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Marcelo Longobardi a fondo: reinventarse a los 60 años

El miércoles 10 de noviembre, Marcelo Longobardi volvió a pisar los estudios de Radio Mitre luego de un año y medio sin ir. Esta vez no volvió para hacer su programa, sino para tener una última reunión con Rubén Corda, el director de la radio, y Jorge Porta, el gerente de programación, las dos cabezas que tiene la emisora. El encuentro duró tres horas y, entre los temas que se hablaron, acordó conducir el programa especial de las elecciones del domingo 14. También le hicieron llegar un mensaje de Héctor Magnetto, el principal accionista del Grupo Clarín, en el que le agradecía por los años de trabajo y le decía que entendía la situación, por no tratarse de la primera vez que alguien dejaba el grupo por cuestiones personales, y que las puertas estaban abiertas para cuando quisiera regresar.

La salida de Longobardi de Mitre es un hito en la historia de la radio porque condujo un éxito matutino, que lideró la franja de 6 a 10 AM a lo largo de 21 años. Dejará de levantarse a las 4 de lunes a viernes para ir a trabajar. En las últimas semanas durmió alrededor de 10 horas por día, algo que no hacía desde la adolescencia. Un ejemplo: aceptó recibir a NOTICIAS en su casa del barrio Castores, en el country Nordelta, en Tigre, a las 10 de la mañana del pasado miércoles, pero se quedó dormido. Desayunó y luego dedicó toda la mañana a la producción de fotos para esta edición. A diferencia de su vida anterior, ahora disfruta de planes que antes evitaba, como salir a comer de noche y volver tarde.

La casa de Longobardi tiene dos plantas y un parque trasero con pileta y vista a una laguna artificial. Tiene un deck sobre el agua y dos canoas para salir a pasear. En el jardín hay una pérgola toda decorada con flores alrededor y una enredadera. Es uno de los lugares preferidos de su esposa Laura. En el interior de la propiedad hay dos alas separadas al centro por dos livings. En el ala izquierda de la planta baja están los escritorios de Longobardi y su esposa. En la planta alta, la habitación que comparten, cada uno con su propio baño y placard. Longobardi es obsesivamente ordenado, al punto de que tiene un placard solo con remeras de golf. En el ala derecha del segundo piso también están los cuartos de las hijas y el de huéspedes. 

La vida de Longobardi, hasta la pandemia, era rutinaria. Se levantaba a las 4, su chofer, Carlos Vizcaino, lo pasaba a buscar y lo llevaba a la radio. En el camino leía los diarios y los recortaba con una regla, sobre una tabla de madera que apoyaba en su falda, mientras amanecía por la autopista Panamericana rumbo a Barrio Norte, en la Ciudad de Buenos Aires. Ese trabajo lo hacía todos los días en ese trayecto que duraba alrededor de 35 minutos. Hacía su programa y luego se iba a reuniones que por lo general se realizaban en el Palacio Duhau, su lugar preferido para organizar off the records con funcionarios, dirigentes políticos, consultores, economistas, encuestadores y analistas. Algunos días al mes tenía eventos como charlas ante directorios de empresas sobre actualidad política, conferencias en auditorios o moderación de paneles en los que intervienen protagonistas de la vida pública de Argentina. Este ritmo de vértigo fue una constante en las últimas dos décadas. A eso se le suma una pequeña productora llamada LRH Producciones que funciona en el mismo edificio que Infobae, de su amigo Daniel Hadad. La función de esa productora es asistir a Longobardi en toda la parte comercial, como la venta de los PNTs de su programa de radio, y también coordinar las conferencias o moderación de paneles, que cotiza desde 450 mil pesos. Suele dar tres conferencias por mes. En materia económica, su trabajo en Radio Mitre le representaba unos 2 millones de pesos, más los PNTs. Por octubre, y como parte del arreglo de su salida, cobrará 4 millones de pesos. Lo incentiva que a partir de ahora, por su nuevo acuerdo con la CNN, facturará en dólares. 

A pesar de este buen pasar, a Longobardi le costó siempre sentirse aceptado por sus colegas e incluso confiesa, entre sonrisas, que quizá sufra el síndrome del impostor, un trastorno por el cual las personas exitosas son incapaces de asumir sus logros y le atribuyen los buenos resultados a la suerte y no al esfuerzo o la capacidad.

