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Larreta, a todo o nada con Carrió

La alianza formal entre Horacio Rodríguez Larreta y Elisa Carrió para promover la candidatura del médico Fernán Quirós como candidato a jefe de gobierno de la CABA es el hecho más importante en la fuerza de oposición en todo el año.

Cubre el espectro mayoritario del voto expresado en la últimas elecciones en CABA y pone ante un compromiso al macrismo ortodoxo y al radicalismo del distrito. Plantea además el debate sobre las ventajas y las debilidades que deben aprovechar y, respectivamente, superar las dos coaliciones.

En el oficialismo, la pelea es a cara descubierta: el cristinismo busca nacionalizar, otra vez, la agenda del peronismo del AMBA y proyectarse como guía del resto del peronismo –como antes lo intentaron Antonio Cafiero, Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf, Daniel Scioli y Cristina en 2019, donde quedó de vice, apenas-.

El peronismo del interior, atendido por sus propios dueños, más de una decena de gobernadores exitosos, mira para otro lado y le prepara un cóctel de cronogramas electorales desacoplados del nacional y, seguramente, el consecuente festival de listas cortas- es decir listas locales desentendidas del armado nacional del PJ. Es producto del hecho de que el peronismo no tiene un líder en el que se reconozcan todas las tribus. Cada cual representa una facción que debe negociar con iguales.

La consecuencia es el espectáculo, que se repite en la oposición, de que figuras como Cristina de Kirchner, Mauricio Macri, Gerardo Morales o Horacio Rodríguez Larreta son, al mismo tiempo, caciques de su tribu, candidatos y, algunos de ellos, gobernantes de su distrito. Lo que suman, por un lado, lo pierden por el otro. Sólo conductores de la talla de Juan Perón, Raúl Alfonsín o Carlos Menem, los caudillos del siglo XX podían serlo todo a la vez y podían ejercer el mando sobre la totalidad de sus fuerzas.

Expresa un frente nacido en 2017 con Carrió

El frente porteño aporta un candidato de alta imagen y de compromiso con el método Larreta de gobernar mediante una alianza de gestión. Es la diferencia con Macri, que gobernó el país sin aliados, y se salvó porque tenía una alianza legislativa que sostenía el liderazgo de Mario Negri entre 2015 y 2019.

Hoy el debate es sobre esa diferencia. Macri quiere ser una luz el camino, esclarecida, en un mundo en oscuridad. Larreta propone hacer un barrido de aliados que llegue al 70% del electorado. Quirós cierra el damero de candidaturas para el único distrito que gobierna el PRO. Representa a Larreta y Carrió, tándem que desde 2017 ha ganado elecciones en la ciudad con resultados superiores al 50% de los votos.

Ese frente, además, le permitió a JxC en la CABA superar los 10 años de minoría legislativa -8 de Macri, los dos primeros de Larreta- y alcanzar en la Legislatura el quórum y 2/3 de los votos para leyes de doble lectura. A lo largo de los últimos cinco años llevó adelante proyectos de reforma con respaldo legislativo que le permitieron capear la tormenta de la reducción de fondos que le propinó el gobierno de los Fernández desde 2019.

A Quirós hay que leerlo en la secuencia de ese frente, que no es nuevo y que tiene expresión en la candidatura de Diego Santilli en la provincia de Buenos Aires como representante del larretismo. No es una especulación: la construcción del Frente con Carrió como candidata en la ciudad en 2017 tuvo como impulsor a Santilli, que gana ahora el respaldo de Quirós.

¿Un médico por acá?

Este médico juega en la disputa por el gobierno de la ciudad contra Jorge Macri, delegado de Macri para esa competencia, y de Martín Lousteau, aliado del jefe porteño para la gestión. En 2017 Juntos por el Cambio pasó en la ciudad de ser una alianza legislativa a ser una alianza de gestión, y es lo que se arbitrará en la pelea por las candidaturas.

