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Orquesta Filarmónica de Río Negro: el “experimento” que cambió el paisaje musical de la Patagonia

Mientras el sol va buscando donde esconderse en la tarde de Cipolletti, en la sala del Centro Cultural local, los músicos de la Orquesta Filarmónica de Río Negro dependiente de la Secretaría de Estado de Cultura de Río Negro, ajustan los últimos detalles antes de que su creador y director, Martín Fraile Milstein, ponga en marcha el último tramo de ensayo de la jornada.

Esta vez, con la presencia del compositor Guillo Espel, recién llegado directo y sin escala desde el aeropuerto de Neuquén, para escuchar cómo suena su Concierto para trompeta y orquesta sinfónica 24 horas antes de su estreno mundial, con Fernando Ciancio, primera trompeta de la Filarmónica de Buenos Aires como solista invitado.

Espel, también director, guitarrista y arreglador musical, cuya trayectoria va de la producción de material orquestal a los arreglos para figuras como David Lebón, Abel Pintos, la Camerata Bariloche y Pedro Aznar, entre muchas otras, pasando por sus propias interpretaciones en plan de cuarteto y quinteto, celebra la ocasión “inusual” de que una obra sinfónica nueva no quede en la partitura.

El tridente creativo: Martín Fraile Milstein, Fernando Ciancio y Guillo Espel, en una charla que irá al documetal de la Orquesta. .

“Soy un afortunado -dice, mientras se acomoda al costado del conductor en plan de espectador privilegiado-. ¿Sabés lo dificil que es que te estrenen un trabajo sinfónico?“, pregunta en un tono que lleva la respuesta implícita.

Frente al atril principal, a las 19.30 Fraile Milstein da la orden de largada, y la orquesta va. “Todo está muy bien con la dinámica, pero lo haría un poco más lento”, sugiere Espel. Y va de nuevo desde el compás… “Trabajaste muy bien la polirritmia”, elogia el padre de la criatura, aunque matiza el mimo con un par de cuestiones “a corregir”.

“Este es el problema de tocar obras de compositores vivos. ¡Hay que volver a Beethoven!“, bromea el director. En ese clima, sin solemnidades, la obra surgida durante la pandemia va encontrando su tono exacto y el final es coronado con un aplauso que prologa la peregrinación a Liverpool, el bar donde espera la cena compartida.

La OFRN en pleno ensayo, con Fernando Ciancio en plan solista.

Un rompecabezas de 69 piezas

Después, serán 20 minutos de micro -son dos- hasta el hotel Amucan, del otro lado del puente que por sobre el Río Neuquén une esa provincia con Río Negro, y que por la mañana los verá pasar nuevamente rumbo al Centro Cultural Cipolletti primero, y camino a Villa Regina por la tarde. Siempre, bajo la mirada atenta de Viviana Continanzo, la encargada de sincronizar tiempos y lugares.

No es tarea fácil, armar el rompecabezas de 69 piezas que habitualmente están repartidas a lo largo de los 1114 kilómetros que van de Viedma (24 integrantes) a El Bolsón (5), pasando por Villa Regina (7), General Roca (7), Cipolletti (12) y Bariloche (14). Todas, ciudades en las que la orquesta despliega su actividad a través de sus ensambles; la clave del modelo que Fraile Milstein puso en marcha en 2013.

La idea, cuenta, toma elementos del modelo de “asociatividad” que vio funcionar mientras estudiaba en la Universidad de Stanford, en California, que implicaba “una suerte de consorcio de “municipalidades” que se asociaban para armar una temporada compartida, y se complementa con el de desarrollo de las Orquestas-Escuela, que requería de gente en distintos lugares.

El director de la Orquesta Filarmónica de Río Negro, Martín Fraile Milstein, un gestor cultural.

La pregunta del millón, para Fraile Milstein era cómo hacer música con formato sinfónico, si al mismo tiempo necesitaba tener a la gente distribuida. La respuesta consistió, ante todo, en radicar a todos los músicos en la provincia, pero con la certeza de que el modelo de la orquesta concentrada en un solo lugar era impracticable en Río Negro.

Los orígenes son de lo más variados. Los hay de Córdoba, de Buenos Aires y Mendoza… Pero también de Irlanda del Norte, de Venezuela y… ¡Armenia! 

“No existía la posibilidad de radicar 65 músicos en Viedma. Nunca iba a conseguir nunca el apoyo político para hacerlo. La única forma posible era ésta. Entonces, los músicos conforman ensambles en cada comarca“, cuenta Martín. De ese modo, la OFRN mantiene una presencia permanente en cada región, y “hay una aprehensión orgullosa de parte de la comunidad”.

