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Con River al borde del título, por qué Gallardo debería bajarse de su propio éxito

La suerte de este torneo de Liga ya está echada. Desde hace tiempo. Quizás el último golpe lo dio River, en Córdoba, cuando cortó la lejana ilusión de Talleres. El equipo conducido por Marcelo Gallardo será el campeón, seguramente, con la comodidad que le da la ventaja enorme de puntos. Pero la cuestión va más allá de las precisiones matemáticas. Este River es -por lejos- el mejor equipo de la Argentina. Podría agregarse que es el mejor plantel, puesto que superó muchas contingencias por lesiones o ventas que obligaron al entrenador a hacer variantes sucesivas en las formaciones.

Hace tan sólo semanas, o quizás un par de meses para ir más lejos, se hablaba casi unánimemente del acierto de la contratación de Matías Suárez, con idea compartida de que se trataba de una de las figuras del campeonato. Y lo mismo ocurría con el uruguayo De la Cruz. O con Gonzalo Montiel. Los dos primeros quedaron afuera por largo tiempo por sus lesiones. Montiel fue transferido al Sevilla de España. Y se reiteraron las ausencias circunstanciales. Pero la mente experta de Marcelo Gallardo fue encontrando soluciones a cada uno de los problemas que asomaban y con una condición inclaudicable: el equipo no renunció nunca a su vocación por el juego ofensivo, por la dinámica, por la posesión como premisa y la presión para lograr la pelota cuando se perdía.

Montiel jugó su último Superclásico en agosto. Foto: AFP

Fueron variando las formaciones según las necesidades y además el DT promovió el ascenso de algunos juveniles que terminaron ganando titularidades. Santiago Simón encontró el lugar que alguna vez tuviera Exequiel Palacios (vendió al Bayer alemán) y también alternó Benjamín Rolheiser en ataque.

Lo cierto es que, después de siete años y medio, Marcelo Gallardo -dos veces ganador de la Copa la Copa Libertadores, una Sudamericana, tres Copas Argentina y varios cruces definitorios- se daría el lujo de celebrar la conquista de un torneo local. Para eso cuenta con la espléndida actualidad de Julián Álvarez, goleador del campeonato y ya ingresado en la Selección. Gallardo supo llevarlo lento en estos últimos tres años para hacerlo llegar a la plenitud a los 21. La inclusión de Enzo Fernández (volvió de un préstamo a Defensa y Justicia) en una posición nueva -detrás de los puntas Alvarez y Romero (el último encuentro, con Platense) fue otro acierto en la distribución de posiciones. Como la ubicación del paraguayo Rojas (anteriormente marcador central) como lateral derecho. Lo real es que el equipo funciona muy bien más allá de los altibajos naturales circunstanciales. Y Marcelo Gallardo es el eje de la admiración general, aun con los excesos correspondientes. Porque del fútbol argentino se trata.

En River habrá elecciones en los primeros días de diciembre. Está casi asumida una victoria del oficialismo. Y ya se explicitó la idea de renovarle el contrato al entrenador después de su vencimiento el 31 de diciembre. Como en todos estos años, Gallardo esperará hasta último momento para tomar una determinación. Se sabe de una oferta concreta para dirigir la Selección de Uruguay. Y de otras, seguramente. Después de un período tan largo -quizás desgastante-, ¿querrá el técnico asumir algún desafío externo? Alguna vez dijo que no le gusta que le fijen metas que él no eligió ni meditó. Pero siempre deja un costado de misterio. Ahora está en una zona de extremo confort. Hace y deshace lo que quiere en el fútbol de River. Parece improbable que no continúe. Más allá de su salario (casi europeo, dicen) es muy difícil abandonar algo que uno mismo creó con éxito total y con el reconocimiento absoluto de su gente, para “probarse” en otras contiendas. Pero sólo él tendrá la respuesta.

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