sábado, 15 junio, 2024
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Clarín en Río de Janeiro: la invasión de los hinchas de Boca no cesa y obligó a reforzar la seguridad en la previa de la final de la Libertadores

Los hinchas de Boca desparramados por Río de Janeiro son como gotitas azules y amarillas que se van uniendo poco a poco sobre las playas de Copacabana, esta especie de Bristol interminable con el ritmo frenético de la avenida 9 de Julio porteña.

La tensión que se respiraba desde el lunes tras la agresión a un grupo de xeneizes que se había instalado con banderas y camisetas frente al mar se fue aliviando con el correr de las horas gracias a una mayor presencia policial pero también a que cada vez son más los argentinos que se están acercando a la «Cidade Maravilhosa», bautizada así hace más de un siglo producto de la inspiración de una poeta francesa llamada Jeanne Mette.

Los hinchas de Boca tienen sus propias rimas, casi todas dedicadas a esa obsesión que es la Séptima, y le hacen frente al calor y la humedad carioca (que se tornó en viento y lluvia) cantando como si estuvieran en la Bombonera. Los medios locales, acostumbrados a una violencia extrema casi en forma cotidiana, no hablan de la agresión del lunes pero sí se detienen en la «invasão» imparable de bosteros que promete regalar escenas históricas.

En el consulado argentino en Río estiman que habrá por lo menos 100 mil hinchas de Boca este fin de semana, y hay quienes piensan que se llegará a los 150 mil. Toman los datos que posee la embajada que conduce Daniel Scioli, que habla de 89 mil pasajes emitidos (entre vuelos y micros), y a ellos deben sumarse los que viajan en auto, combis y chárters desde el centro y el norte del país. Vale de ejemplo: Puerto Iguazú está a 1.500 kilómetros o 20 horas en ruta, una travesía extenuante pero no imposible.

Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial - ClarínFoto: Fernando de la Orden / Enviado Especial – Clarín«Es un esfuerzo grande el que hicimos para viajar pero teníamos que estar. Se lo prometí a mi hija el primer partido de la Libertadores», cuenta Alejandro Flores, un sanjuanino que llegó en avión junto a su esposa Mayra y sus tres hijos, Santino, Tiziano y Catalina. «Contra los colombianos, el primer partido, fuimos a la Bombonera; a mi hija le cayó una pluma del cielo y me dijo: ‘Papá, con esta pluma vamos a ganar hoy y también la Copa’«, cuenta Alejandro mientras abre con cuidado el abrojo de un bolsillito de su billetera para mostrar el amuleto.

Cada hincha es una historia. Están los muchachos de Catamarca, un grupo de amigos que viajó en micro hasta Mendoza con la idea de cruzar hacia Santiago de Chile y tomar un vuelo más económico con escala en San Pablo, pero como el paso fronterizo Cristo Redentor estaba cerrado por la nevada tuvieron que tomar otro micro hasta Buenos Aires y de allí cruzar la Cordillera por vía aérea para continuar su recorrido. «Fue terrible, en total fueron casi tres días yendo de un lado para el otro, pero estamos acá y lo único que nos importa es lo que pase el sábado», dicen con una sonrisa llena de ansiedad.

Gustavo y Ramiro, padre e hijo vestidos de Boca pero cubiertos por dos pilotines en forma de «fantasmitas de la B», también tuvieron que improvisar sobre la marcha. Una vez que se aseguraron su platea para la final, la idea era agarrar la camioneta y la ruta desde Canals, en el sur de Córdoba, pero el desabastecimiento de nafta los obligó a buscar pasajes en avión.

Pero están también los que no tienen ticket para el partido, que prometen ser la inmensa mayoría este sábado, y viajaron hasta aquí resignados pero felices, a sabiendas de que esto será una fiesta sin precedentes hasta el instante en que arranque el partido. Y quién sabe lo que pueda suceder después. «Queríamos vivir esto desde cerca, es algo que les vamos a contar a nuestros nietos», se emociona un chaqueño, con un vaso de fernet en la mano y la vista en el mar.

Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial - ClarínFoto: Fernando de la Orden / Enviado Especial – ClarínLas autoridades locales ya definieron al Corsódromo como el espacio en el que deberán reunirse los hinchas de Boca antes, durante y después del juego contra Fluminense. Se trata de un lugar inmenso, distante a sólo cuatro kilómetros del Maracaná, y con espacio para estacionar los micros. Se ubicarán baños químicos y están tratando de que la Conmebol instale una pantalla gigante para ver el partido.

La idea de hacer base en el Sambódromo sería que también allí pasen la noche aquellos hinchas que no cuenten con alojamiento. Este jueves es feriado en Brasil y la capacidad hotelera de la ciudad está al límite para todo el fin de semana.

La gente del Fluminense también tendrá su punto de encuentro: será en Cinelândia, una plaza ubicada en el centro, y donde sí ya está confirmada la transmisión en vivo del partido. Eso sí, bien lejos de los argentinos.

Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial - ClarínFoto: Fernando de la Orden / Enviado Especial – ClarínTodas estas precauciones tienen que ver con no repetir el antecedente de la final del Mundial 2014, cuando Argentina enfrentó a Alemania en el Maracaná y en Copacabana se reunieron unas 80 mil personas en un «fan fest» que terminó a las piñas, producto de la derrota y las cargadas de los brasileños.

El deseo del Gobierno de Río es que este sábado la historia tenga un final completamente diferente. El mismo que guardan todos los hinchas de Boca que de a poquito siguen copando la ciudad.

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