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El cepo importador le pone límites al repunte económico en 2023

En las últimas semanas, empresas de diversos rubros anunciaron medidas por las restricciones para importar y advirtieron problemas. Automotrices, fabricantes de maquinaria agrícola, mineras, textiles y productores agropecuarios, entre otras, recortaron turnos de producción, adelantaron vacaciones a su personal o están en estado de alerta por la falta de insumos, repuestos o componentes provenientes del exterior.

Para los economistas, el reforzamiento del cepo importador para proteger los dólares de las reservas le pone un techo al repunte económico y les mete presión a los precios. En palabras de Lorenzo Sigaut Gravigna, de Equilibra, “con menor actividad y mayor inflación, el escenario en 2023 se presenta muy complejo”, dijo. Al igual que otros, el experto cree que el Gobierno no tiene margen ni vocación para aplicar un plan de estabilización que alivie la situación cambiaria en el corto plazo.

Fernando Marengo, de Arriazu Macroanalystas, explica que el principal problema es la abundancia de pesos en la economía y que el tipo de cambio oficial luce muy atractivo para importar en forma directa o indirecta. “La gente trata de sacarle dólares al Central con la compra de autos, TV y heladeras, y las empresas acumulan insumos y máquinas”, dice, y aclara que “más que demanda de bienes importados, el interés es sacarse los pesos de encima”.

A Marengo no le sorprende que las importaciones en los primeros 10 meses de este año hayan aumentado 40% con respecto al mismo período del año anterior (de US$51.202 millones a US$70.738 millones), lo que representa una cifra récord. La cifra computa las elevadas compras de energía de este año (sobre todo gas), pero aun así, subraya Marengo, “las importaciones aumentaron 26%”.

Dolarizar de cualquier modo (o sacarse los pesos de encima) es una tendencia que viene desde hace dos años. Eso es, según advirtió públicamente Cristina Kirchner, “el festival de importaciones”, lo que podría traducirse como el adelanto de compras de insumos y bienes al exterior por parte de las empresas, “una consecuencia indirecta del cepo”, interpreta Ricardo Delgado, de Analytica.

Un proyección de esa consultora, precisamente, indica que “el exceso de importaciones” fue de US$2.100 millones en junio de 2021 medido en forma interanual (es decir, en el acumulado de 12 meses), alcanzó el pico en diciembre de ese año (US$5.500 millones) y fue declinando en forma gradual en paralelo con las mayores trabas hasta llegar a los US$1.500 millones en agosto pasado. Cada cifra representa la diferencia entre las importaciones reales y las teóricas, es decir, las que efectivamente se necesitan para operar con normalidad.

Esa caída en la entrada de mercadería al país afecta de manera difusa a las compañías. “Las importaciones son la variable de ajuste y se demoran las autorizaciones, que afectan a toda la producción y a sectores que hasta ahora no tenían problemas, como la alimentación y la salud”, señaló a Clarín una fuente de la industria. Anticipa también que el panorama tiende a complicarse y no prevé cambios significativos, al menos hasta febrero del año próximo.

Sigaut Gravigna comparte ese análisis. “Las importaciones de bienes en octubre aumentaron 8%, un dígito, pero las de bienes intermedios (en su mayoría destinadas a la producción) cayeron 4%”, detalla. Sobre esto, este economista señala que el equilibrio que intenta mantener el Gobierno entre no perder tantos dólares y mantener el nivel de actividad “es muy difícil de lograr porque parece que ya no hay tanto margen”.

El cuadro es más complejo de lo que parece porque el cepo sumó otra arista en junio pasado, cuando el Central aplicó primero cupos para acceder a los dólares de las reservas y exigió que las empresas se financien por cuenta propia a 180 días, una medida que estará vigente hasta diciembre, en teoría. “En 2022, la Argentina pagó aproximadamente el 80% de las importaciones. En el primer año, esto se cubre con crédito comercial, el problema en adelante será el balance de pagos en 2023”, remarca Guido Lorenzo, de LCG.

Esto significa que a las deudas acumuladas habría que computar un monto similar si el mismo esquema se repite, algo difícil porque muchas empresas “no pueden pedir nuevos créditos y porque (los proveedores) empiezan a ponerse más duros con las condiciones de pago”, completa el economista. “La postergación de pagos acumulados hasta setiembre superó los US$6.600 millones”, dice Santiago Romero Manoukian, de Ecolatina. Aunque el 70% de ese monto (US$4.700 millones) corresponden al trimestre junio y setiembre.

Manoukian recuerda que el Gobierno amplió en octubre el régimen de Licencias No Automáticas (LNA), que pasaron a representar el 15% al 41% del total de las posiciones arancelarias. Esto es, las importaciones que requieren de la autorización para ingresar al país. “Cabe recordar que en el nuevo listado no se incluyeron únicamente bienes suntuarios, como palos de golf, hidrolavadoras o notebooks. Entre los 2.700 productos se observan también muchos bienes vinculados a la producción”, añade.

Vauthier describe que la cuestión de fondo es que “el valor del dólar oficial no es consistente, está atrasado y no permite acumular reservas”, tal como se acordó en el último acuerdo con el FMI. Con el actual tipo de cambio, “los incentivos para exportar son limitados y, a su vez, estimula la demanda de dólares” por parte de las empresas a través de las importaciones o con la compra de productos “dolarizados” por parte de la gente.

La actividad económica comienza a reflejar la falta de insumos y esto, a su vez, impulsa el alza de precios, coinciden los especialistas. Gabriel Caamaño Gómez, de la consultora Ledesma, lo pone en números. “Es probable que el año termine con un crecimiento de 5% o un poco más. Pero esto incluye un arrastre estadístico de 4,5%, por lo cual el crecimiento real va a ser poco o nada”.

Con estos números a la vista (por ahora son provisorios), el economista sostiene que 2022 “es un año claramente estanflacionario, es decir, con alta inflación y con la actividad estancada o cayendo”. El año próximo, los pronósticos son desalentadores, principalmente por la posible agudización de los problemas que moldearon el actual escenario.

Los economistas prevén un muy modesto crecimiento del 1% para 2023, muy en línea con el 2% previsto en la Ley de Presupuesto.

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