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“Las películas son un refugio”

La nueva edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, la edición 36, regresa a la ciudad costera hasta el 28 de noviembre. Con más de 150 películas en ocho salas y el uso de la plataforma Cont.Ar, la apuesta vuelve a elevarse. Después de suspender su edición física en el 2020, vuelve un evento enorme, que siempre se las arregla para ser una gran compilado de aquello que se ha visto en el circuito mundial de los festivales más famosos (de Berlín a Toronto, pasando por Cannes, Locarno y San Sebastián) y generar producciones propias. Este año en ese sentido se destacada la apertura del festival dedicado al fallecido David “Coco” Blaustein, una película de Fernando “Pino” Solanas, con él, y con Eduardo “Tato” Pavlovsky y el artista Luis Felipe “Yuyo” Noé, Tres a la deriva creativa, será la apertura del evento. Está hoy marcado por su pluralidad de nombres y de lugares a iluminar, donde conviven el Foro de Cine y Perspectiva de Género con homenajes a nombres como Jorge Coscia, un tributo al crítico norteamericano Manny Farber y la celebración de Annamaría Muchnik (directora de La mujer y el cine), películas clásicas de Clint Eastwood con nombres nuevos y poderosos como Chema García Ibarra y Ana Katz. Una instalación de Jean-Luc Godard y un libro que la celebra dan cuenta de los lugares donde el festival quiere ir como propuesta general, y no solo anclada en sus competencias. Cecilia Barrionuevo, la directora artística, explica un poco la nueva configuración: “Lo que tuvo como diferencia es que este año hablamos de un festival nuevo, o, mejor dicho, de dos festivales nuevos. Es un festival que tiene en su interior dos festivales. Uno tiene que ver con volver a la ciudad de Mar del Plata y reencontrarnos en salas. Y otro es el que mantiene la posibilidad de mantener el festival abierto a todo el país, desde el online, desde proyecciones, conversaciones, desde las entrevistas. Es más, las actividades especiales se podrán ver en cualquier lugar del planeta, al menos aquellas que estén online”. 

—A lo largo de tus años, antes como programadora, y ahora como directora artística, se ha generado una línea editorial en el Festival de Mar del Plata ¿cómo la definirías?

— A lo largo de todos estos años, no solo desde que soy directora artística, sino todo el trabajo que veníamos haciendo junto al equipo de programación desde hace tiempo (y junto a Fernando Juan Lima, hoy presidente), el festival ha ido, si se quiere, reposicionándose, encontrando otro tipo de espacio en la coyuntura de los festivales. Creo que tiene que ver con cierta mirada sobre el cine, cierta línea, donde hay una preponderancia de películas que están realizadas por una necesidad de los cineastas de filmar, por un modo de ver el mundo, por un modo de encontrarse con el hacer cine muy particular. Un cine hecho por necesidad, sea deseo o placer. Dentro del programa conviven estas películas, sean de autores o de nuevos directores, y films que responden a un público más cinéfilo, y que pueden, claro, hablar a un público más general. Este trabajo que hacemos hace años es poner en juego películas contemporáneas con posibles historias del cine. Esto genera un entramado invisible, pero que define las bases de cómo va a circular todo.

—¿Cómo se define la importancia de un festival de cine, principalmente en un momento de crisis?

—Crisis, tomada como algo muy amplio. Digo, venimos de una crisis crítica, sanitaria. El cine se nos volvió a todes un refugio, un lugar donde acudir, donde todo se mantenía. Un sitio donde el mundo era el sitio que conocíamos. Lo sigue siendo en este año. Pero, por otra parte, las películas que vamos viendo, como festival, tienen una marca de época (no porque hable de pandemia puntualmente). En muchas, en algunas capas, se vislumbran capas de época. Me parece que el cine se volvió un lugar para estar, para estar bien. Muchas personas que quizás, y nos pasó el año pasado a nosotros, no hubieran venido nunca, o nunca vinieron, vieron películas del festival. Chats con las agendas que se hacían en el día y a día y eso compartido, discutido de forma colectiva en el minuto a minuto. Son nuevas modalidades que muestran la necesidad de estar juntos. 

—Es un festival Mar del Plata que tiende puentes con empresas como Mubi, o Warner, o mismo con otros festivales e instituciones ¿cómo se trabaja esto?

—Con el equipo de programación que estamos ahora, casi todos, estamos hace más de diez años en el festival. Es decir, venimos estableciendo vínculos con diferentes instituciones, con el público, con diferentes personas, con entes. A eso se suma el trabajo del presidente, Fernando Juan Lima. También del Incaa. Hay algo que ha pasado en los últimos años y es que el festival ha tomado visibilidad internacional, y eso viene de la mano de los invitadxs, de las películas, de los jurados. Eso te fortalece, y genera otro tiempo de importancia, para que luego pueda pasar esto, que te busque una empresa para dar un premio, o poder dar películas de mayors. Es una pena no tener mayor lugar y más posibilidades. Queremos que el festival dure más días, que dure meses. Es una construcción colectiva que el festival se haya fortalecido mucho. 

—Trabajás como directora artística y programás muestras de cine latino en el mundo. ¿Qué ves en el cine latino como rasgo común en estos momentos?

—Lo que creo que ha pasado es que se ha diversificado más, que ha tomado mayor visibilidad diferentes tipos de discursos. Hay más producciones, hay más discursos, algo menos uniforme. Quizás porque es más accesible el poder filmar, me refiero tanto a las cosas con mayor factura de producción como a algo independiente. Ahora hay más ventanas, más lugares, donde mostrar. Eso permite mayor diversidad, y eso hace bien. 

Fortalece. A veces, eso sí, cuesta mucho que las películas encuentren su lugar o lugares, sobre todo a nivel internacional. Pero eso indica que se filma mucho, al menos a la hora de los números totales.

Godard, la diversidad y los extras

J.M.D.

—Está el encuentro, están las charlas, los homenajes: Mar del Plata de inmediato tomó la agenda a la hora de la diversidad.

—Con el equipo, Pablo Conde, Marcelo Alderete, Francisco Pérez Laguna, pudimos ir generando cambios, trabajando en pos de algo. Una transformación más transversal la pudimos dar cuando me convertí en directora artística. No solo la cantidad de películas dirigidas por hombres y mujeres, sino el uso de lenguaje en las comunicaciones oficiales, por los premios incluso (era mejor actor y ahora es mejor interpretante). Cosas que no son menores porque también se sabe que el lenguaje va reconfigurando todo. En nuestro caso, hemos reconfigurado jurados, títulos, hasta la mirada a la hora de quienes son parte de las publicaciones. Hay una mirada al respecto, que puede generar cambios concretos.

—Hay algo más allá de la programación que tiene que ver con todo lo que va más allá de las películas: publicaciones de libros, instalaciones, taller, encuentros. ¿Cuál es la razón?

—Los libros que van acompañando los programas de los festivales se vuelven importantes porque acompañan a la programación, sea hablen de algo puntual o del estilo del cine. Siempre hemos sido cuidadosos con las publicaciones. Eso se ha fortalecido un poco más. Este año presentamos tres libros, tres publicaciones. El Foro es algo que ha tenido un crecimiento año a año: el año pasado trescientas personas de diferentes lugares del mundo participaron. Nunca se llega a una conclusión única: es hacerse más preguntas. El núcleo del festival, llámese las competencias, las retrospectivas, crecen desde sumarles instalaciones, charlas, paneles, máster clases, los homenajes, los premios a la trayectoria. Es generar herramientas para ver cosas y generarnos más preguntas, más inquietudes.

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