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Chicanas y gritos desde las tribunas, en el detrás de escena del caliente debate por TV

“Estoy tranquila, siento que dije lo que vine a decir”, decía María Eugenia Vidal sonriente mientras salía del estudio y se dirigía al camarín, acompañada por el puñado de colaboradores que la acompañó durante todo el debate. Horacio Rodríguez Larreta ya se había ido del canal: fue el último en llegar y el primero en retirarse.

Recién sobre el final, cuando los cruces entre Myriam Bregman y Javier Milei ya eran constantes y por momentos demasiado tensos, hubo reacción entre los invitados apostados en la tribuna que hasta ese momento habían estado respetuosos. “¡Fachos, fachos!”, les gritó a los acompañantes del economista libertario el dirigente Christian Castillo, tomado de la mampara que separaba a cada sector. Desde el otro costado, en el rincón de Milei, abucheaban. Y se quejaban de que la candidata de la izquierda no dejaba hablar al economista.

“¡Qué paciencia!”, se desahogó después Bregman rodeada entre aplausos por algunos de los dirigentes que la acompañaron, entre ellos Nicolás del Caño y Gabriel Solano.

En el equipo de Juntos por el Cambio había cierta sorpresa por la performance de Vidal: sabían que el debate se polarizaría adocon Santoro, tal como sucedió. Pero creían que el economista liberal intentaría también rivalizar con la ex gobernadora. No pasó.

Vidal fue, como estaba planeado, la última de los cuatro candidatos en llegar a los estudios de TN. Lo hizo en compañía de su pareja, Enrique Sacco; su mano derecha, Federico Salvai -que apenas ingresó se fundió en un fuerte abrazo con Alejandro Amor, primer candidato a legislador del Frente de Todos-, y Fernando Straface, el jefe de la campaña porteña, que hizo de chofer. Una puesta en escena para despejar versiones en torno a la conducción de la estrategia de la campaña porteña.

A la candidata de Juntos por el Cambio la acompañaron además Ricardo López Murphy, Paula Oliveto, Hernán Reyes, Federico Suárez y Julia Pomares -los dos que se acercaron en los cortes a asesorarla- y Martín Tetaz, entre otros. Tetaz ensayó aplausos en algunos pasajes.

La tribuna del medio fue, paradójicamente, para los dos espacios que polarizaron la discusión: Juntos por el Cambio y el Frente de Todos. 

Antes de empezar, hubo un instante de zozobra en la producción y charlas reservadas en los pasillos: Mariano Recalde, presidente del PJ porteño, protestó porque a Rosa Karhanyan, la madre del policía de la Ciudad desaparecido en febrero del 2019, no la dejaban pasar. A pesar de que figuraba en la lista de invitados de Santoro, que la nombró durante el debate. Recién entró al estudio veinte minutos antes de que empiece el debate: ya estaban sentados casi todo el resto de los asistentes.

El postulante del Frente de Todos fue de los primeros en llegar y se sumergió directo a su camarín, pegado al de Vidal. Comió sanguches de migas y masas. Y se mostró, según su entorno, visiblemente nervioso. Caminaba de un lado a otro. 

Tenía lógica: a diferencia de Vidal, que ya contaba con uno sobre su espalda, era su primer debate televisivo, a pesar de los minutos que acumuló durante estos meses y que hicieron que se convirtiera en el candidato del oficialismo en territorio porteño.

El mismo caso de Milei, que nunca había debatido, que llegó con su asistente personal y con un grupo de dirigentes como Ramiro Marra, y que en la previa también se mostró nervioso. En el resto de los equipos de campaña aseguraban tras el debate que pagó esa inexperiencia durante todo el programa.

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