viernes, 23 febrero, 2024
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Un testigo relató el secuestro y asesinato de un trabajador de Astillero Río Santiago

Hugo Celestino habl de las desapariciones y la muerte de su cuado

Hugo Celestino habló de las desapariciones y la muerte de su cuñado.

Un hombre relató este jueves, ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, que investiga crímenes de lesa humanidad cometidos contra más de 200 víctimas en dos excentros clandestinos de la última dictadura militar, el secuestro y asesinato de un trabajador del Astillero Río Santiago en la ciudad de Ensenada.

Se trata de Hugo Celestino, quien relató lo padecido por su cuñado, Edgardo Cardinali, quien trabajaba como operario y era delegado gremial dentro del astillero.

Celestino narró que su cuñado «fue llevado primero de su casa, pero al tiempo apareció. Contó que había estado detenido en 1 y 60, que a veces lo trasladaban a otro lado y que sufrió varios simulacros de fusilamiento».

«La familia le decía que se fuera, que lo iban a matar. Pero él no quiso, él decía que no se iba a ir porque ´no ando en nada´. Pero al poco tiempo lo volvieron a llevar», relató el hombre que en ese momento estaba de novio con una de las hermanas de Cardinali.

Celestino detalló que este segundo secuestro ocurrió en junio de 1976 y que «nunca se supo dónde lo llevaron en ese momento. Mi suegro hizo averiguaciones por todos lados y nunca supo nada».

«Para el Día del Padre lo llaman a mi suegro y le dicen que habían encontrado el cuerpo e su hijo en el denominado Camino Negro, un camino que va de Punta Lara a Villa Elisa. Y le llevaron el hijo envuelto en papel de diario», dijo conmocionado al revivir ese momento.

Remarcó que «por lo que vi del cuerpo le habían dado un disparo en la espalda».

Celestino, que también trabajaba en Astillero Río Santiago, recordó que poco antes de que asesinaran a Cardinali «habían matado a un capitán, de apellido Beiardi creo, y se comentaba que iban a tomar represalias».

«Se decía que iba a ser ‘cientos por uno’», expresó, en alusión que asesinarían a 100 por un militar que fuera muerto. El hombre dijo sin dudar que «inmerso en ese marco Edgardo fue asesinado».

David Lugones

David Lugones.

El juicio

El TOF 1, que por primera vez es presidido por una mujer, Karina Yabor, juzga desde mayo último a 18 represores exmilitares, policías y dos civiles, uno de ellos exministro de Gobierno bonaerense, Jaime Smart, por los delitos cometidos contra 210 víctimas cautivas en el excentro ilegal de detención que funcionó en el Cuerpo de Infantería de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, ubicado en la calle 1 entre 59 y 60 de La Plata y en el otro excentro que funcionó en la comisaría 8va de la capital bonaerense.

Los imputados por los delitos cometidos en 1 y 60 son Roberto Armando Balmaceda, Carlos Ernesto «El Indio» Castillo, Alberto José Crinigan, Tomás D’Ottavio, Carlos Hugo Leguizamón, Claudio Rubén Mejías, Raúl Ricardo Monzón y Juan Antonio Vidal.

Por los hechos ocurridos en la comisaría 8va están imputados Enrique Armando Cicciari, Luis Gustavo Diedrichs, Lucio Carlos Ramírez, Rubén Vicente Sánchez, Jorge Héctor Di Pascuale, Carlos María Romero Pavón y el exministro de Gobierno bonaerense, Jaime Lamont Smart, y por su accionar conjunto en 1 y 60 y Comisaría 8va Lucas Marcelo Castro, Ismael Ramón Verón y Enrique Francisco Welsh.

El testimonio de otros dos sobrevivientes

Durante esta jornada también declararon dos sobrevivientes: Hugo Palavecino y David Lugones, ambos secuestrados y detenidos en 1976 y alojados en 1 y 60.

«Al llegar a 1 y 60 empezó el miedo. Nos hicieron firmar papeles y nos tomaron declaración, Yo no entendía qué estaba pasando», explicó Palavecino, detenido en un operativo policial en La Plata, cuando descubrieron en la cartera de la joven que iba con él un «panfleto hecho bollito».

«Nos tenían todo el día esposados a la cama, vendados, no nos dejaban bañar y comíamos con la mano porque no daban cubiertos», detalló.

David Lugones, nacido en Neuquén, estaba estudiando cuarto año de Medicina cuando el 28 de marzo de 1976 el Ejército allanó el departamento que habitaba en las calles 62 entre 6 y 7 de la capital bonaerense.

«¿Dónde están las armas o te vuelo la cabeza?», le insistía uno de los militares que irrumpió en la casa, y de nada valía que Lugones dijera que no tenía armas, revisaron todo el departamento y luego lo subieron a un camión y lo llevaron a 1 y 60.

Allí Lugones, que militaba en el Centro de Estudiantes de Medicina y la JUP, fue interrogado sobre «cosas de Neuquén», por lo que estimó que la denuncia en su contra partió de su provincia natal.

El sobreviviente relató que también su hermano había sido detenido y que tras más de una semana en 1 y 60 fue trasladado a la Unidad penal número 9 de La Plata, y en diciembre de ese año derivado a Neuquén, para quedar alojado en el excentro clandestino denominado «La Escuelita».

Según consta en la elevación a juicio, la dependencia policial de 1 y 60, que conecta también con el Cuerpo de Caballería que está en la misma manzana, en 60 entre 1 y 115, funcionó como centro clandestino inmediatamente después del 24 de marzo de 1976 hasta principios de diciembre del mismo año.

Estuvieron cautivos allí empleados y delegados gremiales del Astillero Río Santiago, de la empresa Propulsora Siderúrgica, de la Sociedad Industrial de Aparatos de Precisión (SIAP), del Frigorífico Swift, de la empresa RAB y de YPF, entre otras compañías.

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