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Sacó una foto icónica de Maradona pero cuenta por qué “dejó de quererlo” y el conflicto que tuvo con su familia

Cuando todo se transformó en un puño apretado gritando por la Argentina, Dani Yako poco entendía. Escuchaba gritos y veía saltar alguna que otra lágrima desde la tribuna para humedecer su lente, pero no tenía en claro por qué. Empezó a darse cuenta en el momento en el que corrió la vista del visor y notó a varios jugadores de Inglaterra apilados en el suelo. Al rompecabezas aún le faltaban piezas.

“Yo en esa toma, cuando lo veo y amplío un poquitito, veo una cara de felicidad… Pero también de asombro”, resume el fotógrafo. Aquel 22 de junio de 1986, cuando Diego Armando Maradona ensayó el mejor gol de todos los tiempos, Yako estaba apostado junto a Ricardo Alfieri, uno de los camarógrafos que había acreditado la revista El Gráfico para el Mundial de México.

Su ubicación tenía una explicación. Si había algo que unía a Pelusa con el resto de los mortales era que, al igual que a la mayoría de los jugadores, guardaba cierto fanatismo por dicha publicación deportiva. Y entendía que, ante un eventual festejo, su primera reacción iba a ser acercarse hasta ese cuadro y ofrecer un gesto digno de ser retratado.

-¿Cómo fue esa jugada?

-¿La verdad? No me di cuenta de la maravilla que había hecho Diego. Desde mi perspectiva, desde la cancha, uno no tiene la visión de todo lo que pasa y aparte está pendiente de su trabajo. La jugada empieza desde muy atrás… En ese momento trabajaba con dos cámaras y veía que se iba acercando, pero no me daba cuenta de lo que estaba haciendo.

-¿Cuándo tomaste dimensión de lo que habías vivido?

-Me di cuenta recién cuando lo vi por televisión. En el momento fue un bonito gol, pero más tarde, cuando terminó y lo vi por la tele, me di cuenta de que era increíble. Lo que pasa es que en nuestro trabajo, desde nuestra perspectiva, no disfrutás del fútbol. Lo que viste, lo viste, y todo a través de un objetivo. Igual, la fotografía deportiva no me interesa…

Dani Yako pasó 46 de sus 65 años trabajando de manera profesional y probó de todo: desde cubrir Mundiales hasta fotografiar a Jorge Luis Borges. Pero, si tenía que elegir, sabía que los eventos deportivos no lo corrían de su eje. “Fueron buenos para mi carrera”, atenúa durante una charla con Clarín. Porque, por aquellos años, para soñar con viajar a una cobertura, el fútbol era el mejor tobogán.

Si bien le importaba el fútbol y lo sufría casi tanto como el resto, no concebía la idea de cruzarlo con el trabajo. Mucho antes de ser reportero, dedicaba sus sábados a la tribuna de All Boys y los domingos siempre daba el presente en el Monumental para ver a River. Sufrió el ’78 en el exilio y se prometió no hinchar por la Argentina para no avalar a la dictadura, pero el desahogo llegó.

“La sola idea -explicó tiempo atrás- de una final a metros de la ESMA donde estaba secuestrada mi amiga Silvia daba escalofríos. Pero su liberación durante el torneo y la llegada a Madrid con Vera, nacida en cautiverio, ayudaron a que terminara gritando los goles de Kempes”. Y, días antes de que el escudo de la AFA bordara una segunda estrella, capturó la secuencia del gol del siglo.

Los negativos de la secuencia del gol del siglo.

-¿Tenés copias de esas fotos?

-Ninguna. Ahora las tengo digitales… Estoy un poco arrepentido porque le regalé a Diego Maradona unas copias cuando terminó el Mundial. Muchos años depués, la familia sacó a la venta muchas fotos del Diez y una de esas era esta, sin pedirme permiso. Ahí hubo un conflicto…

-¿Qué pasó?

-Muchos años después del gol, la familia de Maradona sacó a la venta muchas fotos de Diego y una de esas era esta. Hubo un conflicto, llegamos a un acuerdo, y como parte del acuerdo me dijeron: “Te damos dos o tres copias de la foto autografiadas por Diego”. Les respondí: “No, no la quiero, ¿para qué?”. Ahora que ya no puede firmarlas me pregunto por qué…

-¿Y por qué fue?

-Quizá una tontería orgullo. En ese momento estaba un poco… No enojado, pero… Mi argumento fue: “La obra de arte es tuya, pero la foto mía”. Un buen chiste, ¿no? Pero la obra de arte es de él. A la foto la podés sacar mejor o peor, pero la obra le pertenece.