Cambio. En los últimos años Longobardi vivió una serie de sucesos que desembocaron en la decisión de alejarse de Mitre. El primer episodio fue en 2017, cuando lo contrataron en CNN en Español, para realizar reportajes, en los que, al principio, había un fuerte componente de política local, aunque con el tiempo el contenido del programa se fue regionalizando y llegó a entrevistar a personalidades como el cantante colombiano Maluma o la actriz y cantante mexicana Thalía. Su llegada a CNN le abrió las puertas de Estados Unidos y con eso, la posibilidad de tener una perspectiva diferente del mundo y también de la Argentina. Mientras compatibilizaba su vida entre CNN y Radio Mitre, la pandemia le puso por delante una oportunidad única: la posibilidad de hacer su programa de radio desde cualquier parte del mundo. Durante la primera etapa de la cuarentena en 2020, hizo el programa desde su casa. Se encerraba todas las mañanas en su escritorio, pero de a poco fue madurando en su cabeza la idea de que podía hacer lo mismo en otro lugar. El desencadenante fue un día en que la seguridad de Nordelta, por las restricciones de circulación, no le permitió salir a correr por el country y lo mandó de vuelta para su casa. Aquella mañana comenzó a preparar la huida. Empezó a hacer su programa desde Miami, París, la Riviera francesa y Nueva York. A todos lados viajaba con un equipo TieLine, tecnología que lo conectaba a un iPad y, a través de internet, transmitía su voz con la misma calidad que si estuviera en el estudio. En medio de toda esa vorágine cumplió 60 años y CNN le ofreció ser parte de un nuevo proyecto llamado “Domingo de Gigantes”, en el que comparte programación con figurones como Don Francisco, el conductor chileno más conocido de Latinoamérica. Por esto cerró un acuerdo por 20 mil dólares mensuales y está negociando la creación de contenido en redes que podría significar otro incremento en sus ingresos.

Esa vida que comenzó a generarle mayores desafíos, facturación y expectativas se contrapuso con lo que él llama “las falencias estructurales” de Radio Mitre y su descontento por la forma en que la radio se relacionaba con sus figuras. Un ejemplo: las cápsulas de café para todos en la radio las compraba el propio Longobardi. Los oyentes solían escuchar bromas sobre eso. También se produjo la pelea con Jorge Lanata por la demora con que Longobardi entregaba el programa, y todo explotó el día en que Lanata no le contestó al aire y lo dejó hablando solo. Ahí se desmadró la situación.

La percepción de Lanata fue mutando respecto de esta situación. Al principio decidió hacerle la guerra, porque consideraba que su reclamo por el horario era justo. Luego, viendo que el tema escalaba, le pareció infantil y desmedida la reacción de su compañero de radio, que ventiló que se iba por esa pelea. Y finalmente, con la película más completa, se enojó, porque sintió que Longobardi lo “usó” de excusa para dar el portazo.

Entorno. En todo este proceso, Longobardi estuvo acompañado por dos personas, el economista Carlos Melconian y Juan Dillon, un periodista argentino radicado en Francia. La influencia de Dillon llamó la atención en el entorno más cercano de Longobardi porque es considerado “un amigo nuevo”, pero habría sido relevante a la hora de transmitirle su experiencia personal de haberse radicado en otro país, vivir con mayor libertad y tener más tiempo de calidad. En el último año y medio, Longobardi pasó más días en el exterior que en la Argentina, y su plan para 2022 es seguir viviendo afuera, sobre todo en Miami. Este plan tuvo su recompensa esta semana, cuando le avisaron que había recibido la Visa de trabajo para poder permanecer en Estados Unidos sin estar obligado a salir del país cada seis meses. Uno de los requisitos que exige ese tipo de visado es la presentación de avales de personas relevantes. Longobardi presentó cartas de Cynthia Hudson, la vicepresidenta senior y gerente general de CNN en español; de Walter Kolm, el manager de Carlos Vives y Maluma, y también de Mauricio Macri, con quien tiene una amistad de más de 35 años.

Durante la presidencia de Macri mantuvo muchos encuentros a solas en Olivos y en la Casa Rosada, en los que habló de política y de su vida personal. Esos encuentros quedaron plasmados en un libro que escribió para la editorial de Luis Majul, pero que aún no quiere publicar. Entre sus amistades más importantes de la política se destacan el fallecido Carlos “Lole” Reutemann y Daniel Scioli, a quien conoce desde la década del ‘90 cuando trabajaba en Canal 9, durante los años en que lo dirigía Alejandro Romay y el padre de Scioli era uno de los accionistas. Scioli le regaló una réplica de La Gran Argentina, la lancha en la que volcó y perdió su brazo derecho. Longobardi la conserva en un lugar especial en el escritorio de su casa donde atesora otros objetos como los palos de la batería que usó Charly Alberti en el último ensayo de Soda Stereo antes de la pandemia, o una réplica en miniatura del faro de Turnberry, una cancha de golf en Escocia que él considera la mejor del mundo. 