La sección de percusión de la Orquesta Filarmónica de Río Negro, que resultó esencial para el estreno de la obra de Guillo Espel.

Una noche en Villa Regina

Apenas pasaron 48 horas del reencuentro de los distintos ensambles después de varios meses de no verse las caras, y la orquesta a pleno ocupa el escenario del Teatro del Círculo Italiano “reginiano”, una bellísima sala circular para 1200 personas (en tiempos normales) inaugurada en 1952.

El programa comienza con unas variaciones de Aleksandr Glazunov, levanta vuelo con el Aire popular No.1 de Manolo Juárez y se completa con tres obras de Espel, que desde una butaca disfruta la interpretación de su trilogía, que comienza con Nieva en Cuyo, sigue con la pieza decididamente folclórica Ritual y su metáfora y se completa con el estreno de su Concierto para trompeta y orquesta sinfónica.

Luis Salva, concertino y uno de los músicos más antiguos en la formación.

Ya sin el eco de los aplausos, cuando no queda nadie bajo esa especie de aura que la luz proyecta desde el techo y sus compañeros se encaminan por la avenida Rivadavia hacia el Club Social, Luis Salva, integrante de la orquesta desde sus inicios y concertino, deja las emociones a un costado y hace hincapié en algún desajuste. “Se nota que no estábamos ensayando juntos”, comenta.

El violinista barilochense, que se incorporó a la Filarmónica tras estudiar varios años en Suiza con el maestro argentino Facundo Agudín, con quien comparte la condición de hijo de físicos, admite que durante la pandemia “se hizo un trabajo de música de cámara más intenso que antes, pero estuvo la ausencia de lo sinfónico”.

Aún así, Salva, amante del tango como de la música clásica, destaca el crecimiento de la orquesta desde sus inicios, cuando su ingreso a la formación lo obligó a dejar sin uso la pila de papelitos impresos con la promo de sus “clases por 100 pesos”. Y cuenta que aspira a en cada localidad se logre consolidar una orquesta de cámara.

La particular arquitectura de la sala de villa Regina, inaugurada en 1952, albergó a la OFRN.

Este es el aguante

Acá viernes se hizo sábado, y los micros ponen trompa a Neuquén. “Hay que tener aguante para resistir esto. Hace 15 días estábamos en Bariloche; en otros 15 días vamos a estar en Viedma. Y eso que en este momento la orquesta no trabaja completa; entonces, hay rotación. Pero si no, en 2019 fueron 12 giras“, dice el director.

Enseguida señala que el compromiso no sólo tiene que ver con los kilómetros, sino también con las jornadas. “Los ensambles de cámara, además de preparar el repertorio de la orquesta, tienen su propia vida y yo no dictamino lo que tocan. Los músicos se transforman en productores de lo que van a hacer”, explica.

Siempre, sin perder de vista la preparación del repertorio. “La idea es que, cuando el director baja la batuta en el primer ensayo, lo que tengan en la partitura lo tienen que tocar da capo de principio a final. No existe la lectura a primera vista en la orquesta. Hace mucho que la erradicamos. Entonces, cuando nos encontramos con la obra de Guillo, no era desconocida para ninguno de nosotros.”

Salir a tocar; integrantes de la Orquesta Filarmónica de Río Negro rumbo a una nueva presentación.

La vida entre Belfast, la Partner y El Bolsón

“Lo de ensayar poco para subir al escenario, no pasa tanto acá. Por ahí sí en Reino Unido o en los Estados Unidos, pero acá no. Y este proyecto es único, en eso. Entonces, depende mucho del trabajo individual de los músicos. Los que tocan en esta orquesta tienen que estar muy despiertos, al momento de sentarse a tocar”, dice Martín Pike. 

Pike, que nació en Belfast, hace 41 años, cuenta que mientras con su pareja y a bordo de una Partner convertida en “motorhome” buscaban un lugar donde vivir de la manera que deseaban hacerlo, “en contacto con la naturaleza”, en un diario de San Martín de los Andes vieron la convocatoria a audiciones para violinistas.

Martín Pike vino desde Irlanda en busca de una nueva vida y la encontró en la Orquesta Filarmónica de Río Negro.

“Son esas cosas que la vida te tira. Tenía un mes para preparar el repertorio, y donde parábamos bajaba de la Partner a estudiar. Por ahí estaba yendo por la ruta, y me ponía a tocar en la banquina, con los autos pasando… También en El Bolsón, donde habíamos hecho unos amigos”, recuerda Martín, quien pasó a ser parte de la orquesta a pocos meses de haber llegado a la Argentina.

