lunes, 15 julio, 2024
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Milei paró la pelota cuando la tormenta se le venía encima

Bajar el déficit fiscal a cero en el primer año fue, siempre, el objetivo que Javier Milei se propuso alcanzar si llegaba a presidente. En palabras de Federico Sturzenegger, un ex jefe del Banco Central con Mauricio Macri hoy sometido a fuego intenso y asesor a la carta de Milei, el equilibrio de las cuentas públicas debería fungir como “un sello de confianza” para un gobierno que, inevitablemente, arranca salpicado de dudas.

Por si no quedó claro, estamos hablando de una decisión que también pretende ser un mensaje destinado a los mercados, aunque lanzado de apuro y armado a las apuradas.

Luis Caputo, otro ex BCRA con Macri y actual ministro de Economía, compró de inmediato la idea y la defiende a todo trance. O, mejor dicho, defiende la llamada Ley Ómnibus que articuló Sturzenegger con aportes de diversas fuentes no siempre desinteresadas y en la que el ajuste fiscal es una consigna que aparece por todas partes; a veces crudamente, como si no fuese posible pensar en algo un poco más flexible ni manejarse con ideas más elaboradas.

Definitivamente metido en un debate por las redes que cruza tuits de un lado al otro, Caputo ha jugado o juega al límite y usa armas que no son rigurosamente de su competencia sino, con mucha buena voluntad, del arsenal presidencial. Ese es el verdadero Caputo.

Ha dicho estos días: “El déficit fiscal financiero (con intereses de la deuda) de 2023 cerró en 6,1% del PBI, más alto de lo esperado. Este gobierno está decidido a terminar con este flagelo que nos ha llevado a la situación actual. El compromiso de llegar al déficit cero no va a cambiar, se apruebe o no se apruebe la ley, y si alguno de los artículos económicos es rechazado habrá partidas provinciales que se recortarán inmediatamente”.

Réplica del diputado Miguel Ángel Pichetto, titular del bloque Hacemos Coalición Federal: “El ministro de Economía, que no tuvo la valentía de venir al Congreso, tiene que dejar de apretar a los gobernadores y tratar de buscar acuerdos en lugar de amenazarlos”. Y aporte a la causa del vicegobernador de Río Negro, Pedro Pesatti: Tendremos que defendernos. En este juego de amenazas uno responde como puede. Y nosotros podemos literalmente dejar sin energía al gobierno nacional”.

Si no es furia o cierta impotencia, resulta cuanto menos descolgada la movida que ensayó el propio Milei contra los gobernadores: “Los voy a dejar sin un peso, los voy a fundir a todos”, afirmó el jueves delante de sus ministros, según contó un participante.

Una escalada de amenazas

Nada de esto es historia antigua: todo ocurrió hasta ayer mismo y no desaparece porque en la Casa Rosada hubiesen advertido que era necesario frenar la escalada porque la escalada amenazaba llevarse puestos a sus propios objetivos.

Es que, primero, segundo y tercero, también pasaba que el temblor iba sobre un gobierno que no lleva mucho más de un mes en el poder y aún no se ha asentado; que ocurre en un país sacudido por una crisis profunda que pide un poco de paz y contiene la broca y, finalmente, porque a las palabras no siempre se las lleva el viento.

Pero había que parar la pelota. Y una buena manera de parar la pelota fue sacar del centro de la escena al capítulo fiscal, esto es, poner bajo un paraguas al muy controvertido aumento de las retenciones proyectado tanto para las del sector industrial como para las exportaciones de ciertos subproductos de la soja como para las de trigo y maíz.

Alivio político para los gobernadores de las provincias agropecuarias, que deben pelear con los productores por decisiones del poder central sin recibir un peso de las retenciones, que, encima, se quedan limpias de polvo y paja en Buenos Aires.

Tantas veces repitió Caputo el viernes que el objetivo del déficit cero sigue en pie que viene a cuento preguntarse por qué tanta insistencia.

