domingo, 18 enero, 2026
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Ningún golpe de suerte

A Mario Carrizo el río no lo llamó de grande. Lo suyo no fue un pasatiempo de fin de semana para escapar de la rutina, sino una pasión que mantiene desde que tiene memoria. Pescador empedernido, barbero y empleado minero, también tiene tiempo para generar un contenido especial en las redes sociales que invita a tomar contacto con la vida en la naturaleza. A los 31 años, cumplió un sueño de toda su vida y se lo dedicó especialmente a su tío Edgardo, quien lo inició en el mundo de la pesca.

«Desde muy chiquito me dedico a esto. Son muchos factores los que se tienen que alinear; no es sólo tirar el anzuelo. Tenés que tener trayectoria, tenés que tener ‘cancha’, también tenés que hacer las cosas bien, respetar a los guías», explicó Mario en una charla con Revista Express. Aquel niño que esperaba ansioso que su tío Edgardo lo pasara a buscar para ir a pescar, hoy es el protagonista de una de las capturas más comentadas de la pesca deportiva regional y nacional, ocupando espacios en publicaciones prestigiosas como Weekend.

Es que la historia de Mario no se puede contar sin mencionar a Edgardo Carrizo, su tío y padrino. “Era un superhéroe”, contó Mario. De él aprendió los secretos de la práctica que hoy es su principal pasatiempo. «Mi mamá lo llamaba rogándole que me trajera, que tenía que ir a la escuela», recuerda Mario con una sonrisa nostálgica. «Pero yo ya estaba metido en el campo», se ríe.

Fue Edgardo quien le compró su primera caña. Esa complicidad forjó un destino y hoy Mario recuerda que de él aprendió los valores de la humildad y el respeto por el entorno, principios que lleva como estandarte cada vez que sube a una lancha. «Esas vivencias son únicas. Te vas adaptando a los equipos, que ahora son modernos, pero la esencia de estar ahí con el entorno se mantiene”, dijo.

La pesca deportiva de alto nivel es técnica pura, pero también es una lectura casi poética del ecosistema. Mario relató con la precisión de un cirujano cómo fue el día en que su vida deportiva cambió en Itatí, en el río Paraná. Fue el 5 de diciembre pasado. Esa mañana, el agua subió apenas cuatro centímetros, que para el ojo inexperto es un dato irrelevante; pero para el guía y el pescador avezado, fue la señal de que «el bicho grande» podía aparecer.

Mario estaba en la lancha con ‘Cali’, “el guía número uno de la zona”, según cuentan. Comenzaron picando el fondo. Es una técnica que requiere una sensibilidad extrema en la punta de la caña, en la que hay que sentir el plomo golpeando las piedras del lecho del río: cuando se deja de sentir está la magia. “O te enganchaste en una roca o un gigante acaba de morder. Bueno, hacé de cuenta que enganché una bolsa de cemento en el agua y traté de sacarla», graficó Mario. Ahí se encontró con un rival de fuste: un surubí que, según estimaron, pesaba más de 50 kilos. Quienes conocen personalmente a Mario, podrán imaginar que esta bestia de río casi igualaba el peso del propio pescador, que acusó “62 kilos en la balanza”.

La lucha fue una coreografía de fuerza y paciencia que duró 40 minutos. El equipo, un “tractor” moderno con multifilamento que aguanta 25 kilos de fuerza, y un carrete con 15 kilos de freno que estuvieron al límite de su resistencia.

«Segundo a segundo pensás que se corta, que se quiebra el equipo o que se engancha en una piedra. Es un bicho muy anhelado por muchos pescadores y esta vez, hicimos bien las cosas y se dio», explicó. El momento del «cañazo» fue crucial. La adrenalina de ver ese lomo emerger del agua fue algo que, según dijo, no se compara con ningún otro deporte, ni con el motocross (que también practica).

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Un pacto espiritual

Este es, quizás, el capítulo más íntimo de la historia. Su tío Edgardo falleció durante la pandemia y siempre había pedido que sus cenizas descansaran en el Paraná. En 2024 la familia cumplió una parte de su anhelo, pero Mario guardó una parte de sus cenizas. Y usó ese tesoro como herramienta para ayudar en esta aventura.

