Picadas legales: cientos de aficionados a los fierros se reúnen cada semana para correr carreras de un cuarto de milla

Lo hacen en el autódromo Oscar y Juan Gálvez, ubicado en Villa Riachuelo en la Ciudad de Buenos Aires. La práctica, originaria de Estados Unidos, se instaló hace 40 años en la Argentina.

Martín Ciccioli durante una noche de picadas legales en la Ciudad de Buenos Aires. Foto: captura de TV

Las picadas ilegales de autos son algo que, históricamente, les genera un dolor de cabeza a la policía, ya que no hay control alguno para este tipo de prácticas. Sin embargo, el autódromo Oscar y Juan Gálvez, ubicado en Villa Riachuelo en la Ciudad de Buenos Aires, hace años que recibe a cientos de aficionados y competidores para proporcionarles todas las medidas de seguridad para que no pase ningún tipo de accidente, estas son las picadas legales.

Las carreras de cuarto de milla son originales de Estados Unidos, pero hace más de cuatro décadas que se instalaron en el país. Este tipo de modalidad consta de un trayecto de 402 metros en línea recta en donde compiten dos pilotos con vehículos altamente preparados. Los competidores, en su gran mayoría, son dueños de talleres o tiendas de repuestos de automotor.

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Los autos llegan a valer lo que sale un departamento, y en una tirada de pocos metros se puede romper alguna pieza cuyo repuesto cuesta más de 80.000 pesos. La velocidad que levantan ronda entre los 230 y 270 kilómetros por hora, y los corredores aseguran que se les mueve la masa encefálica.

Las picadas en el autódromo se organizan todas las semanas, específicamente los viernes de ocho de la noche hasta las cinco de la mañana. Es un ambiente distinto al turismo carretera que es un poco más familiar, y si bien se ven niños con sus padres, la gran mayoría son hombres apasionados por los fierros. Las mujeres tienen su espacio para correr el cuarto de milla, pero es tan solo una vez al mes.

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El Gálvez se divide en dos pistas los viernes por la noche. En la de arriba se lleva a cabo el cuarto de milla, pero en la de abajo se corren las picadas con autos estándar, es decir los que no están altamente preparados como los otros. Este tipo de carreras son las que se llevarían a cabo en las calles de la Ciudad si no fuese que se les proporciona este lugar para llevarlas adelante. Por más que cada viernes asistan más de 300 vehículos al autódromo, las picadas ilegales siguen haciéndose en las calles, pero disminuyeron considerablemente.

Los picadores extremos dejan hasta lo que no tienen, pero faltar a las carreras no es una opción para ellos. Algunos se quedaron sin trabajo por la pandemia y se pusieron una verdulería y hasta hacer barbijos, pero los autos no se venden, la pasión no se vende.

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