triple cinco y le echó fútbol al fuego. Adentro Paredes (por Delgado), Zenón (por Alarcón), Herrera (por Ascacibar) y Aranda (por Janson). El equipo fue otro, más allá de que la frustración por no haber podido romper el cero tiñó de negatividad, también, el volantazo positivo del Sifón.
Paredes vuelve a ser titular en un medio repetido. (Prensa Boca)
En tal caso, el experimento del múltiple cinco tampoco funcionó en otros partidos. Ni contra Racing (puso cuatro: Belmonte, Alarcón, Delgado y Ascacibar), igual que contra Estudiantes (puso tres), al igual que contra Vélez, Platense, Riestra y Newell’s. Ganando o perdiendo, con mejor pie (cuando Herrera estuvo sano) o no tanto, el común denominador es que los problemas de elaboración y generación de situaciones se transformaron en endémicos.
Ante este panorama, está claro por dónde habría que ir. Mantener un doble cinco fijo (¿Paredes-Ascacibar?), con mediocampistas con más llegada por los costados, aunque puertas adentro se insiste en la continuidad del modelo, quizá porque el rival, Lanús, exige otra presencia en el medio.
La apuesta por el pibe Aranda
En ese sentido, había mucha expectativa en la práctica de la tarde, en la que Ubeda probó un eventual equipo titular para esta noche en la Fortaleza, y allí puso a Tomás Aranda, el pibe de 18 años, producto del Boca Predio, que deslumbró por su descaro, atrevimiento y habilidad en los partidos que le tocó entrar desde el banco, al punto que el mismo Paredes (otro de los que volverá desde el inicio) lo elogió.
Tomás Aranda se ganó un lugar. (Prensa Boca)
Al fin, el pibe tendrá la chance de jugar de entrada por primera vez. Ahora bien, ¿alcanza sólo con el ingreso de un revulsivo? Suena a poco, porque ese esquema ya lo sufrieron otros en esa soledad creativa, como Velasco, Ángel Romero y Lucas Janson para acompañar al doble nueve, que en este caso repetirá dupla con Merentiel y Bareiro.
Evidentemente, Ubeda cree que el equipo irá aceitando movimientos con el correr de los partidos, de otra manera no se entiende la insistencia en el triple cinco (otra vez con el trío Ascacibar, Paredes y Delgado). Si hasta la referencia del entrenador sobre en el último partido (“creamos al menos 10 situaciones de gol”) fueron casi todas en el segundo tiempo, cuando metió mano en el esquema.
Entonces, en la misma esquina se cruzan los destinos de Ubeda y Boca. En un partido de alto riesgo como implica visitar al campeón de la Recopa, con la ventaja de haber perdido a Rodrigo Castillo, su goleador y figura. Entonces, para Ubeda será ganar o sufrir, como le ha venido pasando en los últimos partidos, en los que juega finales sin ningún título en juego, con el único objetivo de sobrevivir, al menos un día más. Para Ubeda, es lo que hay. Levántate y Aranda…
El 11 de Boca para enfrentar a Lanús
Marchesin; Weigandt, Di Lollo, Costa, Blanco; Ascacibar, Paredes, Delgado; Aranda; Merentiel y Bareiro.
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