Quirós dice haber decidido su candidatura después de una reflexión personal y familiar. Pero entre cuatro pareces ha admitido que lo hace por pedido de Larreta, que está comprometido con su proyecto presidencial, y que va a hacer todo lo que sea necesario para que triunfe.

El lanzamiento del médico venía siendo anunciado por voceros de Larreta como el movimiento más importante antes de fin de año. Uno de los prolegómenos fue una consulta con Jorge Macri, primo delegado de Mauricio en la ciudad, sobre los términos de su programa político. Admitió que Mauricio le pidió que presionase sobre Larreta.

Larreta le responde con el desembarco de Quirós, que es un movimiento político de alto riesgo. Responde al empeño macrista de sostenerlo a Jorge candidato y de respaldar a Patricia Bullrich en su acoso sobre el Pelado. Ella, que es presidente del PRO aparece castigando con pasión al único gobernador que tiene su fuerza como si fuera opositora. Una receta que Cristina le aplica a sus adversarios del peronismo. Jorge se desmarca con un argumento verticalista; solo hace lo que le pide Mauricio.

Mauricio con lenguaje de señas

Como nadie tiene acceso a lo que Macri quiere hacer, se disparan las especulaciones. No le dice a nadie su proyecto. Cree en la fórmula de antaño de que la sorpresa construye éxitos. Si fuera así, seríamos ángeles en el paraíso. Tampoco explica por qué hace lo que hace, como filtrar desde su oficina la información sobre la reunión con el intendente de Córdoba, adversario de su fuerza en Córdoba, a quien debería cocinar en sus valoraciones públicas.

Queda en el terreno de sus opacidades, que intentan transmitir la idea de que hay un cerebro estratégico detrás de sus actos. Lo menos que le debe a sus aliados como Luis Juez, Rodrigo de Loredo o Mario Negri es decirles para qué lo hizo.

Un jugueteo de gato maula con los propios, y también riesgoso, porque Macri viene de perder en 2019 en primer vuelta las elecciones presidenciales. Y ha confesado en público y en privado que 1) no sabe por qué ocurrió; 2) que no previó ese escenario, que lo sorprendió.

Estas incursiones ocurren en el segundo distrito en cantidad de votos de todo el país. Macri enciende fogatas que cree podrá apagar cuando quiera, algo difícil en política. En otro momento, ese gesto hubiera fracturado la unidad de Juntos por el Cambio. No ocurre porque Macri no es el jefe único del PRO.

Para estrategos iluminados del fracaso ya la tiene el peronismo a Cristina, que envejece explicando por qué le va tan mal. O tiene mala suerte, o trae mala suerte, o se equivoca en sus diagnósticos y estrategias.

Sobrevive porque cabalga sobre el peronismo, potro que nunca baja de 35% de la adhesión del público con cualquier candidato. De la misma manera, los caciques de la oposición cabalgan sobre el voto de cerca del 40% que conservan en sus elecciones, y crece. A ninguno de esos dos sectores los amenaza un Massa que les divida el electorado. La última década los ha vacunado de unidad. Quien se divide pierde.

Candidatos de riesgo

Entre esas especulaciones está la que afirma que, si Jorge insiste en sostener su candidatura para enfrentar con Quirós, puede producir una división en el PRO que beneficiará a los socios del radicalismo. ¿Hace esto Larreta para dividir al PRO y entregar la ciudad, como creen los macristas de Acassuso?

También es arriesgado poner en la cancha a un hombre que tiene un altísimo prestigio en las encuestas, por su tarea durante la peste Covid. Ese prestigio, sin embargo, tiene contrapartida entre quienes creen que su rol es discutible y que pudo ser más enérgico en la diferenciación respecto de la Nación, cuando Olivos buscaba cerrar el país.

Salir a la cancha con un médico Covid es tan arriesgado en la Argentina como salir con un candidato economista. Parece una solución, pero puede terminar siendo una complicación.