Escocia es un lugar importante para Longobardi, allí comparte su pasión por el golf con sus hijos. Y este año tiene pensado ir a pasar la Navidad con toda su familia, un plan que todavía está coordinando porque los Longobardi son muchos y todos tienen sus ocupaciones. Sus tres hijos mayores son Franco, Ignacio y Gastón, nacidos del matrimonio con Dolores Llorens, luego están las mellizas Clara y Delfina, hijas de Laura Palermo, la actual esposa del periodista a quién él llama “Lauri”. Y la más pequeña es Josefina, que tuvo con Marina Ruiz en un impasse en la relación con Laura. La relación entre todos es muy buena y Longobardi se lo adjudica a que los hijos tienen esa capacidad de unir. Como prueba de esto, en el living de su casa hay una foto en un portarretrato en el que están posando Longobardi con su esposa y sus seis herederos.

Hoy disfruta más del tiempo y no siente culpa por trabajar menos horas. Dice que se cansó de la grieta argentina entre Macri y Cristina y busca tener un perfil “más libre y más global”, pero se metió en la grieta norteamericana entre Trump y los demócratas. 

Este año ya tuvo su primera experiencia binaria. Estaba con su esposa Laura en un restaurante en Palm Beach y un votante republicano lo increpó al identificarlo como un periodista de la CNN. “Fake news”, le gritaba. No será Cristina diciéndole “gorila hijo de puta”, como trascendió en las escuchas a ella, pero la lógica es parecida. Good luck, Marcelo!

Mini reportaje: “Quiero ser más libre y más global”

Noticias: ¿Cómo ve todo a partir del 15N?

Marcelo Longobardi: Veo tres alternativas. La primera sería que la señora Kirchner abandone a Alberto Fernández. La segunda podría ser la inversa: que la señora Kirchner capture el gobierno con independencia de lo que haga Alberto Fernández, que, a partir del lunes, es un personaje secundario. Y la tercera, cuando Alfonsín negocia con Menem la reforma de la Constitución, incorporó la figura del primer ministro, que luego se llamó jefe de Gabinete para una crisis política dramática como la que se viene a partir del día 15, que el Parlamento se ponga los pantalones y que, de una manera moderada, civilizada y consensuada designe un jefe de Gabinete, que puede ser este el que está, o puede ser Juan Schiaretti, o Sergio Uñac.

Noticias: ¿Se siente expulsado por esta Argentina?

Longobardi: No, pero me aburre el nivel del debate. Yo creo que la Argentina se volvió anacrónica. No me importa si somos de izquierda, de derecha, del centro. Nos hemos vuelto un país anacrónico y la Argentina necesita un programa de modernización. 

Noticias: Si se dice que está huyendo de esta discusión, ¿es una simplificación? 

Longobardi: No, no es todo, es una partecita. Yo tomé mi decisión por un conjunto de razones que expuse públicamente cuando anuncié que me retiraba de la radio y del debate diario. Obviamente que hay ahí muchas cuestiones de la vida personal, influenciadas seguramente por el hecho de que yo, en los últimos años, estuve mucho afuera y eso te cambia la cabeza. A mí me pareció que 21 años de éxito era mucho éxito. Eso es muy difícil de administrar y vos no sabés cuándo termina eso. He visto a mucha gente mucho más exitosa que yo terminar muy mal. Yo no puedo regular todo lo que me rodea. Decidí no dejar en manos de terceros en qué momento yo salgo de esta industria de la radio a la mañana. 

Noticias: ¿Va a vivir ahora más afuera que acá?

Longobardi: Voy a dividir el tiempo. Hoy en día cambió todo. Uno puede llevar una radio o un canal de televisión en un carry on, que es lo que yo he hecho en los últimos dos años. Tuve unas discusiones muy interesantes, en octubre, con la presidente de CNN, que se llama Cynthia Hudson, que es una señora de muchísima experiencia en la televisión de Estados Unidos. Me preguntó cuáles eran mis propósitos y los dos primeros que le mencioné fueron que quiero ser más global y que quiero ser más libre. No es que quiero ganar más plata o ser más famoso, quiero ser más global y más libre. ¿Qué quiere decir ser más global? Quiero ser un poco más regional. Argentina está muy desconectada de América Latina.

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