viernes, 19 julio, 2024
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Un coqueto barrio de Ramos Mejía, en jaque por los robos: la vuelta del papelito y los policías en la Costa

«No me voy de vacaciones más de tres o cuatro días», dice Gabriel, vecino de Ramos Mejía.

«¿Por motivos económicos?», pregunta Clarín.

«No por eso. No quiero dejar la casa sola ni loco. Están terribles en el barrio».

Gabriel vive sobre la calle Maestra Lascano al 200, en Ramos Mejía. Es uno de los barrios “más vistosos” -como dicen los vecinos- del enorme municipio de La Matanza. Está a pocas cuadras de la avenida General Paz, que separa al barrio de Liniers.

Gabriel es uno más de los vecinos que extreman recaudos por la creciente inseguridad que aqueja al barrio.

Tiene un auto moderno pero de gama media. Dice que cuando anochece ya no lo entra al garage de su casa, que se mete tan rápido como puede en ella. Tiene miedo, como los vecinos de su manzana y los de otras más, de tardar más de la cuenta en entrar a su casa y que delincuentes lo aborden y le roben todo lo que tiene.

Dice, además, que los vecinos se volvieron velocistas en el arte de entrar a sus casas, en ocasiones también desconfiados.

Los vecinos se quejan por la inseguridad. Foto Maxi Failla.Los vecinos se quejan por la inseguridad. Foto Maxi Failla.«Tenemos un grupo para mandarnos mensajes de alerta si vemos una persona en actitud sospechosa, un auto que merodea por la zona», culmina Gabriel.

El pasado fin de semana, otro vecino de Ramos Mejía –que prefiere no dar su nombre– volvió desde su trabajo hasta su casa para almorzar. Al llegar, giró la llave en el portón de su chalet y, apenas se abrió la reja, un papelito blanco y doblado cayó sobre sus zapatillas.

Así se dio cuenta de que su casa había sido «marcada». Una clásica modalidad de los delincuentes está de vuelta este verano de 2024.

Las rejas son parte del paisaje en Ramos Mejía. Foto Maxi Failla.Las rejas son parte del paisaje en Ramos Mejía. Foto Maxi Failla.La metodología es tan simple como astuta, por lo que pasa desapercibida: en los cambios de quincena o fines de semana largos, en épocas de vacaciones, delincuentes señalan con determinadas marcas (como pueden los papelitos, trozos de cinta de papel y también folletos publicitarios) para saber si en ese hogar hay gente.

Si regresan y el papel sigue intacto en la cerradura, entienden que la casa está temporalmente vacía y la «revientan«: roban todo cuanto pueden, con la seguridad de que sus habitantes están de vacaciones, que no volverán en el corto plazo.

Al día siguiente de haber descubierto la marca en su reja, el mismo vecino dobla en la esquina y se da cuenta de que un chalé había sido robado de esta forma.

Una de las zonas marcadas por los delincuentes para robar en casas donde sus propietarios se fueron de vacaciones. Foto Maxi Failla.Una de las zonas marcadas por los delincuentes para robar en casas donde sus propietarios se fueron de vacaciones. Foto Maxi Failla.«Había 12 policías de la Federal. Me dijeron que vinieron como apoyo ‘porque en la Provincia no hay policías‘, que ‘están todos trabajando en la Costa‘. Robaron la casa de un comisario, se llevaron hasta ropa. Los ladrones reventaron la reja y el portón, sabiendo que no había nadie. Les conté que en mi casa también habían puesto la marca del papelito», cuenta a Clarín el comerciante, de 67 años.

Con miedo por toda esta situación, el hombre chequeó las rejas de los chalés de toda la manzana y notó que en al menos tres casas estaba el mismo papelito, blanco y doblado. Volvió en sus pasos, buscó al policía con el que había hablado minutos antes y le pidió que lo acompañara para registrar esas marcas.

El agente retiró cada uno de los papelitos. «El miedo no se fue, porque estos policías no eran de nuestra comisaría, se van y ya no vuelven», puntualiza el vecino.

Cerraduras y rejas violadas, puertas y portones desvencijadas, y ventanas rotas o sacadas de eje forman las escenas con las que cada vez más vecinos de Ramos Mejía se encuentran al retornar a sus casas.

Los carteles alertan sobre la seguridad, pero los delincuentes están al acecho. Foto Maxi Failla.Los carteles alertan sobre la seguridad, pero los delincuentes están al acecho. Foto Maxi Failla.Una vez en el interior, la escena es la misma en todos los casos: todas las pertenencias de menor valor y el mobiliario revueltos; los objetos de mayor valor (dinero en efectivo, joyas, electrónica, bicicletas, entre otros), robados.

Gabriel, otro vecino de la zona, tiene una cerrajería en Sargento Cabral casi esquina Viamonte. El suyo es un rubro requerido en el barrio: en un radio de no más de 700 metros, otros cinco cerrajeros ofrecen sus servicios. El hombre dice que diariamente lo contactan otros vecinos para cambiar cerraduras a modo de prevención o, peor, de reparación luego de los asaltos.

«Por supuesto que tengo trabajo como cerrajero, es moneda corriente. No paran de ‘reventar’ casas. A una de mis hijas le vaciaron su hogar este domingo mientras almorzaba en mi casa: cuando volvió, su casa no tenía más puerta directamente. Todo a plena luz del día, a media tarde», cuenta Gabriel.

A otra de sus hijas le desvalijaron su casa cuando salió sólo diez o quince minutos. Y no fueron los únicos dos robos que sufrió su familia.

