viernes, 2 de enero de 2026 03:07
Las elecciones pasaron, la Administración Pública está en receso, rige la feria judicial, la Legislatura y el Congreso están cerrados, y muchos altos funcionarios pasean por el exterior, conjunto de datos que sugiere que las batallas político-partidarias entraron también en un impasse hasta que las actividades se reanuden plenamente. Pero no es así. Los tiempos políticos, caracterizados por su dinamismo extremo, no saben de descansos. Máxime en un país donde la estabilidad es una utopía, y donde los viajes del éxito al fracaso y viceversa se suceden sin lógica y a velocidad vertiginosa. Aquí un panelista de televisión puede convertirse en presidente en dos años, un partido que arrasa en las intermedias puede ser desplazado del poder unos cuántos meses después, y aquellos que parecían sepultados regresar triunfantes. Ese escenario siempre volátil agita las esperanzas de todos, avisados de que habitan una tierra donde todo es posible.
A las agitadas aguas del quehacer nacional, se suma un factor innegable, que alimenta los ímpetus de aventureros y cruzadas mediáticas con el afán de que la popularidad sirva de atajo a los largos años de recorrido militante y de sumar experiencia en la función pública. Es la innegable crisis de los partidos tradicionales, con estructuras fuertes pero incapaces de garantizar los votos necesarios para entrar en la discusión, con lo cual la dirigencia no sabe si apostar a la recuperación sobre los viejos cimientos o seguir la ola del momento y buscar vías alternativas para seducir al electorado. Estos dilemas colectivos se multiplican en cada proyecto personal, por eso los próximos meses será agitados, y definirán nuevas bases de reordenamiento y debate para el 2027.
Como telón de fondo, siempre, la realidad, esa que puede ser más determinante y decisiva que cualquier estrategia diseñada y calculada previamente. El rumbo económico, el humor social, y las repercusiones incalculables de las medidas que se toman en la vida cotidiana. Mientras tanto, el peronismo intentará sanar sus heridas y evitar que se profundice su crisis; el radicalismo procurará rehacerse desde sus cenizas y los libertarios buscarán no desperdiciar el viento de cola para asegurarse una reelección que ya se menciona como el gran objetivo. En segunda línea, muchos apostarán para resolver dónde ubicarse para dar con el caballo ganador. La carrera ya se inició, y aunque la meta asome todavía lejana para el ciudadano de a pie, para la política no hay tiempo que perder. Ni en la pelea por ocupar la Casa Rosada ni aquí en Catamarca, donde el panorama es muy diferente, y será tema de otro análisis.
El Esquiú.com