En un punto, la respuesta está al comienzo de esta crónica: porque el déficit cero es pariente directo del ajuste fiscal y ambos pretenden ser garantes de una gestión a tono con lo que piden los mercados. Lo que sigue dice que el equilibrio fiscal apunta a un acuerdo más amplio con el Fondo Monetario y a cumplir con metas ya acordadas.

El problema es cómo se cubre el agujero que dejan las retenciones. Esto es, una recaudación estimada entre US$ 1.500 y US$ 1.600 millones que redondearía un paquete total calculado en alrededor de US$ 10.000 millones que entero se quedaría en la caja del Tesoro Nacional.

¿Alguna soga tirada desde Washington por el FMI, para pagarle un vencimiento cercano al propio FMI?

Está claro en esta historia que no es igual el soporte de una ley votada por el Congreso que el de un decreto, como el DNU con el que arrancó el operativo de Milei Presidente. Sabido de sobra, un DNU se puede bajar con otro DNU y, justamente por eso, el Gobierno sigue empeñado en sacar una ley que remache el proyecto oficial, así sea a los tumbos.

Y tan claro es, como que limpiar el terreno minado que dejó Sergio Massa puede ser cualquier cosa menos un juego, lo cual salta evidente apenas se entra en las cuentas fiscales.

El déficit financiero equivalente al 6,1% del PBI al que se refirió Caputo no computa el desequilibrio entre ingresos y gastos corrientes del mismo 2023, que rondó el 3% también del PBI. Con todo adentro, la herencia fiscal que dejó el kirchnerismo es un agujero que en pesos monta 11,3 billones y que, puesto en dólares al tipo de cambio oficial, significa US$ 13.700 millones.

Es obvio que no fue platita o no solo “plan platita” lo que motorizó un crecimiento del déficit fiscal del 260% como el que hubo del 2022 al 2023. Algo de la antigua consigna “actuar antes de que sea demasiado tarde” suena también a una buena explicación para semejante festival de gastos en el último año del ciclo K de Alberto y Cristina administrado por Massa candidato.

Una muestra rotunda del ajustazo fue el destrato a los jubilados bajo la llamada movilidad previsional, una fórmula que combina por mitades la recaudación de la ANSeS y el aumento de los salarios reportado por el INDEC.

Informes privados advierten que por efecto de esa metodología, las jubilaciones mínimas acumularon una pérdida en el poder de compra de $ 1.900 millones en los últimos seis años, aún aquellas que fueron compensadas con bonos. Sin bonos, el saque escala a $ 2.800 millones.

Según la reforma propuesta por los libertarios, a partir de abril la movilidad será reemplazada por un sistema de indexación de los haberes atado al índice de precios mensual del INDEC. Hasta entonces regirá la movilidad trimestral tal cual la conocemos ahora; es decir, en base a la inflación pasada.

Y como el nuevo sistema se come por lo menos la inflación de enero, una de las disputas con el Gobierno pasa por la compensación que exigen los frentes opositores. Para el caso, el que perdería sería el ministro de Economía.

Brava de verdad es la inflación, que parece instalada en la zona del 20% mensual: cerca del 25% calculan algunas consultoras para enero, esto es, semejante al 25,25% de diciembre y a un 56% acumulado en sólo un par de meses.

Encima hay de todo y todo se llama aumentos, entre enero y febrero. Montados sobre índices ya considerablemente elevados, tenemos electricidad y gas; combustibles, prepagas, colectivos, trenes, subtes y siguen las firmas.

Hay eso y un horizonte que pinta complicado, pues la ganancia de competitividad que dejó la devaluación de mediados de diciembre ya se achicó a la mitad y muchas miradas ya se posan en abril y hacen cálculos para abril.

Digamos que tampoco aquí ayuda mucho la pelea Milei-Caputo con los gobernadores. Más bien pasa lo contrario: siembra desconfianza sobre la gestión y la fortaleza del Gobierno. El punto parece ser la inflexibilidad de Milei y un evidente problema de conducción en Milei.

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