“Ya se me iba el colectivo y quedaban un poco de cenizas. Agarré una latita de esas de balines, las puse y me las llevé al Paraná. Antes de empezar la jornada, soplé un poquito de ceniza. Fue algo más espiritual. Le pedí que me diera una buena jornada, le dije que ya lo venía soñando, ya lo venía estudiando… ya se tenía que dar».

Cuando el surubí pintado gigante finalmente emergió, Mario no sólo vio un pez récord, vio la respuesta de su tío. Hay una foto de ese momento donde Mario mira al cielo, agradeciendo. «Ese trofeo es para él. Sentí que me dio la bendición en la hora mágica». Tras capturarlo, llevarlo a la orilla para las fotos y verificar su estado, Mario lo devolvió al agua. «A las 9.30 de la mañana le dije al guía: ‘Cali, ya está, no quiero pescar más. Ya estoy hecho por hoy'».

“Lo soñaba desde chiquito y los sueños son para cumplirlos. Hoy puedo decir que saqué el pescado de mis sueños… Aquí en Itatí, un lugar bello y con tremendo guía de la zona. Le insistimos muchísimo la jornada de ayer, no fue como esperábamos, pero hoy nos tocó viento a favor, Cali me decía: ‘se te va a dar, sólo tenés que insistir’, y así fue. Revertimos la pesca. Aparecieron dos grandes pescados soñados, tuve el privilegio de poder lucharlos, sentirlos y por supuesto, devolverlos con todo mi respeto y admiración a cada especie. Como siempre dije, todo esfuerzo y sacrificio tiene su recompensa. Me llevo un hermoso recuerdo a Catamarca”, contaría después en su perfil de Instagram: @aire_de_pesca

Pescador 2.0

Mario entendió que su pasión podía ser un puente de comunicación. Así nació su perfil en redes sociales, un espacio que comenzó casi por accidente para no aburrir a sus amigos personales con fotos de pesca y terminó convirtiéndose en una plataforma con miles de seguidores. «Me viralicé con un video en El Jumeal, donde llevaba dos carpas gigantes en bicicleta, y de ahí comenzó todo», contó.

Lejos de buscar el «like» fácil, su contenido evolucionó. Hoy, Mario se define como un comunicador de la pesca con devolución. «La etapa de sólo mostrar el pescado ya pasó. Ahora quiero ser más educativo», afirmó. Su meta para este 2026 es colaborar con biólogos y personal de Flora y Fauna de Catamarca para desmitificar creencias populares. Por ejemplo, defiende a la tararira: «Dicen que extermina al pejerrey y es mentira. Yo pesco en lagunas gigantes de Buenos Aires donde conviven perfectamente», explicó.

En sus redes, Mario usa su influencia para mostrar que la pesca es un motor económico. «En Corrientes, la pesca alimenta familias. Si no hay turistas, las cabañas no funcionan y el kiosquito de la esquina no vende. Es todo una cadena que acá en Catamarca todavía nos falta potenciar», reflexionó.

Esa misma vocación la trasladó a la organización de eventos, como el encuentro de pesca en el Dique de Sumampa que hizo en febrero de 2025, donde el requisito fue la devolución total y el ambiente familiar. Logró que emprendedores locales donaran desde dulces hasta vouchers de ropa para sortear entre los participantes. «Fue una fiesta. Había gente de la Municipalidad de Paclín y de Los Altos, y todos se fueron felices, desde el niño hasta el abuelo», valoró y anticipó que tiene previsto organizar un evento similar.

Hoy, Mario se emociona cuando su hija de 11 años maneja un equipo de pesca, o cuando su hijo de 6 años ya muestra puntería con la caña. Quiere que el amor por la naturaleza trascienda generaciones. «Si nosotros cuidamos, la generación que viene va a poder disfrutar de esto», reflexionó. «La pesca es un pasatiempo lindo, ayuda a la gente con ansiedad, une familias. Eso es lo que quiero transmitir”, explicó.

Texto: Peze Soria

Fotos: Gentileza Mario Carrizo

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