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Tigre le ganó al Barracas Central de Chiqui Tapia y volvió a Primera

“Dale campeón, dale campeón”. El grito sonó fuerte en el estadio Florencio Sola, cuando Patricio Loustau decretó el final del partido y ahí recién los hinchas de Tigre lograron nombrar a la palabra prohibida hasta ese momento. Tigre es el campeón de la Primera Nacional y jugará el año que viene en Primera.

El impecable derechazo de Cristian Zabala redobló la euforia de la gente de Tigre que superó con holgura las 12000 localidades disponibles que tenían para el partido decisivo ante Barracas Central. A diferencia de la final anterior, el 2 de junio de 2019 contra Boca en el estadio Mario Alberto Kempes, en la que fueron minoría, acá, en la cancha de Banfield casi triplicaron al público del Camionero, que ajustadamente llegó a los 6500 localidades disponibles.

Ohhh, Tigre va a volver/va a volver/Tigre va a volver…” como cantaban hace poco más de dos años tras conquistar la final de Copa de la Superliga retumbó en la cancha de Banfield después del 1 a 0. Hubo descanso en el entretiempo para los jugadores pero no para los hinchas que no cesaron el aliento.

Como una muestra de poder, aún sin intención por parte de la empresa contratada por la AFA, la entrada de los equipos a la cancha estuvo acompañada por un humo blanco y rojo, los colores de Barracas Central. Pero el dominio en las tribunas y en el campo de juego era todo rojo y azul. El gol de Zabala a los 42 minutos del primer tiempo ratificó la supremacía futbolística del equipo de Diego Martínez, que dominó el juego y contó con más de una situación de gol. El goleador, que definió mal un rato antes metido en el área chica, no falló desde unos 25 metros.

La final única habilitó el público de ambos equipos, después de varias dudas. Un marco que se extrañaba porque hay que recordar que desde 2007 los hinchas visitantes tienen la entrada prohibida. Hubo un fuerte operativo de seguridad ya que una tribuna y una platea del estadio no tiene alambrada. Tras el minuto de silencio por el asesinato de Lucas González, jugador de la inferiores de Barracas, por parte de tres policía de la Ciudad de Buenos Aires, ambas hinchadas se unieron en el reclamo y la bronca: “El que no salta es un botón”.

“Vamos a volver”, le dijo a Clarín Sergio Massa en la zona de vestuario tras aquel 2 a 0 a Boca. Al Matador, a pesar del éxito deportivo, lo esperaba la Primera Nacional, ya que había descendido por promedio. Había podido jugar el segundo torneo organizado por la extinta Superliga pero la segunda categoría era cosa juzgada. En paralelo, Massa preparaba su retorno al gobierno desde el Frente de Todos. Desde diciembre de 2019 es el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación.

Dos temporadas después, Tigre vuelve a ser de Primera, la categoría en la que pasó la mitad de su vida institucional que se inició el 3 de agosto de 1902, bajo la denominación Club Juventud del Tigre, que modificó en 1915 por la actual. Para ese entonces ya jugaba en Primera División, aprovechando la primera escisión que sufrió el fútbol argentino (en realidad el fútbol porteño, que siempre absorbió al resto del país).

De alguna manera, la final de la Primera Nacional, integrada por 35 clubes, 19 directamente afiliados a la AFA porteña y 16 indirectamente afiliados a través del Consejo Federal, representó ese dominio histórico de la organización porteña. En el Reducido, cuatro de los otros seis equipos que buscan el segundo ascenso también son de la vieja AFA.

A pesar de que muchos clubes de las ligas más importantes del país contaron con el apoyo de las gobernaciones, Tigre manejó el presupuesto más alto de la categoría. Así como la sombra del meteórico ascenso de Barracas Central (en 2009 estaba en Primera C) asoma la figura de Claudio Chiqui Tapia, el presidente de la AFA, en el regreso del equipo de Victoria a Primera aparece la mano protectora de Massa.

Los jugadores de Tigre celebran la ansiada copa. Foto: Rafael Mario Quinteros

Sin embargo, como reconoció Rodolfo De Paoli, el periodista entrenador de Barracas Central, Tigre era “el gran candidato desde que perdió la categoría y jugó la Libertadores estando en la B Nacional. La base le ganó una Copa a Boca. El trabajo de Diego Martínez demuestra su capacidad, no fue casualidad lo que hizo en otros lugares, con un estilo definido”.

Diego Martínez asumió en enero de este año tras un breve periodo en 2020 de Juan Carlos Blengio, quien reemplazó a Néstor Gorosito. A principios de este año llegaron seis refuerzos: Tomás Fernández (Boca), Víctor Cabrera (formado en River, con pase libre del Houston Dynamo de Estados Unidos), Francisco Oliver (libre de Sarmiento de Junín), Lucas Blondel (Atlético de Rafaela), Lucas Menossi (regresó de San Lorenzo) y Francisco García Metilli (de Argentinos pero llegó desde Estudiantes de Caseros).

En el arranque de la temporada, tras perder en el debut con Belgrano de Córdoba, Tigre hilvanó una serie de cinco triunfos seguidos y siete partidos sin recibir goles. Fue animador todo el año pero resultó clave el sprint final, con cuatro victorias al hilo, la última ante San Martín, con el que compartía el primer lugar, en Tucumán.

Quedaba el último paso. El más difícil, ante el equipo del presidente de la AFA. Resultó un ajustada pero limpia, después de tantas sospechas, victoria del Matador, que se fue festejando al ritmo de “Ohhh,Tigre va a volver…”. Y volvió como un campeón.

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