Pike, que vive con su pareja en las afueras de El Bolsón, “un poco arriba en la montaña” y que tiene una hija de casi cuatro años y otra de tan solo 11 meses, recuerda que primero viajaba a Bariloche para tocar con el grupo de cámara de la ciudad hasta que en 2020 formaron un trío en El Bolsón, que con la última “apertura” se convirtió en quinteto. 

¿Y el invierno? ¿No es demasiado duro? “Suele ser. Pero eso es uno de los indicadores de la vida que cada uno busca. Un compañero me describía cómo vivía en Buenos Aires y me decía que vivía en un departamento chiquito, que iba a todos lados en moto y toda la vida así. Yo no podría vivir así. En cambio, el primer invierno en El Bolsón hacía 18 bajo cero. Eso sí me lo banco“.

Hoy se graba y se stremea

La postal de este sábado 12 de septiembre a la mañana frente al Amucan es algo atípica. Chelos, violines y vientos se arremolinan en la vereda mientras los contrabajos intentan abrirse paso en dirección a los “omnibus”. Una vez más, el destino es el Centro Cultural Cipolletti. Hoy se graba; y como la cosa va de audio y visuales, el vestuario es de estricto blanco y negro.

A punto de salir, la Orquesta Filarmónica de Río Negro gira por toda la provincia.

Mientras desde la isla del operador Aldo Milanesi repasa el seteo de los 30 micrófonos distribuidos sobre el escenario y los encargados de registrar las escenas que irán a parar a un futuro documental de la OFRN, Ciancio calienta motores para lograr una mejor versión que la de anoche del Concierto de Espel. Que, por supuesto, intentará mejorar aún más esta tarde, para el publico presencial y el streaming.

“Siempre es distinto”, asegura el trompetista, que revela que la idea de la obra surgió de un ida y vuelta que mantuvo con Guillo dos años atrás durante un ensayo de los conciertos que, en formato sinfónico, Abel Pintos dio en el Movistar Arena. De algún modo, ambos recorrieron juntos el camino que en unas horas tendrá su primer punto de llegada.

“Uno puede tocar la misma obra treinta veces, y nunca una será igual a la otra”, agrega Ciancio, a quien Espel califica “la primera trompeta de la Argentina”. Y el músico, haciendo honor a un título del que no reniega pero que limita al ámbito de la música clásica responde con gracia, alternando fragmentos de La cucaracha, Manuelita y la Quinta Sinfonía de Beethoven

Fernando Ciancio exhibió un manejo notable de su instrumento y se jugó con el buen humor.

Él tiene su propio micrófono, como también los tienen a modo de referencia los primeros de cada fila: el primer violín, las violas, los chelos… MIlanesi, junto a sus compañeros de equipo, llevan dos días de trabajo en busca del balance para el streaming, la grabación multitrack y el sonido que va a sala, y una seis horas de registro de la obra, que en verdad dura 22 minutos. 

Después vendrá la mezcla, y más y más horas de una edición que requiere de una paciencia y un oído aguzado. “A diferencia de lo que pasa en un estudio -explica el operador- acá, si hay un error del violín, no se borra sólo ese fragmento de violín, sino los 30 canales en bloque, porque todos los micrófonos comparten los instrumentos que toman”. Menudo trabajo. 

La previa, y los integrantes de la Orquesta en camarines, calentando motores.

Rumbo a la recta final

La pasada matinal fue un éxito. Espel, Fraile Milstein y Ciancio parecen haber encontrado la sintonía perfecta, y lo que queda por delante es sólo disfrute. Algo parecido a lo que trasmiten Clara Nardozza y Sofía Zabalza mientras tocan y cada vez que coronan su ejecución con un abrazo final.

Violistas las dos, mientras la primera es una integrante de la formación de la primera hora, la segunda lleva apenas un mes en la grilla. De hecho, Clara, de 40 años, es una de las que aprobó el desempeño de Sofía, de 24, en su audición. Una decisión que la obligó a mudar su vida de “Córdoba capital” a Viedma, donde dice que encontró una enorme contención de parte de sus flamantes compañeros.

Para Sofía, era intentar entrar en la Filarmónica o seguir esperando que la maquinaria se pusiera en movimiento en su provincia.

Clara Nardozza y Sofía Zabalza, dos violistas que comparten la fila y las experiencias en la Filarmónica de Río Negro.

“Me agarró la pandemia en pleno crecimiento instrumental y en Córdoba estaba muy parado todo: orquesta, cuarteto, el teatro estaba cerrado… Salió esta oportunidad, que es una de la pocas orquestas que siguió funcionando, y entré”, dice la violista, que el próximo 18 de septiembre entrará a grabar con su ensamble, con el que en octubre tocará en Río Colorado.

