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Seis maratones en seis semanas y en menos de 3 horas: el desafío extremo de Shalane Flanagan

Shalane Flanagan le puso fin a su etapa como corredora profesional en 2019, tras cuatro participaciones y una medalla olímpicas -plata en los 10 mil metros en Beijing 2008- y un histórico triunfo en el Maratón de Nueva York de 2017. Siguió vinculada al running como entrenadora en el Bowerman Track Club, un grupo de entrenamiento estadounidense patrocinado por Nike, que tuvo varios representantes y consiguió dos medallas en Tokio 2020.

Pero la estadounidense extrañaba la adrenalina y los desafíos de las carreras y, tras superar dos cirugías de reconstrucción de rodillas (sus rótulas tienen tendones de isquiotibiales de cadáveres) y luchar con la depresión, decidió calzarse de nuevo las zapatillas de correr y encarar un reto inédito, por demás exigente y hasta polémico.

A los 40 años, quiere correr los seis maratones más importantes del mundo en seis semanas y todos bajando las tres horas.

Y ya tachó cuatro de esa lista. El 26 de septiembre terminó 17ª en el de Berlín con 2h38m32. El 3 de octubre, fue 19ª en Londres, con 2h35m04. Y el fin de semana pasado completó el tramo más duro del “Proyecto Eclipse”, como ella misma lo bautizó: en 24 horas, marcó 2h46m39 en Chicago y 2h40s34 en Boston. Impactante.

El próximo domingo disputará el de Tokio, aunque de manera virtual -lo hará en Portland, cerca de su casa- porque los organizadores cancelaron la carrera presencial por la pandemia. Y el 7 de noviembre finalizará en Nueva York, donde se coronó hace cuatro años con un tiempo de 2h22m48.

¿Su motivación para perseguir semejante hazaña? “La inspiración tiene muchas capas. Creo que, sobre todo, es el reencuentro con mi mejor amigo, el running. Sentí la necesidad de volver a marcarme objetivos. Extrañaba empujarme a mí misma. En última instancia, espero abrazar el cambio y enviar un mensaje positivo a las mujeres jóvenes y mostrar que el deporte es para toda la vida. Si te dedicas al deporte, puede transformar tu vida para mejor durante mucho tiempo”, aseguró.

Pero además, Flanagan ve en este reto –para muchos, una locura, porque representa una exigencia demasiado grande para el cuerpo, incluso para el de una atleta preparada y experimentada como ella- una chance de hacer historia.

“Cuando vi el calendario de los seis Majors –NdR: por la pandemia, se terminaron programando todos para el otoño del hemisferio norte, en lugar de entre marzo y noviembre, como es habitual-, pensé ‘¡Esto es increíble! ¡Alguien debería hacerlos todos este año!’. Y después me dije ‘¿Por qué no yo?’. Tuve que pensarlo. Estoy retirada, soy entrenadora y madre, y he tenido dos operaciones de rodilla. Y aunque no sé si soy capaz, realmente quería volver a tener una meta“, explicó.

Colleen Little, su fisioterapeuta y también maratonista, le contó a The New York Times: “Cuando Shalane me dijo lo que quería hacer, la fisioterapeuta en mí se preocupó, pero la corredora se entusiasmó. Mi objetivo es que termine los seis tan sana como antes de empezar”.

Consiente de lo demandante de la aventura que estaba por encarar, Flanagan aprovechó el apoyo y la ayuda del Bowerman Track Club para hacer una preparación a conciencia, poder entrenar sin lesiones y asegurarse que no comprometería su salud durante el desafío. Aunque no logró entrenarse como le hubiera gustado. Es que mientras estuvo en Japón en los Juegos Olímpicos, como entrenadora, no pudo correr más de 15 kilómetros por día porque no podía dejar la burbuja. 

Shalane Flanagan tras finalizar el Maratón de Londres de 2021. Foto Instagram @shalaneflanagan

Igual, la primera parada, Berlín, la superó sin ningún problema. Para la segunda, en Londres, planeaba “aflojar el ritmo”, porque sentía un dolor en la espalda, según ella, por llevar tanto en brazos a su hijo Jack, de un año y medio, al que adoptó junto a su esposo Steven el año pasado. Pero en las calles londinenses no se contuvo y sufrió el final de la carrera.

“Quedé en medio del grupo de corredores hombres de elite y me enganché en su ritmo. Culpo a mi competitividad. Cuando encaré los últimos diez kilómetros, entré en una cueva de dolor. Fue brutal. Por primera vez, tuve que caminar en un maratón. Las piernas no me respondían. Pero logré terminar con buen ánimo. Estoy agradecida de que mi cuerpo me está permitiendo encarar este desafío”, contó en Instagram tras esa carrera.

Entonces llegó el momento del mayor reto: Chicago y Boston, dos ciudades separadas por casi 1.600 kilómetros, en apenas 24 horas. Y para ese doblete, la estadounidense hizo una preparación especial a principios de septiembre.

“Corrí 21 millas (unos 34 kilómetros) en un recorrido llano y al día siguiente, otras 21 en un recorrido realmente accidentado. Cambiar los pañales de Jack y trabajar en el jardín de mi casa, después de la primera sesión, me sirvió para imitar lo agitado del viaje de una ciudad a otra”, contó antes de Berlín.

Y agregó: “Sé que bajar las tres horas en los seis maratones es un reto realmente difícil, pero creo que se trata de practicar mental y físicamente y ver dónde puedo necesitar afinar algunas cosas. Lo más importante que noté en ese simulacro fue que la hidratación, la alimentación y la nutrición van a ser clave, así como dormir lo mejor posible”. 

La preparación dio resultado porque en Chicago y Boston pudo completar las pruebas sin problemas.

“Corrí el maratón de Boston cinco veces. Hoy fue la mejor para mí. Estaba un poco nerviosa por cómo me iba a sentir después de Chicago. Estaba en territorio desconocido y no tenía idea de cómo iba a reaccionar mi cuerpo. Pero casi a mitad del recorrido me dije ‘Creo que me siento mejor que ayer’“, comentó después de la carrera del lunes.

Con cuatro completados, ahora se vienen Tokio y Nueva York. Y Flanagan está segura que podrá cumplir el reto inédito que se planteó.

“Gracias a todos los ánimos y al apoyo de mi familia y mi grupo de trabajo, tengo confianza en que puedo lograr mi objetivo, que mi cuerpo me va a permitir hacer algo que nunca antes se había hecho”, comentó. “Me siento más segura de mí misma cuando corro. Cuando hago ejercicio, transpiro y me duele el cuerpo, me siento mejor conmigo misma. Más viva. Sé que soy mejor persona si corro, pero necesitaba algo más que correr por correr”. 

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