martes, 5 marzo, 2024
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El último abrazo antes de una muerte fulminante de un tiro al corazón

La vida de Jonatan Tabares (35) cambió para siempre a partir de aquel 27 de julio de 2020. Fue la última persona en tenderle la mano a Fernando Marino (28), en ofrecerle su ayuda, en intentar mantenerlo despierto. Fue en vano, porque el joven, agonizante, con un balazo en el corazón disparado por una pareja de motochorros, en Adrogué, terminó muriendo a los pocos segundos.

No fue en vano para la familia de la víctima. Los papás, José Antonio Marino (65) y Mirta Cortés (66), nunca van a dejar de agradecerle a Jonatan lo que hizo. Con el dolor a cuestas por la pérdida, se acercaron a él, que les pidió «perdón» por no haber podido hacer «nada». Sin embargo, ese «nada» fue muchísimo para ellos: significó el último gesto de amor en la vida de su hijo.

«Agradezco al cielo a este chico que lo ayudó. Lo fuimos a ver, fuimos a abrazarlo, porque el último abrazo que tuvo fue de ese chico. Y su última palabra, que fue ‘me pegaron un tiro, ayudame‘, fue a este chico que lo asistió», le dice Mirta a Clarín.

Aquel 27 de julio de 2020, Fernando salió a repartir mercadería en la Renault Kangoo que le había comprado a su papá, con el compromiso de ir pagándola con trabajo. Era plena pandemia de COVID-19, por lo que tuvo que cerrar su pet shop y había que rebuscársela para subsistir junto a su novia, con la que se había ido a vivir meses antes a Sarandí.

El joven entregó un paquete a domicilio y apenas se subió a la camioneta fue asaltado por una pareja –Mauro Sebastián García (28) y Johanna Anabella Quevedo (32)– en la calle Italia al 1000. Pese a que ni se resistió, le dispararon. La Kangoo terminó 50 metros más adelante, chocada contra un Ford Fiesta estacionado.

Fernando Marino (28) fue asesinado por motochorros en Adrogué.Fernando Marino (28) fue asesinado por motochorros en Adrogué.Fernando se arrojó con el vehículo en movimiento y quedó en medio del asfalto, arrodillado. Una cámara de seguridad registró todo. Pese a su desesperación, dos automovilistas y un motoquero pasaron a su lado sin ayudarlo, quizás por temor a que se tratara de un delincuente.

«En estos tiempos, a veces la gente tiene miedo. Y yo lo entiendo, no tengo nada que reprochar», dice Mirta.

Jonatan, que por entonces vivía a pocos metros, escuchó el ruido de la moto y, por sus conocimientos, supo enseguida que era de cilindrada grande, una Yamaha MT (como efectivamente resultó) o una Ninja.

La pareja de motochorros, filmada tras el crimen de Fernando Marino (28) en Adrogué.La pareja de motochorros, filmada tras el crimen de Fernando Marino (28) en Adrogué.El joven creyó que había ocurrido un accidente. Se acercó a Fernando, quien revoleaba sus ojos con desesperación y respondía haciendo gestos con la cabeza. Las palabras ya no le salían de la boca.

Junto a un policía, lo cargaron para llevarlo a un hospital, pero hicieron un par de pasos y se desvaneció, abrazado al vecino solidario. Al llegar al Hospital Lucio Meléndez, ya no había nada por hacer. Estaba muerto.

Jonatan sigue con esa imagen en su cabeza, con Fernando desplomado sobre él, «por la impotencia de no poder hacer nada, de ver cómo se va una vida delante tuyo», según le cuenta a Clarín.

El abrupto giro en la vida de Jonatan

Lo que vivió ese día le hizo replantear su vida, que dio un abrupto giro. Se mudó, se puso en pareja y acaba de ser papá, hace un mes, de una nena. «Después de lo que pasó con Fernando, le di prioridad a otras cosas. Me cambió la cabeza, me afectó para replantearme qué estaba haciendo con mi vida», comenta.

Hoy Jonatan es jefe de tráfico de una empresa de transportes. Sigue en contacto con la familia y amigos de Fernando. Fue al juicio a declarar como testigo. Si bien su entorno le recomendó ir al psicólogo, él prefirió cerrar las heridas en familia.

Jonatan Tabares (35), con su hija, nacida en agosto. Es el joven que asistió a Fernando Marino (28) en Adrogué, baleado por motochorros.Jonatan Tabares (35), con su hija, nacida en agosto. Es el joven que asistió a Fernando Marino (28) en Adrogué, baleado por motochorros.«Después de lo que pasó, me iba a dormir y se me venía su imagen, soñaba con la situación. Eso no se olvida nunca más, por más que pasen los años», admite.

«A los papás les pedí perdón. Me agradecieron por lo que hice. Pero yo no soy un héroe, lo hubiese sido si hubiese salvado a alguien. Es muy triste ver cómo la vida de un muchacho joven, con proyectos nuevos, se va como la nada», reflexiona.

Este martes, tras conocerse la condena a perpetua contra la pareja que mató a Fernando, posteó: «Nada puede devolver lo que te sacaron. Pero se hizo justicia, justicia por vos y para que descanses en paz. El cielo está gris pero dio luces el sol. Abrazo al cielo«.

Video

La última imagen del repartidor asesinado por motochorros en Adrogué.

Mirta tardó tres años en ver las imágenes de las cámaras de seguridad. No se animaba: «Lloré durante todo el día para poder verlo. Es inimaginable el dolor que siento porque me parece que en ese momento en que le pegaron el tiro, él ya estaba muerto«.

EMJ

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