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El milagro no laborable

7 de septiembre de 2023 – 01:20

Se conmemora hoy en Catamarca el “Día del Milagro”, efeméride instituida a fines de 2017 a instancias del senador Oscar Alfredo Vera para agradecer que el sismo que sacudió a Catamarca la mañana del 7 de septiembre de 2004 no provocara muertes. Quizás por excesiva confianza en los milagros, o porque no imaginó que los milagros tuvieran fecha de vencimiento, el Obispado omitió reparar unas mamposterías y ornamentaciones de la Catedral aflojadas por los temblores que vinieron a desplomarse sobre una mujer unas semanas más tarde y la mataron, pero el tiempo transcurrido entre el movimiento telúrico y el deceso le pareció al legislador suficiente para no conectar ambos hechos, cosa que hubiera empañado la perfecta estadística atribuida a la divinidad y arruinado su pío proyecto.

En todo caso, habrá pensado, el Obispado era menos culpable del pecado de desidia que el Estado provincial de distracción, pues deberían saber los gobernantes que la curia no mete la mano al bolsillo para mantener sus templos ni aunque las puertas del Averno amenacen con abrirse bajo los pies de su feligresía y tomar las prevenciones del caso.

De todos modos, cultor de las tradiciones como es, Vera creyó necesario reforzar la fe con un estímulo más terrenal y declaró la fecha feriado no laborable. Nunca se sabe dónde puede saltar la herejía. No faltarían los empleados públicos dispuestos a dudar de la intercesión de la Virgen del Valle si la iniciativa se limitaba a ordenar un minuto de silencio o, como pretendió en algún momento hacer la apóstata de la diputada Cecilia Guerrero, se prescindía del feriado y se establecía un menos maravilloso “Día Provincial de la Prevención de Desastres Sísmicos” en el que Defensa Civil realizaría «actividades de concientización, formación y preparación de la población en general, y de la comunidad educativa en particular, para que puedan actuar con precaución, prudencia, responsabilidad y solidaridad, ante el eventual acaecimiento de eventos sísmicos futuros».

Guerrero consignó en la fundamentación de su proyecto una cuestión de competencias: no es posible declarar un milagro por ley, ya que tal atribución le corresponde a las autoridades del Vaticano y ejercerla demanda unos trámites bastante más arduos que juntar votos en la Legislatura y la bendición del Obispo.

Es raro que Vera, experimentado parlamentario, no advirtiera que, del mismo modo que declaraba un milagro por el sismo, hubiera podido declarar santo a Fray Mamerto Esquiú sin todas las milongas que llevan décadas demorando el trámite en la Santa Sede, que hace un par de años recién se avino a aceptarlo como beato.

Guerrero consignó además que no correspondía imponerle la obligación de conmemorar milagros, reales o presuntos, a la población que no profesa una fe determinada o rinde culto a una imagen. Su propuesta obtuvo despacho favorable en comisión, pero se venció sin ser debatida.

Pasa que la diputada, tan laica ella, apeló a una lógica errónea. En lugar de concentrarse en los meandros teológicos, debió considerar el elemento central que garantizaba el éxito de la ley Vera. ¿A quién se le puede ocurrir voltear un feriado no laborable?

Debe reconocerse el ecuménico criterio del senador Vera, que debajo del engañoso concepto de “milagro” traficó un culto carente de ateos: el feriado no laborable es una bendición para católicos, protestantes, evangelistas, judíos, musulmanes y adoradores de la diosa Visnú. No se entiende por qué las Naciones Unidas todavía no lo comisionan para resolver los entuertos de Oriente Medio o la guerra de Ucrania.

El verdadero “milagro” sería que el feriado no laborable por el sismo se derogue y que cada quien se acuerde del fenómeno como mejor se le antoje, con cuidado si concurre a rezar de que no le caiga sobre la cabeza algún cacho de revoque.

Pero ni la Virgen del Valle es capaz de conseguir tamaño portento.

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