Consultado acerca de los “papelitos”, añade: “Es sólo una de las varias formas en que marcan las casas: pasan pidiendo plata por las casas, pidiendo ropa, se hacen pasar por técnicos de empresas de servicios; o simplemente pasan tocando los timbres reiteradamente”.

Los escruches, una modalidad habitual en Ramos Mejía. Foto Maxi Failla.Los escruches, una modalidad habitual en Ramos Mejía. Foto Maxi Failla.Las tarifas que los cerrajeros cobran suelen ser más caras por las noches. Gabriel dice que frecuentemente lo llaman vecinos que, luego de que la Policía perite sus hogares durante horas, le piden que cambie cerraduras y otros elementos de seguridad por las noches, pero que no piensa arriesgar su vida por ningún precio. “Ni loco”, dice. “Ni-lo-co”, resalta.

Esta última modalidad, en la que los delincuentes llaman y llaman a los timbres de las casas para saber si está habitada, se conoce como “escruche”.

Se trate de la modalidad que se trate, para Gabriel el problema de la creciente inseguridad en el barrio no tiene solución. Señala, en compañía del portero de un edificio que está enfrente de su local, las cámaras de seguridad que los propios vecinos se encargan de instalar en sus hogares.

Juntos las cuentan: una, dos, tres, cada vecino que puede instala una. Pero sirven, acuerdan los dos hombres, para intentar identificar a los ladrones una vez que ya se llevaron todo.

Fuentes de la comisaría 2da. de Ramos Mejía, con jurisdicción en la zona, también precisan que las modalidades de robos a casas son varias, pero que intentan aumentar la presencia de agentes en el barrio.

Para una vecina que realiza sus compras en un almacén de Las Heras y Viamonte, una mayor presencia policial ayudaría, pero también piensa que son tantos los hechos de inseguridad que constantemente se actúa varios pasos detrás de los robos y de los intentos de robo.

Algunos vecinos advierten que no quieren avisar que se van de vacaciones para que no los Algunos vecinos advierten que no quieren avisar que se van de vacaciones para que no los «entreguen». Foto Maxi Failla.«A mi casa llaman toda clase de técnicos, vendedores, mendigos… Lamentablemente uno se hace desconfiado. Días atrás, llamó a mi casa un joven y me preguntó si podría juntar ropa para dentro de unos días. Me pidió si podía juntar, específicamente, ropa hecha con lana. ‘Junte mucha lana, mucha lana’, me dijo».

Lana, en la jerga de la delincuencia, significa dinero. Un auténtico «cuento del tío», pensado para otro de los objetivos vulnerables para los ladrones, además de las casas vacías: los ancianos.

Este grupo etario suele tener el problema que Gabriel, el primer vecino consultado por Clarín, quiere evitar: demora o parsimonia a la hora de entrar y salir de sus hogares, un espacio de ventaja para los delincuentes.

La señora que hace las compras en el almacén se lamenta de tener que pensar mal de los vecinos, pero cree que no hay otro remedio. Dice que en el barrio ya se evita avisar a los conocidos si uno se va de vacaciones: la confianza se está perdiendo.

El barrio está en alerta. y Dicen que no hay presencia policial. Foto Maxi Failla.El barrio está en alerta. y Dicen que no hay presencia policial. Foto Maxi Failla.No son sólo los hogares los únicos objetivos de los ladrones. Héctor es cartero del Correo Argentino y recorre todos los días las calles de Ramos Mejía desde hace diez años.

Consultado acerca de si los vecinos desconfían de él cuando llama a sus casas (ya que los delincuentes han adoptado la costumbre de hacerse pasar por técnicos y otras profesiones), él dice que no, porque ya todos lo conocen. Pero también que él mismo ha sido víctima de la inseguridad que se vive en estos últimos tiempos.

«Varias veces me robaron mientras hacía el recorrido, pero únicamente me robaron tarjetas de crédito y débito que los bancos enviaban a los vecinos de la zona y que yo debía entregar. Las empresas de correo ya se percataron de eso, y ahora únicamente nos hacen dejar avisos para que los vecinos mismos se acerquen a las agencias de correo. Nunca me robaron nada mío», comenta Héctor.

Todos los robos que vecinos, comerciantes y trabajadores de la zona denuncian parecen tener un patrón en común: el trabajo de inteligencia por parte de los ladrones. A otro vecino, Alberto, que vive en Pizzurno y Las Heras, le faltan dedos en las manos para poder contar todos los asaltos sobre los que se enteró durante los últimos meses, pero se centra específicamente en uno, que sucedió a la vuelta de su casa y en la casa de un ex comisario.

«Sabían que es la casa de un ex comisario, que estaba de vacaciones, pero lo hicieron todo sin poner un papelito. Acá hay alguien que está ‘vendiendo’ a los vecinos, si no no se explica cómo saben tanto. Desconfiamos hasta de las garitas de seguridad», apunta Alberto.

En Ramos Mejía no son pocas las garitas de seguridad que hay en esquinas y en algunas casas. Pero la mayoría no están operativas, cumplen un papel escenográfico, testimonial.

En este barrio, todos los sustantivos que van acompañados de la palabra “seguridad” (puertas de seguridad, cámaras de seguridad, personal de seguridad privada, fuerzas de seguridad) resultan insuficientes. En este barrio, los vecinos pierden a diario con los delincuentes.

Maestría Clarín / Universidad de San Andrés

EMJ

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