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Las dudas sobre el futuro del Frente de Todos

“Si en las elecciones perdemos por una diferencia mayor que en las PASO, se acabó el Frente de Todos y habrá que reconfigurar la coalición”, reflexiona con tono lapidario un importante funcionario cristinista. Por estos días un tenue optimismo cruza la Casa Rosada, no así el Instituto Patria, de poder recortar la ventaja que Juntos por el Cambio le sacó el 12 de setiembre. ¿Hay chance? Difícil.

El kirchnerismo ha volcado todo el aparato estatal para repartir a mansalva dinero y beneficios: viaje de egresados gratis para alumnos del secundario; suba del salario mínimo y de planes sociales; nuevo piso para el impuesto a las ganancias; créditos a pymes; jubilación anticipada; extensión del REPRO; programa para la ampliación de viviendas; plan para registrar a las empleadas domésticas; moratorias de la AFIP.

Hay preocupación en el oficialismo sobre el futuro de la alianza entre Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa. Ya nadie descarta algún nivel de ruptura si las cosas salen mal en la elección,, por las drásticas decisiones a tomar en el Gobierno.

La agresiva defensa de Cristina Kirchner de la decisión de Axel Kicillof de regalar viajes de egresados sólo porque fue calificada de lo que es, una medida electoral, refleja el estado de ebullición y de debilidad en la que se encuentra el Frente de Todos. El gobernador bonaerense era hasta hace poco su predilecto para suceder a Alberto Fernández en 2023.

Lo que el Gobierno no ve, es que el reclamo de los sectores más golpeados no se reduce a más planes. Sí así lo fuera, el kirchnerismo no habría perdido las PASO porque hoy la mitad de la población –unos 22 millones de personas- reciben subsidios. ¿Entonces? Un termómetro que pasó desapercibido fue el encuentro del Presidente con L-Gante, el chico de 21 años que irrumpió con su música pero también con su historia. Un sobreviviente, más que un producto del kirchnerismo como quiso venderlo Cristina, al decir que logró su primer éxito con una notebook que le regaló el Estado. Pero no fue así porque ya había dejado la escuela, como tantos.

Lejos del efecto esperado, la charla en Olivos le generó a L-Gante una ola de reacciones negativas. Tuvo que difundir una carta explicando que había sido su idea conocer a Alberto Fernández, y no al revés. “Se nos cayó un ídolo, no te dejes comprar!”, “Nooo mal ahí”, “No te quemeee”, “No te metas en esa pa…los políticos solo te usan”, “Te vendiste sos alto logi”, fueron las frases de algunos de sus 3,8 millones de seguidores en Instagram.

El Gobierno sigue teniendo graves problemas de comunicación. Por eso puso buena parte del mensaje en manos del catalán Antoni Gutiérrez-Rubí. Fernández siempre se jactó de ser un experto comunicador y, cuando llegó al poder, denostaba las prácticas y estrategias del macrismo.

Las crisis siempre reflejan actitudes extremas, sobre todo cuando hay que revertir un resultado. Por eso el mandatario rápidamente se entregó a los vagos conceptos del catalán: “necesitamos salir del no al sí”. Las comparaciones son inevitables. Hace más de 60 años con la voz de Cacho Fontana, nacía el éxito publicitario de galletitas “Dígale sí a Express, dígale sí a Terrabusi”. Terminó siendo utilizado eficazmente por la política con la frase de campaña de quien luego ganaría la presidencia: “Dígale sí a Frondizi”. Nada nuevo bajo el sol. Otra vez, ¿alcanzará con eso para revertir la pésima comunicación del Gobierno”.

Para Gutiérrez Rubí y para cualquier profesional, mejorar la comunicación política del Frente de Todos, es una tarea es titánica.

Debe lidiar con reacciones como la de Axel Kicillof que confirmó lo que la mayoría sostiene, que “la actividad económica se está recuperando pero la distribución del ingreso está peor de la prepandemia y no se genera empleo con la misma velocidad”. Ergo, hoy se está peor que en diciembre de 2019 cuando dejó el gobierno Mauricio Macri, que había fracasado.

