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La previa de Abel Pintos: volver a cantar después de la ausencia de aplausos y con nuevo estado civil

Afuera parece que se va a caer el mundo, pero no. Adentro, desde la comodidad del camarín de Abel Pintos en el Movistar Arena, se respira esa engañosa calma que antecede a la tormenta. Pero no habrá chaparrones ni diluvios en este mediodía gris que promete mejorar en cuestión de horas.

Es la templanza propia del artista bahiense que, con más tranquilidad que urgencia, se prepara para retomar el timón de los shows presenciales. Y en ese break, previo al ensayo final para ajustar las últimas teclas, recibe a Clarín con un libro y su intransferible mate en mano.

Con un primer concierto, este jueves 14 de octubre, que da pie a una serie de 12 presentaciones sold out (bajo las condiciones de aforo vigentes), Abel reconectará con su público, pero esta vez sin filtros digitales ni aplausos disfrazados de emoji.

Un libro al alcance y el intransferible mate a mano animan la escenografía del camarín del Movistar Arena. Foto Juano Tesone

Canciones para redescubrir

“Además, será redescubrir junto a ellos las canciones que ya hice durante dos años para el último disco y empezar a reinterpretarlas. Estoy muy contento con el trabajo realizado pero expectante porque sé que las cosas toman una vida propia luego. Entonces, ansío ver cuál es esa vida que toman”, asume, a horas de dar luz verde al regreso y debut presencial de El amor en mi vida, su álbum número 13.

“El concierto siempre me genera una expectativa, porque me gusta participar de todos los procesos de creatividad: desde el diseño conceptual del vestuario al de la escena, las luces y, por supuesto, de lo musical”, dice Abel.

“Inclusive -agrega- me gusta estar en las reuniones de producción, porque también la forma de comunicar al público, qué tipo de concierto vamos a hacer, me parece parte de la cuestión. Me gusta trabajar en un tono conceptual”.

A PIntos le gusta estar en cada detalle de la puesta en escena del show. Foto Juano Tesone

Y completa: “Eso, entonces, me genera todavía más expectativas de las que tengo ya de por sí como artista, a la hora de pensar cómo va a ser compartir esas canciones en directo, con el público, con esa energía que no se puede palpar de ninguna manera mientras trabajás en el estudio”.

Vivir sin aplausos

-¿Te costó convivir con la ausencia del aplauso?

-Lo que me costaba era la idea de tener que convivir de manera constante con esa ausencia. Que los streaming y lo no presencial fueran la única herramienta por muchos años. Eso me angustiaba un poco. Porque cuando vos grabás un disco no estás en contacto con el público; sin embargo, lo estás disfrutando igual porque sabes que de esa parte a un tiempo va a suceder.

Mientras los Live sean una herramienta, todo bien. Pero cuando esa herramienta se convirtió en la única posibilidad la idea era un poco angustiante.

Todo bien con los Live como herramienta, pero no para siempre. Foto Juano Tesone

-¿Y cómo maniobraste la angustia?

-Esperando. La paciencia es algo que hay que cultivar. De hecho, tuvimos un semi-regreso que se volvió a ver truncado. Y otra vez todas las incertidumbres y las incomodidades. Entonces, este regreso vuelve a tener la misma magia, de alguna forma, y la misma energía contenida que tuvo el de hace unos meses atrás.

Y ahora uno vuelve a desear con más fuerza en su corazón que sea un regreso definitivo, porque eso va a hablar fundamentalmente de que las cosas están más calmas para todo el mundo.

La energía, un vector que atraviesa las emociones tanto como el cuerpo. Foto Juano Tesone

-¿Esa energía contenida es solo emocional o también te atraviesa el cuerpo?

-Sí, pero en el escenario. Tengo que trabajar de manera muy consciente la administración de mis emociones y mi energía ahí arriba. Porque de otra manera es mucha la carga emocional y a veces hace que te pases un poco de rosca y termines, de repente, imprimiendo demasiada energía en lo físico y sobre todo en lo vocal.

Y te hace perder un poco de vista que al otro día tenes una función y al otro otra y son muchas muy seguidas, y en todas quiero rendir igual de bien.

-Un equilibrio…

-Sí, tengo que trabajar realmente mucho durante el recital en eso. Sobre todo porque soy una persona que habitualmente no tiene ni se pone demasiados filtros para demostrar y compartir sus emociones. Entonces sin tener que ponerles filtro sí tengo que aprender a administrar un poco.

El escenario del Movistar Arena volverá a ser el “hogar” de Abel durante 12 conciertos con localidades agotadas. Foto Juano Tesone

-¿Y llegás liviano al escenario?

-En todo el trabajo previo a un concierto aprendí a encontrar el momento clave para poder distinguir hasta dónde uno puede ir. Hasta dónde uno puede controlar ciertas cosas y hasta donde necesitan de su propio movimiento y su propia vida. Ese trabajo es de muchas horas y de mucha exigencia también, pero eso me ha ayudado a ponerme tiempos también.

En esta ocasión, hace una semana dije: “Bueno, ya ensayé, ya programé, ya hice todo lo que hasta donde yo puedo estaba para hacer. Ahora solo tengo que esperar a que llegue el momento, disfrutarlo y aprender a grubear de alguna forma, con el movimiento natural de las cosas también”.

