La nueva muestra del Museo de la Ciudad Casa Caravati, Raíces de Sol, de Bruno Ceballos, propone una experiencia sensible en la que la naturaleza no es tema ni escenario, sino presencia viva. Piedras, ramas y luz dialogan en un tiempo suspendido, invitando a detenerse y mirar de otro modo.
En Raíces de Sol, la naturaleza no está representada: está presente. Cada obra parece surgir de un encuentro silencioso entre el gesto mínimo del artista y los materiales que ofrece el entorno. Piedras que conservan el peso del tiempo, ramas que se inclinan buscando equilibrio, reflejos de luz que aparecen y desaparecen según el recorrido del sol. Nada se impone, nada se fija del todo. Todo está, todavía, sucediendo.
La muestra -seleccionada en la convocatoria de proyectos expositivos 2025 del Museo de la Ciudad Casa Caravati- reúne una serie de trabajos que condensan años de investigación y práctica artística. Al recorrerla, se percibe una calma particular, una tensión sutil entre fragilidad y permanencia, entre lo espontáneo y lo cuidadosamente dispuesto. Las estructuras se sostienen al borde del desequilibrio, como si el tiempo se detuviera apenas para permitirnos observar.
“Yo no siento que cree objetos -dice Bruno Ceballos-, siento que acompaño procesos”. Esa idea atraviesa toda la exposición. Su gesto es mínimo, casi un desvío apenas perceptible, pero suficiente para que la naturaleza continúe hablando en otro registro. Así, cada obra se vuelve un pequeño acontecimiento: una condensación del paisaje que, al ingresar al museo, trae consigo la memoria del monte, del río y del cielo abierto de Catamarca.
Trabajar con la luz -y especialmente con el sol- es una de las claves de Raíces de Sol. Se trata de un material tan potente como inasible, que obliga a pensar la obra como algo necesariamente efímero. En Casa Caravati, esta condición se vuelve un desafío: los horarios, la orientación del edificio y el modo en que el sol ingresa al espacio determinan la experiencia. Para ello, el artista desarrolló soportes que permiten la interacción del público, invitándolo a jugar con la luz y a ser parte activa de la obra.
Para comprender cómo llega a este punto, Ceballos vuelve sobre su propio recorrido. Artista visual autodidacta, nacido en Catamarca, comenzó su camino en la herrería artística y la escultura en metal. Sin embargo, fue en 2014 cuando una experiencia marcó un giro decisivo. Invitado por el colectivo Arte In Situ a participar de un encuentro de arte y naturaleza en Coronel Suárez, se encontró por primera vez con la consigna de producir obra únicamente con los materiales disponibles en el lugar.
“Fue muy desafiante, pero también muy liberador”, recuerda. Con información previa sobre la biología y la geografía de la zona, descubrió que podía trabajar sin herramientas, sin maquinaria y sin la carga técnica del oficio tradicional. “Ahí entendí que la obra dependía de mi mirada, de mi oficio visual y poético, no de lo técnico”. Ese hallazgo rompió un paradigma personal y abrió una nueva forma de pensar el arte, el taller y el propio rol del artista.
Esa línea de trabajo se consolidó en 2015 con la realización del Encuentro de Arte y Naturaleza Quebrada de El Tala, organizado junto a Arte In Situ y la Municipalidad de la Capital. De aquel evento -que reunió a artistas de distintos puntos de Latinoamérica y del país- quedó un catálogo que hoy funciona como registro de una experiencia fundante para la escena local.
Vivir en una provincia atravesada por paisajes imponentes terminó de afirmar esa elección. La naturaleza dejó de ser contexto para convertirse en materia viva de la obra. En ese camino, el sol comenzó a ocupar un lugar central. Acciones colectivas, intervenciones con espejos, obras como Árbol generoso -realizada durante el amanecer del solsticio de verano- y trabajos de videoarte fueron ampliando esa investigación.
En 2024, el proyecto Espejos del sol, obra que forma parte de la muestra, fue seleccionado por el Fondo Nacional de las Artes, permitiéndole intervenir fachadas y espacios culturales de la Capital, Valle Viejo y Fray Mamerto Esquiú. Museos, centros culturales y hasta el antiguo trapiche azucarero se transformaron en superficies donde la luz activó memorias, tiempos y arquitecturas.
Raíces de Sol es, en ese sentido, una síntesis sensible de todo ese recorrido. Una muestra que no busca explicar ni imponer lecturas, sino invitar a detenerse, a escuchar y a mirar con atención. A descubrir que en la simple elevación de una piedra, en una sombra proyectada o en un reflejo fugaz, puede habitar un mundo entero.
Texto: Colaboración de Silvana Andrea Martínez
Fotos: Ariel Pacheco
