sábado, 14 febrero, 2026
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Pellets de hormonas: qué es y cuánto cuesta la barrita que se pusieron Burlando y otros famosos

“¿Qué tipo a los 60 años está así como yo?”, se jactó el abogado Fernando Burlando en una reciente entrevista con Clarín. Y enseguida reveló su secreto: hace unos años se implantó, con aval médico, lo que él describe como «una barrita de hormonas en un glúteo, que no es el chip sexual”. Su objetivo es mantener la plenitud de la juventud, sin resignar actividad física ni deseo sexual.

La declaración despertó curiosidad y comentarios, pero los especialistas aclaran que en medicina no existen “barritas” ni «chip». “Son implantes subcutáneos sólidos, fragmentos cilíndricos que se colocan en la grasa del glúteo o el abdomen. Se los llama pellets que liberan y vehiculizan un principio activo como testosterona, estrógenos o progesterona de manera gradual durante varios meses”, explica Adrián Gaspar, médico especialista en bienestar, calidad de vida y longevidad saludable, y director del posgrado de la UBA en esa área.

Estos implantes pueden colocarse tanto en hombres como en mujeres, siempre que exista una indicación médica. “Hoy vivimos un proceso de envejecimiento plagado de dolencias: dormimos mal, comemos procesados, somos sedentarios. Todo eso acelera la senescencia y hace que el cuerpo deje de producir de manera eficiente ciertas hormonas que nos dan energía, como la testosterona. En esos casos, los médicos la prescribimos, y los pellets son una de las formas más cómodas de administración. Pero siempre requieren diagnóstico y control médico previo”, concluye Gaspar.

Los especialistas subrayan que estos tratamientos solo se indican cuando está comprobada una deficiencia en la producción de hormonas. Los casos más frecuentes son la menopausia en las mujeres y la andropausia en los hombres, menos conocida y muchas veces invisibilizada.

Andropausia: el lado masculino del envejecimiento hormonal

La andropausia es el descenso progresivo de testosterona en los hombres, que suele comenzar a partir de los 45 años. A diferencia de la menopausia femenina —que implica el cese definitivo de la función ovárica—, en los varones la disminución hormonal es lenta y variable.

“En el hombre el descenso hormonal es más solapado que en la mujer: no hay un corte abrupto como la menopausia, pero sí un declive que se traduce en cansancio, falta de energía y pérdida de deseo sexual. La andropausia muchas veces pasa desapercibida, aunque los síntomas afectan la calidad de vida”, explica Gaspar.

Omar Marcelo Espinoza, jefe de la Sección de Piso Pélvico y Urología Funcional del Hospital Posadas, señala: “Muchos lo llaman andropausia, pero desde el punto de vista médico hablamos de déficit de testosterona de inicio tardío. No todos los hombres lo padecen, y muchos síntomas pueden tener otras causas, incluso factores metabólicos asociados al estilo de vida”.

Entre estos síntomas más frecuentes, se cuentan la disminución del deseo sexual y dificultades en la erección; irritabilidad, menor energía y cansancio; pérdida de masa muscular y ósea, y aumento de grasa abdominal; e insomnio y problemas de concentración.

El diagnóstico de la andropausia no se limita a los síntomas: requiere una historia clínica detallada, examen físico y análisis de laboratorio que midan testosterona total y biodisponible. A esto se suman controles prostáticos y estudios generales para descartar riesgos asociados. “Por eso no alcanza con cómo se siente el paciente: hacen falta estudios bien realizados, al menos dos mediciones matinales de testosterona, una evaluación clínica completa y análisis metabólicos”, enfatiza Espinoza.

Terapias hormonales: opciones y costos

Cuando los niveles de testosterona están bajos y los síntomas afectan la calidad de vida, los médicos pueden indicar terapia de reemplazo hormonal. Entre las opciones se encuentran:

  • Pellets subdérmicos: procedimiento ambulatorio, liberan testosterona durante 3 a 4 meses en mujeres y de 6 a 8 meses en hombres.
  • Geles o parches transdérmicos: aplicación diaria sobre la piel.
  • Inyecciones intramusculares: dosis periódicas cada 15 días o cada 3 meses, según el tipo.

Los costos varían según la presentación y la duración del tratamiento. Un mes de gel ronda entre $ 60.000 y $ 95.000, mientras que las inyecciones intramusculares van de $ 38.000 a $ 270.000 según la dosis. Los pellets son más caros y se expresan en dólares: entre US$ 1.000 y US$ 1.500 para hombres, y entre US$ 300 y US$ 400 para mujeres. A pesar de su valor, suelen ser los más elegidos por su practicidad y duración, siempre que el bolsillo del paciente lo permita.

