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A 50 años de la trágica muerte de Norma Fontenla y José Neglia, primera figuras del Colón

Hace 50 años se produjo una de las más grandes tragedias de la vida cultural argentina: el 10 de octubre de 1971 nueve bailarines del Teatro Colón, entre ellos las populares figuras de Norma Fontenla y José Neglia que encabezaban el elenco, murieron en un estúpido y fatal accidente de aviación en las costas del Río de la Plata.

Habían partido del Aeroparque y se dirigían a Trelew como parte de una serie de giras que auspiciaba la empresa de bebidas gaseosas Pepsi. Se supone, con bastante certeza, que la avioneta llevaba demasiado peso en escenografía y decorados y que, ante el riesgo de una caída por la falla de un motor, los bailarines se precipitaron a la parte trasera del aparato provocando un funesto desequilibrio.

La avioneta cayó inmediatamente en el Río de la Plata. Afirmar que la muerte de estos bailarines resultó una pérdida irreparable para el Teatro Colón es un modo de decirlo que apenas roza las verdaderas dimensiones de esa pérdida.

Neglia y Fontenla integraban el ballet que ese 10 de octubre del ’71 viajaba precariamente rumbo a Trelew.

La década anterior había representado un período brillante para la danza en el Colón: no sólo por las grandes visitas extranjeras –la compañía de Maurice Béjart, Rudolf Nureyev como bailarín invitado del Ballet, la gran coreógrafa moderna alemana Dore Hoyer-, sino también porque por primera vez el Ballet del Colón contaba con una producción propia y completa del archiclásico Lago de los cisnes.

Fue creada por el coreógrafo británico Jack Carter (versión recordada y añorada hasta el día de hoy). El año anterior, 1962, Carter había montado también una extraña obra de cámara llamada El niño brujo, en la que José Neglia hacía un papel muy conmovedor.

Neglia & Fontenla, una pareja de alto vuelo

Neglia y Norma Fontenla formaron una pareja escénica descollante, pero, más allá del peso particular que tenían, todo el grupo formado para aquellas giras por el interior del país constituía, en conjunto, una gran embajada artística del Ballet del Colón. Varios de estos bailarines, por otra parte, estaban casados con integrantes de la compañía oficial y tenían hijos pequeños.

Por lo que las consecuencias de la tragedia se prolongaron en el tiempo y afectaron la vida futura del Ballet. Hay que agregar que miles y miles de personas pasaron por el Salón Dorado del Teatro Colón donde fueron velados los cuerpos de los bailarines.

Tres años antes, en 1968, el Ballet del Colón había sido invitado a participar del Sexto Festival Internacional de Danza de París, que tenía carácter de concurso y estaba patrocinado por André Malraux, ministro de Cultura de Francia. Neglia era el protagonista de dos obras: Usher y El niño brujo, papeles que hacía de manera tan extraordinaria que el Ballet del Colón obtuvo un premio gracias a él.

La crítica parisina subrayó su originalidad como bailarín, su personalidad, su vehemencia, su poderío y su inteligencia escénica. José Neglia fue premiado en París con la medalla de oro al mejor bailarín y Norma Fontenla también fue reconocida como mejor bailarina en aquel momento por la revista Opus.

En el Sexto Festival Internacional de Danza de París, Neglia recibió la medalla de oro como el mejor bailarín.

Fontenla ya tenía un brillante recorrido internacional y el mismo año de su muerte, pocos meses antes, había sido elegida por Rudolf Nureyev como protagonista de Cascanueces en la versión creada e interpretada por el propio Nureyev.

Hace pocos años, en este diario, se publicó una entrevista con Sergio Neglia, hijo de José, también bailarín y director de su propia academia y compañía de ballet en Buffalo, Estados Unidos.

En el nombre del padre

Así recordaba Sergio a su padre: “Me crié en el Teatro Colón. Mi mamá, Bambi Pérez, me amamantaba y después entraba al ensayo. Pero ellos no esperaban que yo fuera bailarín. Mi vocación infantil era ser bombero y mi papá quería para mí una carrera de marino mercante“.

“Yo no tenía idea de que mi viejo era una estrella del Colón”, reconoció a Clarín Sergio Neglia, tan bailarón como su padre.

Y cierra: “Yo tenía siete años cuando murió y conservo recuerdos muy vivos. Mi viejo era un tipo relajado: se iba a pescar, a cazar; cocinábamos juntos y pintábamos a la noche hasta que mi vieja gritaba: ‘¡José, llevá a ese chico a la cama!’. Pero yo no tenía idea de que era una estrella del Colón; era otra época, el concepto del primer bailarín como un ídolo no existía”.

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