En la antigua Roma, los generales veteranos que regresaban de las guerras eran enviados a lejanas colonias, como si la experiencia bélica en el frente no fuera útil para la vida civil. Modera ese riesgo el hecho de que en el fondo el oficialismo porteño – que no tiene adversarios competitivos – hace un juego de sillas sabiendo que no arriesga la identificación con el electorado. Este movimiento suma la fuerza que significan en el distrito Larreta y Carrió, que son los factores claves de una fórmula exitosa en política: prestigio y liquidez.

Primera prueba: un homenaje a Ginés

La elección de Larreta es obvia porque Quirós ha sido para él un ministro mágico por su tarea ante la peste Covid. Como profesional ha entendido la trama gremial de los médicos porteños, que tiene eje en la Asociación de Médicos Municipales, que presiden hoy Carlos Rojo, un hombre vinculado al peronismo pero que se referencia en Emiliano Yacobitti, jefe de Martín Lousteau en la UCR de la Capital.

Quirós también tiene extensiones que pueden serle útiles a la competencia en nombre de Larreta contra Macri & Co. Tiene un pasado ligado al Hospital Italiano, en donde la familia Macri – Tonino y su hijo Jorge – tuvieron actuación en las comisiones directivas.

También está comprometido con Santilli, a quien le ha redactado el plan de salud para la campaña en la provincia de Buenos Aires. Quirós tiene referencias simpáticas hacia el sector “celeste” del larretismo – en materia de aborto – y es respetado como sanitarista. No viene, como la mayoría de los profesionales de esa especialidad, de la Fundación Insalud, que dirige Ginés González García.

Sin embargo, tiene buenas relaciones con él, ha destacado en público la tarea histórica de Ginés y llegó a defenderlo cuando el ex ministro de los Fernández renunció por el llamado vacunatorio VIP. Ese gesto explica la frase de Carrió cuando lo define como “buena persona”.

 Tiene su primera prueba de fuego este lunes en la Casa de Gobierno. Se reunirá allí el Consejo Federal de Salud, que reúne a todos los ministros del país. Uno de los puntos de la agenda es rendirle un homenaje reivindicatorio a Ginés. ¿Irá Quirós?

El mandato de un republicano

La intervención de Carrió es central porque esta dirigente expresa una identificación con la mayoría del electorado porteño. Acerca del candidato, ella destacó su carácter de “humanista” y “republicano”. Como ella, Quirós ha dicho alguna vez que él no es candidato de la rosca y ha repudiado esa palabra que otros se honran en respetar, como Emilio Monzó.

En este punto, Quirós es el anti-Monzó, como es el anti-Jorge Macri, de quien Lilita no ha tenido nunca la mejor opinión. También expresa el anti-Lousteau, con lo que perfecciona una elección poco frecuente en ella. En las horas previas al lanzamiento, brindó por él en la cena de amigos que siguió a la inauguración, el miércoles por la noche, de la nueva sede del Instituto Hannah Arendt.

La decisión de Carrió sigue a un debate que tiene planteado en su fuerza sobre la necesidad de que las candidaturas tengan contenido, y que no sean categorías huecas que solo expresan voluntad de poder. Cuando se queja de que ni en Juntos por Cambio hay candidatos en el sentido republicano del término, propone un debate clásico, que es el mandato con el cual un representante debe ejercer su poder. Un sistema político debe tener claridad sobre la importancia del mandato como eje del pensamiento republicano.

Cuando James Madison habla de la diferencia entre una democracia pura y una república, dice que sólo la república puede asegurar la representación. “Una república – dice – o sea un gobierno en que tiene efecto el sistema de representación ofrece distintas perspectivas y promete el remedio que buscamos”. Una democracia pura – afirma en EL Federalista (Cap. [1787]- no puede evitar los peligros del espíritu sectario, de los que sí previene una república.

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