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Que sea rock: una fotógrafa, una fan y una foto que volvió 21 años atrás

—Fue muy lindo lo que pasó, en serio. Le diste una chispa a mi vida. A lo cotidiano. Hoy quizá no soy la misma rockerita porque la vida me llevó por otro camino.Y vos llegaste justo. Te juro que me hizo muy bien. Y me hace muy bien —le escribió Natalia Dobrovich a la fotógrafa Nora Lezano.

Fue dos días después de un reencuentro impensado, facilitado por las redes sociales. Pero el origen del vínculo había nacido en tiempos analógicos. Clarín habló con las protagonistas de esta historia, para las cuales 20 años no son nada… y son todo.

Libertad, frenesí, Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si

Febrero, 2001. Hace calor. La crisis se respira, pero aún no termina de estallar. Natalia tiene 17 años y, con un grupo de pibes y pibas, se toma un colectivo y después un tren desde Lavallol. En el Club Hípico, repartidos en dos escenarios, tocan Turf, Los 7 Delfines, María Gabriela Epumer, Francisco Bochatón, Daniel Melero y Érica García, entre más bandas y solistas.

La adolescente lleva su cámara. Entra al recital. Consigue, casi por casualidad, una foto con Joaquín Levinton, líder de Turf. Dispara varias veces al escenario. Sin querer, captura a fotógrafos y fotógrafas en acción. Nora Lezano, artista polisémica y ojo detrás de algunas de las fotos más espectaculares del rock nacional, está ahí.

Naty y Joaquín Levinton, cantante de Turf, antes de que comenzara el recital. Es una de las fotos de su rollo de aquel día.

Julio de 2022. Natalia sigue viviendo en Lavallol. Recibe el mensaje de una amiga de la infancia. Se entera que Nora —junto a colegas y personalidades de la actuación, el periodismo y la música— había iniciado una búsqueda por redes sociales para encontrar a una chica a la que había retratado en aquel recital, dos décadas atrás. Apenas ve la imagen, sabe que es ella.

Las mujeres conversan, primero por Instagram, después por WhatsApp. Planean una juntada. No lo saben, pero las dos están ansiosas. Nora se pregunta si no habría generado demasiada exposición, o si estaría evocando una época poco feliz. Naty es la anfitriona. Se acaba de enterar de lo conocida y virtuosa que es su invitada. Suena el timbre. Las mujeres se miran y abrazan. Los nervios aflojan.

“Cuando empecé a googlear y me di cuenta de que era re grosa, me asusté. Pero apenas llegó y empezamos a tomar mate, a conversar, a comer facturas, sentí que la conocía de toda la vida. Tiene una vibra espectacular, es increíble”, cuenta Natalia.

Nora y Naty, compartiendo un abrazo espontáneo y cargado de emociones. Crédito: Instagram de Nora Lezano (@noralezano)

“Fue muy emotivo. La magia que coronó toda esta movida fue que ella tuviera una foto donde yo aparecía. Y claro, estallé en lágrimas. No podía responder. Estaba en shock. No imaginábamos que las dos nos teníamos en nuestros respectivos rollos. Yo, a una fan extasiada. Y, ella, a una fotógrafa que nunca imaginó ese destino: vivir guardada en un rollo de una fan“, complementa Nora.

Compartieron el mismo espacio hace más de dos décadas, pero conservaban recuerdos físicos de la otra, sin conocerse. ¿Existe algo tácito que las unió, más allá de los flashes, más allá de la música?

Nora se ve a sí misma en el álbum de Naty. Foto: Nora Lezano (@noralezano)

“Con Naty, la complicidad llegó después. Pero, evidentemente, al momento de la foto en el show hubo algo de ella, de su energía, que me hizo mirarla. Me dejo llevar por la intuición. En todo lo que hago”, reflexiona la fotógrafa.

Plantea que le gusta trabajar con lo inesperado, con lo mínimo. “Entre tanta foto producida queda poco de uno mismo en ella. Con respecto a qué muestro, ahí también me dejo llevar por las corazonadas”.

