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Efecto esponja y protección contra el viento: las claves para un buen riego

Las lluvias y el rocío no alcanzan para satisfacer la demanda de agua constante de los cultivos para crecer saludables.

Llega el verano y tus plantas necesitan más agua.

Luego del equinoccio de primavera, aumentan las horas de sol y en consecuencia la temperatura. Es el momento de incrementar los aportes de agua en la huerta.

A la hora de regar

Las raíces de las verduras y las hierbas absorben el agua que contiene los nutrientes en solución. Una parte de esta agua se pierde a través de las hojas por transpiración. La intensidad de la transpiración está en función de la temperatura, de la luz, de la humedad relativa y del efecto del viento. Todos estos factores tienen una acción directa sobre la absorción del agua por medio de las raíces. Si la transpiración excede a la absorción, las hojas comienzan a marchitarse para reducir la pérdida de agua por transpiración. En consecuencia, se reduce también la velocidad de crecimiento. Esto se evidencia en un menor desarrollo de los tejidos que en lugar de estar jugosos e hidratados se vuelven coriáceos, duros y hasta fibrosos. Este efecto, se percibe fácilmente en las hojas de las lechugas y de otras verduras de hoja al aumentar la temperatura.

A lo largo del año

Las verduras se mantienen tiernas y sanas mientras no les falte agua en la cantidad correcta. La frecuencia de riego ideal, será regular y estará en función de la especie cultivada, su estado vegetativo y la estación del año.

En verano los riegos deben ser diarios y es conveniente evitar las horas de sol fuerte. Se estima que se necesitarán de 3 a 5 litros de agua por m² de suelo. En invierno deben ser más espaciados y en las horas de sol. Los volúmenes de agua para el riego varían dependiendo de la latitud, del tipo de suelo y de los vientos dominantes de la zona.

Efecto esponja

La incorporación de compost, aumenta la capacidad de retener el agua, como si fuera una esponja. Esto es vital en los suelos arenosos donde el agua se escurre rápidamente y no puede ser absorbida por las raíces. En los suelos pesados y compactos tiene el mismo efecto absorbente. Además, los vuelve más livianos y facilita el desarrollo de las raíces. En las macetas, la incorporación de perlita agrícola, “reservará” agua en su estructura para ponerla a disposición de las plantas en los momentos de mayor demanda.

Ahorrando agua

Hay medidas sencillas que evitarán que haya pérdidas mayores de agua por evaporación y transpiración en la huerta.

1. Implantar protecciones para filtrar el viento: puede ser un enemigo peligroso porque “deshidrata” las plantas. Una alineación vegetal que aísle la huerta y lo frene es la solución que parte desde el diseño de la misma. En las zonas muy ventosas, armar un cerco de malla tipo “media sombra”, será la solución instantánea. En la ciudad, se puede recurrir a elementos más estéticos como cañas, juncos o mimbres que atenuarán el efecto de las ráfagas más fuertes en balcones y terrazas.

Los cercos vivos adornan y protegen del viento. (Foto: TN.com.ar)

2. Colocar coberturas naturales: la paja seca, los cortes de césped, las hojas secas o las cortezas que mantienen el suelo fresco, retienen la humedad y lo protegen de los efectos del sol y del viento. Con el tiempo esta cobertura (mulch) pasará a formar parte de la materia orgánica del suelo, por lo tanto, hay que reponerla con cierta frecuencia. Si bien en la ciudad es más difícil encontrar estas coberturas naturales, se puede recurrir a los chips de corteza que se venden en los viveros.

Un elemento para medir la cantidad de agua caída. (Foto: Adobe Stock)

Pluviómetro, el medidor de lluvia

Si bien el Servicio Meteorológico aporta los datos sobre la cantidad de agua caída, cada parcela es única y puede haber gran variabilidad de un lugar a otro. Para tener datos concretos y exactos del volumen de agua caída, se utiliza un sencillo instrumento de medición: el pluviómetro. Este presenta una escala graduada en milímetros, donde 1 mm equivale a 1 litro de agua por metro cuadrado de superficie. Por ejemplo, si se lee 10 mm en el tubo, significa que la cantidad de agua caída fue de 10 litros por m2. Para evitar, sobre o subestimaciones, es conveniente colocarlo a una altura de 1,5 m y en un lugar libre de obstáculos (ramas de árboles cercanos, aleros, etc.). En general para tener un buen registro, los datos se toman cada 12 horas.

Este instrumento fue inventado en Corea en 1441, durante el reinado de Sejong El grande. Consistía en un recipiente de bronce que incluía una regla y de esta forma poder medir la cantidad agua caída.

Tip: “Al regar, es recomendable incorporarles a las regaderas y a las mangueras una flor fina para disminuir el golpe del chorro del agua en el suelo”

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