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Tyson Fury esta vez no dejó dudas y retuvo la corona con un contundente nocaut frente a Deontay Wilder

Tyson Fury se adueñó este domingo del tercer y último capítulo de una polémica trilogía ante Deontay Wilder. El británico fue de menor a mayor en un combate que tuvo pasajes por demás emotivos, se impuso ante el boxeador estadounidense por nocaut en el undécimo asalto y retuvo el título mundial de los pesos pesados del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) en el T-Mobile Arena de Las Vegas.

Una estrategia inteligente, la capacidad para reponerse ante los momentos desfavorables y una mejor condición física que su rival para afrontar la segunda mitad del combate, fueron las claves de la victoria del pugilista nacido en Manchester hace 33 años, ante un Wilder con el que había empatado la primera pelea, en diciembre de 2018, y al que había vencido en la segunda, en febrero de 2020.

Wilder fue quien propuso en el primer asalto, aunque lo hizo tibiamente, con tímidos jabs y avances cautelosos. No fue sino hasta el último minuto que el estadounidense logró achicar la distancia con el inglés y conectar sus golpes con plenitud, aunque sin precisión ni fuerza.

El retador, sabiendo que debía hacer el desgaste, continuó con su intención de ir en busca de Fury, pero éste le enredó el combate, lo llevó al clinch de manera permanente y no solo le quitó ritmo sino también piernas, distancia y, por consiguiente, grietas por las cuales filtrar los golpes.

Tyson Fury besó la lona en dos ocasiones, pero supo reponerse. Foto: AP Photo/Chase Stevens

El tercer segmento tuvo a Wilder nuevamente en ofensiva con derechazos potentes sobre la humanidad de su rival, que resistió esos embates y, con poco más de 30 segundos por delante, sorprendió al estadounidense con una combinación certera que lo desmoronó sobre la lona

Wilder se levantó y superó la cuenta del árbitro. Visiblemente sentido, tuvo en la campana a su principal aliado para sortear su primer momento complicado de la velada.

La balanza se inclinó definitivamente para el lado opuesto en el siguiente asalto, el cuarto. Wilder acertó un golpe de derecha en el rostro de Fury y lo derribó. Segundos después, se aprovechó de un rival de piernas momentáneamente frágiles y nuevamente lo tiró con otro impacto certero. El final del round, esta vez, benefició al campeón.

El quinto y sexto período fue utilizado por ambos para recuperar oxígeno. El desgaste del inicio pareció pasarles factura al quitarle piernas y precisión a los golpes. Sin embargo, el británico rompió con esa tendencia en el séptimo, con un uppercut a la mandíbula que hizo zapatear al retador.

Fue el inicio del fin para las esperanzas para Wilder. Jadeando, y a todas luces disminuido físicamente (el médico lo examinó antes de iniciar el noveno asalto), el estadounidense comenzó a ser sometido boxística y psicológicamente por Fury.

Tyson Fury se quedó con el tercer y último capítulo de la trilogía ante Deontay Wilder. Foto: AP Photo/Chase Stevens

Pese a algunos indicios de que todavía podía dar pelea, Wilder no pudo contener a Fury en el décimo, y nuevamente visitó la lona. Los fantasmas de una nueva detención comenzaron a rondar nuevamente por el rincón del norteamericano, que de todos modos demostró guapeza al por mayor y no se rindió fácilmente.

Fury le sacó ese peso de encima al rincón de su rival en el undécimo round, cuando nuevamente conectó con dureza a Wilder, quien ya no se pudo levantar. Así, el inglés conservó su invicto de 32 contiendas y le propinó a su oponente, de 35 años, la segunda derrota de su historial de 45 peleas.

Los antecedentes

El 1 de diciembre de 2018, estos viejos conocidos se habían visto las caras por primera vez en el Staples Center de Los Ángeles. Por entonces, ambos tenían un récord perfecto: Wilder había ganado sus 40 combates profesionales en fila (39 por nocaut) y Fury se había impuesto en sus 27 presentaciones (19 antes del límite).

Esa noche empataron en un duelo en el que la mayoría de los especialistas vio ganar al británico, pese a que había caído en el noveno y en el 12° asalto. Ese resultado permitió que el estadounidense retuviera el cetro del Consejo y dio lugar a una revancha.

El desquite se consumó el 22 de febrero de 2020 y esa vez el inglés no dejó dudas: derribó a su adversario en el tercero y en el quinto antes de que Mark Breland, uno de los asistentes de Wilder, tirara la toalla en el séptimo.

El perdedor jamás asimiló esa derrota: despidió a Breland, a quien le achacó haber colocado un relajante muscular en su botella de agua, acusó a Fury de haber adulterado los guantes que usó esa noche y señaló que el árbitro Kenny Bayless estaba ebrio durante el pleito.

Ninguna de esas fabulosas imputaciones encontró una pizca de respaldo en los hechos, por lo que al excampeón solo le quedó el camino de intentar ejercer la cláusula de derecho a una tercera pelea que contemplaba el contrato.

La discusión empantanada fue la que llevó a la disputa legal que derivó en este combate, que inicialmente estaba programado para el 24 de julio y debió postergarse luego de que Fury y algunos miembros de su equipo dieran positivo en un test de covid-19.

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