Los beneficios reportados incluyen mejoras en el rendimiento sexual, aumento de masa muscular, mejor ánimo, concentración y densidad ósea. Sin embargo, también existen posibles efectos secundarios como acné o crecimiento de vello facial en mujeres, que se regulan adecuando la dosis.

“El pellet es cómodo porque el paciente se olvida durante meses. Pero no es mágico: para ganar masa muscular o mejorar energía, también hay que hacer actividad física, comer bien y dormir mejor. El balance hormonal es solo una parte del mapa de la longevidad saludable. Si el escenario del paciente no se corrige, el resultado no es el esperado”, advierte Gaspar.

Los especialistas remarcan que estos tratamientos requieren estudios clínicos previos y seguimiento estricto. No se recomiendan en hombres con patología prostática y siempre deben ser controlados por un urólogo o andrólogo, ya que la seguridad y eficacia depende de una evaluación médica cuidadosa.

Controversias médicas

El uso de pellets hormonales genera debate en la comunidad médica. “No forman parte del circuito de la industria farmacéutica, se preparan en farmacias bajo receta magistral. Por eso algunos médicos lo resisten, aunque tienen más de 50 años de uso y funcionan”, explica Gaspar. A esto se suma que no existen estudios clínicos masivos publicados por la industria: “La medicina basada en la evidencia pide ensayos sólidos, y acá no los hay. Pero la experiencia clínica muestra que funciona y que es seguro cuando está bien indicado”, sostiene.

Espinoza coincide en que el punto crítico no es el método, sino su uso indiscriminado: “Independientemente de la vía de administración, la terapia con testosterona requiere controles médicos periódicos. Cuando la indicación está bien puesta, los resultados suelen ser muy satisfactorios. La clave no está en la forma de administración, sino en un diagnóstico preciso”.

Qué pasa en las mujeres

La menopausia es un hecho puntual: la última menstruación, consecuencia del agotamiento de la reserva folicular ovárica. El climaterio, en cambio, es un período más amplio que marca la transición entre la edad adulta y la vejez, y puede extenderse por décadas.

Entre el 70% y el 80% de las mujeres atraviesan síntomas que van desde sofocos, insomnio y cambios de ánimo en el corto plazo, hasta atrofia urogenital en el mediano plazo y mayor riesgo cardiovascular y óseo en el largo plazo.

En este contexto, la terapia hormonal de la menopausia (THM) vuelve a ocupar un lugar central. “Estamos en un momento histórico para la terapia hormonal y las mujeres en menopausia”, afirma Mónica Ñañez, presidenta de la Asociación Argentina de Menopausia y Andropausia. La especialista destaca que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) eliminó las advertencias más severas en el etiquetado de estos productos, tras una revisión exhaustiva de la evidencia científica.

La reevaluación mostró que los riesgos iniciales estaban sobredimensionados y que los beneficios son claros cuando la terapia se inicia en la llamada “ventana de oportunidad”: antes de los 60 años o dentro de los 10 años posteriores a la menopausia.

“Los estudios señalan reducciones de hasta un 50% en el riesgo cardiovascular y de Alzheimer, menos fracturas óseas y una reducción de la mortalidad. Además de los estrógenos, la testosterona puede indicarse en mujeres con deseo sexual hipoactivo, mejorando la memoria, energía y masa muscular”, explica Ñañez, quien destaca que los pellets, cremas y geles son formas de administración siempre bajo control médico. “La terapia hormonal es un traje a medida, y el sastre es el ginecólogo especialista en climaterio”, resume.

Un debate abierto

La declaración de Burlando puso en agenda un tema que suele quedar en segundo plano: la salud hormonal masculina y el envejecimiento. Hace unos años, también el ex arquero Sergio Goycochea había contado que se colocó un implante. La andropausia es parte natural de ese proceso y no debería ser un tabú. Los tratamientos hormonales existen y pueden mejorar la calidad de vida, pero la clave está en el diagnóstico médico y el seguimiento profesional.

“Hoy un hombre de 60 años todavía tiene un tercio de su vida por delante. La longevidad saludable no depende solo de un implante: es un equilibrio entre hormonas, nutrición, ejercicio y descanso”, resume Gaspar. Desde la mirada femenina, Ñañez aporta que muchas mujeres vivirán más de un tercio de su vida en posmenopausia, y por eso resulta fundamental hablar de estas terapias con información científica y acompañamiento médico.

Maestría Clarín – Universidad de San Andrés

AS

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