Debe mirar cómo la Casa Rosada recurre a la ex periodista y actual diputada Gabriela Cerrutti, una dirigente cristinista que confronta permanentemente con la oposición y que luego del traspié electoral, afirmó: “Creo que no necesitamos ni amigos, ni amantes en el gobierno. Necesitamos cuadros políticos con convicción”.

Debe batallar con el discurso de Máximo Kirchner, líder de La Cámpora, que en el acto de Chicago primero, les exigió a los argentinos que “se involucren”, cómo si la mala gestión también fuera culpa de la sociedad. Habló de haber sido “rehenes de la pantalla” durante la pandemia y por eso llamó a “dejar los celulares de lado” y de “basta de redes sociales virtuales”. Máximo desconoce que en la Argentina sobre una población de 45 millones, hay más celulares (55 millones) que habitantes y que casi el 80% de los argentinos tienen participación activa en las redes, según un informe de We are social y Hootsuite.

Como dato extra, el hijo de la vicepresidenta cerró su participación en el acto, en el que la mayoría de los presentes eran beneficiarios de planes, con una frase poco feliz: “De pie, a caminar rancho a rancho, casa a casa, y a construir una victoria”. Reivindicar el “rancho” en vez de alentar la desaparición de las villas para convertirlas en viviendas dignas, es cuanto menos erróneo. Durante 12 años de kirchnerismo y los 2 actuales, no fue erradicada ni una villa y, por el contrario, crecieron.. Peor aún es que Máximo Kirchner venía días antes de responder en una entrevista a la pregunta “¿Qué necesidad tenés de tener tantas propiedades?” Y esa tarde en el acto hablaba ante muchos que no tenían siquiera una.

Para colmo, la estrategia K de subir a Macri al ring no resultó en la primera elección y en Juntos por el Cambio están agradecidos. Mientras el kirchnerismo hace foco en el ex mandatario, Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich recorren el país, alimentan el clima preelectoral y respaldan a sus candidatos con el objetivo de bloquear el quórum que Cristina ostenta en el Senado.

Larreta estuvo en Córdoba, Chaco, Formosa, Salta y Santiago del Estero. Y seguirá con sus visitas a Chubut, La Pampa, Santa Fe, Entre Ríos. “Va a apoyar a los candidatos para consolidar el triunfo de las PASO. Está muy sorprendido por el recibimiento y la respuesta de la gente”, señalan en el entorno del alcalde porteño. Nadie quiere admitirlo ni adelantar los tiempos, pero Larreta nunca había hecho visitas al interior de campaña y está muy satisfecho porque es una manera de ir conociendo el terreno para la campaña del 2023.

Los viajes son coordinados con los de Patricia Bullrich, que también recorre las provincias difundiendo su campaña “Cinco senadores para empezar a cambiar el país”, el número que la oposición necesita para sacarle la mayoría a la vicepresidenta. Así, elaboró un video con los candidatos a senadores de Catamarca, Santa Fe, Córdoba, Tucumán, Chubut, Corrientes, Mendoza y La Pampa.

La relación oficialismo-oposición pasa por su peor momento, al nivel que desde el cristinismo ya empiezan a acusar a Juntos del Cambio de no sostener la gobernabilidad.

El vínculo de Alberto Fernández con Larreta está roto. La Ciudad tiene en estudio un plan para solucionar la situación del microcentro porteño, desértico y con cientos de oficinas y locales vacíos. La idea sería convertir la zona en un nuevo barrio de viviendas. Para ello, la Ciudad necesitaría de créditos de organismos multilaterales. “Nación nunca nos daría los avales que necesitamos”, admiten en el gobierno porteño.

Nada hace predecir que la relación mejorará; menos, en caso de un triunfo de Juntos por el Cambio.

Quizás por estrategia o tal vez para no volver a pasar por el papelón del domingo 12 de setiembre donde a la mañana se mostraba radiante y a la noche no podía ocultar su furia, Cristina ya no esconde su diagnóstico. Hace unos días hizo trascender que el 14 de noviembre la derrota del Frente de Todos será peor. Si así fuera, el verano podría ser un éxito turístico, pero un fracaso institucional.

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