Tiempo de puertas abiertas

-Hace un tiempo confesaste que el amor de tu familia te salvó de vos mismo. ¿Estás a gusto con este que sos hoy?

-Sí, me siento muy a gusto. Me siento bien conmigo mismo, me siento muy feliz en el contexto en el que puedo ser yo mismo. El entorno, la contención de mi familia me genera esa felicidad, esa sensación de comodidad. Cuando uno tiene la oportunidad, el privilegio y la bendición de tener alrededor gente que te cuida tanto y que te quiere tan bien, te sentís a salvo de vos mismo en ese sentido.

Porque sabés que ellos van a funcionar también como un punto de referencia para vos. Pero bueno, también considero que hay distintos momentos de la vida en los que uno va perdiendo el eje, un poco la concentración, que muchas veces te lleva mucho tiempo ganarla y te lleva unos segundos perderla.

En eje. Abel Pintos asegura que se siente muy a gusto con él mismo. Foto Juano Tesone

-¿Es una búsqueda permanente?

-Por supuesto, absolutamente. Es que uno decide en un momento de la vida si sus búsquedas las va a querer seguir haciendo solo, desde la individualidad pura y exclusiva, o si esas búsquedas las va a querer compartir también. Y esa fue la decisión real, ¿verdad? Yo sigo siendo un individuo, con todas las incógnitas que eso sugiere nada más que ahora las comparte con alguien o con “alguienes”.

-¿Qué hubiera dicho el Abel de hace algunos años, al encontrarse en la tapa de diarios y revistas celebrando su boda?

-Seguramente lo viviría con alegría porque lo que siempre me propuse fue vivir las cosas cuando necesitara vivirlas, y cuando sintiera estar listo para eso. Nunca tuve inconvenientes en compartir con los demás lo que me hiciera muy feliz. Sino que siempre me cuidé mucho en órdenes generales en lo personal, de no exteriorizar cosas hasta que no sintiera que estuvieran maduradas dentro mío.

Entonces, lo mismo pasa desde mi intimidad hacia los demás. Para mí es una alegría enorme compartir hoy lo que yo vivo con mi familia. Y esto que yo vivo con mi familia no es algo que haya experimentado antes y por tanto hubiese podido compartir de otra manera.

El cantante atraviesa un momento de apertura de su intimidad, y lo disfruta. Foto Juano Tesone

-¿Pudiste transitar ese día desde el disfrute?

– Muchísimo, porque la exposición fue el resultado de un montón de gente que tuvo interés en poner su foco en lo que nosotros íntimamente estábamos viviendo. (Risas) No al revés.

Entonces, lo vivimos de la manera que quisimos vivirlo, todo entre familia con la gente que realmente convive con nosotros a diario y en lo cotidiano. Y luego de eso tuvo mucha repercusión porque mucha gente estaba interesada.

-Me llamó la atención que el año pasado definiste el “cantar” como el descubrimiento de una necesidad, más allá de la profesión. ¿Necesitabas esa reafirmación?

-Sí, constantemente. Porque, como te dije, considero que vamos perdiendo el foco de las cosas, aún sin querer. Muchas veces nos distraemos de ciertos tópicos que ya tenemos muy conocidos y en la música pasa eso, ¿viste?

Cantar, para Abel, es una necesidad, y un ejercicio cotidiano, más allá del escenario. Foto Juano Tesone

Las ambiciones artísticas son muchas, son muy variadas. Y son muy divertidas también. Pero, muchas veces, te hacen a lo mejor perder el foco de cuál es la raíz fundamental de donde nacen.

-¿Qué te distrajo a vos?

-No lo sé, nada en particular. Porque realmente esas distracciones no fueron, si se quiere, ni tóxicas ni difíciles para mí, pero lo vas advirtiendo nada más. Como te decía, constantemente busco la manera de reconfirmar en mí de dónde viene todo lo que hago y por tanto, por qué hago todo lo que hago. Soy de consultarme a mí mismo bastante seguido (Risas). ¿Qué estoy haciendo y por qué?

-¿Te analizas también en una terapia?

-Me analizo. Pero también lo hago en soledad. Soy bastante exigente conmigo mismo.

Abel Pintos admite que es muy exigente con él mismo, y que se pregunta a menudo por qué hace lo que hace. Foto Juano Tesone

​Cantar, cantar… y cantar

-¿Qué te pasa cuando no cantas?

-Estoy pensando… en cantar. Igual, canto a diario. En realidad, en lo que estoy pensando es en cantar cuando no estoy haciendo conciertos. Estoy pensando en hacer conciertos cuando no estoy haciendo conciertos. Porque cantar lo hago prácticamente todo el día.

Lo primero que hago cuando despierto es cantar porque mi forma de despertar mi mente y mi cuerpo es con una vocalización. Y lo último que hago en el día también es cantar, porque hago una vocalización que se llama cool-down que es preparar las cuerdas para descansar.

-¿Y anoche conciliaste el sueño?

-Sí, voy a dormir tranquilo.

E.S.

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