Por azar, de hecho, se cruzó con la foto. “Arreglando mi casa, moviendo cosas de un lado a otro, me topé con el cuadro (que había sido expuesto hace muchísimos años en una muestra colectiva). Me quedé un rato largo mirándolo, como si estuviera hipnotizada”, continúa Nora.

La foto encontrada por azar que puso en marcha la rueda de las casualidades, las emociones y la música. Foto: Nora Lezano (@noralezano)

Le generaba algo especial esa chica de remera verde: “La única mujer, apretujada entre tantos varones, bancándosela solita agarrada al vallado, con camarita de fotos en una mano y la otra, extendida, queriendo tocar lo admirado”.

“Sí, ¡estoy empapada! Si comparás, en las fotos antes de que arrancara el recital, la remera era verde claro. En la que sacó Nora, parece oscura, porque estaba transpirada. Imaginate cómo eran los recitales antes, yo quería estar ahí, cerca del escenario”, cuenta Natalia.

Ahora tiene un almacén al frente de la casa, una hija de 13, un hijo de 8, un compañero amoroso y un perro. Dice que se alejó “del palo”, aunque no dejó de ir a recitales. “Capaz son más tranquis y ya no me mando adelante de todo”, admite, entre risas. Eso sí, “volver a los 17” no es para ella solo un anhelo pasajero, aunque tantas cosas hayan cambiado.

“Me acuerdo patente de ese día, nos fue a buscar el papá de una amiga a la salida. Todavía me sigo viendo con amigos de la infancia, lo cual mantiene los recuerdos siempre vivos. Además, guardo cajas con fotos y entradas”, relata.

No hace mucho, había abierto el álbum de ese recital en el que tocó Turf, en 2001. Conserva hasta los negativos. “Con un rollo de 24, salía lo que salía. Le embocabas o no. Hay algunas fotos sin sentido, muchas de los guardias de seguridad”, confiesa con humor.

La campaña de Nora Lezano se hizo viral y en solo 24 horas encontró a Natalia Dobrovich.

Y comparte algo curioso: “Como estaba Joaquín Levinton en MasterChef, le conté a mi nena que tenía una foto con él. ‘¿En serio, ma?’, me preguntó. Ahí fui a buscar las pruebas, no lo podía creer. Y, bueno, quedó en un cajón, hasta que al poco tiempo pasó esto”.

Próximamente, Natalia va a acompañar a su hija al concierto de Nathy Peluso al Movistar Arena, donde hace poco ella misma fue a ver a Los Palmeras.

Nora también tiene recuerdos de ese día. Por ejemplo, de Rosario Bléfari, “embarazadísima, dejando todo en ese show, con una energía muy poderosa, magnética”. Advierte que su mirada no es la misma que a los 20.

“¡Por suerte! Justamente porque acompaña un crecimiento personal y porque también acompaña la transformación de la sociedad”. Aunque está segura de que sus fotos tienen una identidad que no cambia con el tiempo.

Naty con su marido y sus dos hijos, de 13 y 8 años.

Conocer a Naty le resultó inspirador. “Mirarla sostener conmovida su foto, 21 años después… Uf, fuertísimo”. El día de la reunión, renovaron el repertorio. Alguien retrató su primer abrazo. Con un poco más de producción, en el patio de la casa de Nati, Nora la volvió a fotografiar: sola y con su familia. Finalmente, ambas posaron con el cuadro que las conectó.

“Nosotras en el fondo de casa, ella sacando fotos, peinándome. La tarde de ese domingo fue espectacular. Tengo la foto colgada en el comedor. Le digo a mi familia que así los controlo… porque un poco habré cambiado, ¡pero estoy igual!”, remata Naty.

En el mismo recital de hace 21 años, Nora se sacó una foto con el músico Francisco Bochatón. Crédito: @noralezano

En su casa, Nora también exhibe distintas fotos y objetos queridos: un mensaje de texto de Cerati a su Nokia 1100 del 2009, un retrato de Charly tirado en su cama con un vaso de whisky en calzoncillos y algunas cosas más personales.

La combinación entre imagen y sonido es eterna. A los 17 años o a los 38, que sea rock.

AS​

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