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Una ventana que se cierra

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11 de septiembre de 2023 – 01:15

La primera semifinal femenina del Abierto de Estados Unidos de tenis, que se disputó el jueves pasado, estuvo interrumpida durante 49 minutos debido a una protesta llevada adelante desde las tribunas por un grupo de activistas contra el cambio climático. Los manifestantes fueron luego echados del estadio, pero lograron su objetivo de llevar su reclamo a millones de personas que en ese momento miraban uno de los acontecimientos deportivos más importantes del año. Podría pasar como un hecho meramente anecdótico, pero las demandas de transformaciones urgentes en los modos de producción a nivel global para reducir los efectos del calentamiento global se generalizan, sustentadas en certeros datos científicos, cada vez más. Además de los activistas y las organizaciones ambientalistas, reclaman esos cambios con un énfasis vez mayor organismos supranacionales, vinculados o no directamente a los debates respecto de las amenazas climáticas que se ciernen sobre el planeta.

Mientras los activistas protestaban en el estadio del US Open, se conocía el último informe de la ONU sobre el tema, en el que señala que el mundo “necesita esforzarse mucho más en todos los frentes, abandonar los combustibles fósiles y reducir las emisiones de CO2 para frenar la crisis”. El trabajo servirá de base para las negociaciones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se realizará en Dubái dentro de tres meses. En los últimos años, y pese a las reticencias, Estados Unidos y Europa vienen disminuyendo las emisiones de los gases del efecto invernadero, aunque a un ritmo menor de lo aconsejable. El problema mayor, sin embargo, es el incremento sostenido de las emisiones de economías en franco crecimiento como las de China y la India.

Lee además El tema central del informe, y de la cumbre que se llevará a cabo entre el 29 de noviembre y el 12 de diciembre, es el de la eliminación progresiva pero constante de los combustibles fósiles y su reemplazo por energías limpias. Las metas fijadas en el Acuerdo de París de 2015 indican que las emisiones de gases del efecto invernadero a nivel global deberán tocar su techo en 2025 y a partir de entonces reducirse en un 43% en 2030 y un 60% antes de 2035 respecto de los niveles de 2019, para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050. La neutralidad de carbono implica alcanzar un resultado neto de cero emisiones de gases de efecto invernadero, esto es, emitir a la atmósfera la misma cantidad de gases que se absorbe por otras vías.

El informe de la ONU sostiene, en uno de sus párrafos, que «existe una ventana que se está cerrando rápidamente para aplicar los compromisos existentes».

Pese a la gravedad inusitada de la amenaza, hay todavía muchos gobiernos que se niegan a impulsar con la firmeza adecuada estas transformaciones. Hay, incluso, aunque cada vez menos, dirigentes políticos que niegan el cambio climático, como el libertario Javier Milei, pese a la abrumadora cantidad de evidencia científica al respecto. Es preciso, en consecuencia, que las propias comunidades presionen a sus gobiernos y a sus dirigentes para que aceleren las transformaciones recomendadas antes de que se cierre la última ventana.

El informe de la ONU sobre cambio climático expresa que «existe una ventana que se está cerrando rápidamente para aplicar los compromisos existentes».

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