Diego Maradona festeja frente al lente de Dani Yako.

Yako no lo sabía, pero estaba listo para ser cómplice y -a la vez- testigo de la hazaña del Diez. Había viajado a México como representante de la Agencia DyN y por France Presse, años antes de firmar su primer contrato en Clarín: “Para nosotros el Mundial es un momento de mucho estrés. Yo era el único enviado… Trabajaba solo y la responsabilidad era mayor. Pero hay cosas que son pura casualidad”.

-¿Cómo cuales?

-Y, Diego gritó todos los goles del lado que estábamos nosotros. Tengo una serie de fotos de sus festejos, no sólo del partido contra los ingleses… El tema es que en un Mundial no siempre tenés visión: hay cosas que te caen y otras no. Yo podría haber estado del otro lado de la cancha cuando hizo ese gol…

El fotógrafo solía capturar momentos en blanco y negro pero, como trabajaba para France Presse, debía darles color. El proceso desde que uno tomaba una foto hasta que las recibía el diario podía durar unas tres horas. “Yo mandaba el rollo después de cada momento importante y lo llevaba el mensajero que había”, grafica. Por aquel entonces, compartir una foto era toda una aventura.

Diego Maradona y su segundo gol a los ingleses, bajo la cámara de Dani Yako.

-A los negativos los seguís teniendo. ¿Y la cámara?

-No. Era una cámara muy versátil y muy livianita, y me gustaba llevarla. Podía sacarle el motor y trabajar sin eso. No sé dónde fue a pasar… Creo que la vendí, o me la robaron. Igual, tener esa del Mundial no significa mucho para mí.

Dani Yako, el fotógrafo que capturó la secuencia del mejor gol de la historia.

-¿Y del gol con la mano? ¿Tenés registros?

-Es un dilema que todavía tengo… Destruyeron mi rollo. Se perdió, no sabemos qué pasó. No lo tenía bien, porque había quedado mal parado, pero ese rollo desapareció: nunca supe si se perdió en el camino, si se veló como otros dos o tres rollos de ese partido… La duda me quedó siempre: cómo lo tuve y qué pasó con ese rollo. Un enigma. Es una de las cosas que siempre más me quedó.

Dani eligió ver el vaso medio lleno y quedarse con la sensación de que había fotografiado la secuencia del mejor gol de todas las épocas. Pero, en realidad, nunca pudo despojarse de la duda de qué le había sucedido al rollo donde descansaba el recuerdo del primer tanto: “Estaba mal parado y no tenía ángulo, pero es doloroso no saber cómo salió. Ni siquiera vi que fue con la mano“.

La idea tampoco lo desvela. Es, en realidad, una anécdota de tantas que guarda de sus cuatro coberturas mundialistas: su último partido fue en 1994, cuando eliminaron a la Selección Argentina en Los Ángeles. “No es algo en lo que tenga nostalgia”, aclara. Tampoco la tiene de otras cosas, como del viaje en avión con un tal Edson Arantes do Nascimento, a quien el mundo aclama como Pelé.

-¿Cómo fue?

-Cuando termina el Mundial, volé en un asiento de primera de México a Nueva York. Cuando estaba por despegar, en el asiento de al lado mío que estaba vacío se sentó Pelé. Me saludó y después viajó calladito, pero estaba en la cima del mundo: Argentina campeón, las fotos no eran tan malas… ¿Nostalgia? Estaba en un buen momento. Hoy lo pienso y es un privilegio, pero…

-A Maradona también lo tuviste cerca…

-Maradona es un personaje que ya no quiero. Hace tiempo lo dejé de querer.

-¿Por qué?

-Lo amaba como futbolista e intentaba no perderme ningún partido, pero luego, toda su cosa destructiva, sus ideas políticas, su forma de vida… Entiendo ese endiosamiento de la Argentina que nos ha hecho tan mal, pero para mí es algo súper dañino. Es un país que retrocede, porque esta figura trasciende el fútbol.

Dani Yako se alejó del fotoperiodismo y también de Clarín. Hoy su trabajo no conoce horarios estrictos o una oficina específica: disfruta la cosecha de años y años, con alguna que otra participación eventual. Cambió su rutina, su forma de pensar y hasta su mirada sobre Diego Maradona. Pero, aunque pasen los años, seguirá siendo siempre quien retrató “el gol más bonito de la historia”.

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