En cambio, en 2013 Clara tenía todo para mantener su cargo en la Orquesta de Tango de Buenos Aires, que “es algo que todo el mundo quiere tener: estabilidad, un buen sueldo”; así como su marido, cornista, lo tenía en la Estable del Colón. “Cuando dejamos todo para venirnos acá nos miaron como si estuviéramos locos”, se ríe.

Pero enseguida suma argumentos a su risa. “Esta orquesta puede crecer muchísimo y no hay nada que envidiarle a las de Buenos Aires. Además, te permite traer solistas regrosos que vienen como invitados. En lo próximo viene Pablo Agri, más adelante Ramiro Gallo, que son músicos con los que yo toqué. Así que nada para extrañar. Puedo evitar ir a Buenos Aires”.

El corno que llegó desde Armenia

Quien tampoco tiene la menor intención de ir a Buenos Aires es Atrashes Guloyan, a quien en la orquesta prefieren llamar Artiom, quien en 2013 decidió poner punto final a su intento por sortear las dificultades económicas y políticas que su Armenia natal le ponía por delante, para viajar de Erevan a General Roca sin escalas para sumarse al proyecto de Fraile Milstein.

Atrashes Guloyan dejó su Armenia natal por cuestiones económica y políticas, para aterrizar en la OFRN desde sus inicios.

“Mi papá es cornista, como yo, y mi mamá violinista. Ellos habían viajado un par de años antes. Yo me quedé, y como los sueldos no rendían tenía que hacer algunos negocios para poder vivir”, explica el músico.

Y sigue: “Empecé con una tienda chiquita de audio y video y en dos años crecí a una red de perfumería y juguetes con 15 empleados. Pero llegó la crisis económica al mismo tiempo que la gente que trabajaba en el gobierno recibió mucho poder, y molestaban, molestaban… Era volverse loco o irse del país“.

Artiom admite que a partir de la herencia de lo que fue la Unión Soviética en lo musical, las secciones de cuerdas tiene un nivel muy alto en Armenia, y advierte que en la Argentina están en un nivel más bajo; aunque no así los vientos.

Artashes Goluyan cambia su rol de cornista por el de fotógrafo para retratar a Guillo Espel con uno de sus compañeros.

“Pero en Rio Negro -destaca- está subiendo mucho el nivel musical. Vi un progreso tremendo, una proyección hacia adelante y ganas de trabajar, algo que, quiero ser sincero, no se ve tanto en la Argentina. Y me sorprendió que Martín haya encontrado la manera de dividir la orquesta y conseguir la manera para seguir produciendo”.

Para el cornista, Buenos Aires no es una posibilidad de crecimiento. “Es una ciudad en la cual la gente no disfruta la vida”, dice en un español más que discreto, que confiesa que le costó mucho aprender. “A mí, por alguna razones, hubo momentos en los que me convenía ir. Pero acá tengo mi familia, mis hijos…”

¿Y Armenia? “Tampoco; porque no están mejorando las cosas. Recientemente, en septiembre de 2020, pasamos el conflicto con Azerbaijan (la segunda guerra del Alto Karabaj) y me afectó muchísimo. Estuve tres meses como desconectado del mundo, por haber visto cómo matan a los jóvenes por nada. Solucionar eso va a llevar años y años; y la vida es corta”, reflexiona.

En busca de una vida mejor

También Yramalu Gómez Goncalves, cuyo primer nombre es una contracción de los de sus abuelos Yrma, Ramiro, Manuel y Lucía, llegó a la orquesta dejando atrás su país natal. Sólo que en lugar de sus padres, fue su hija mayor la primera que abandonó la Venezuela castigada por Nicolás Maduro.

“A los 10 meses me vine con mi hija menor. Y luego se vinieron mis papás, mis hermanos, mis cuñados; todo el núcleo familiar, huyendo de nuestro país. Por razones obvias”, relata.

Formada en el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela fundado por José Antonio Abreu, donde fue tallerista y formadora y cuyo presente describe con un gesto de resignación, la violinista tocó en la Orquesta del Estado de Valencia y llegó a tocar también en Colombia.

Yramaru, en la previa del Concierto del sábado: la orquesta la devolvió a su lugar de violinista, tras siete años de inactividad.

Sin embargo, llevaba siete años inactiva, cuando una compatriota que es parte de la OFRN le insistió para que le escribiera a su director. Para entonces, Yramalu ya había probado suerte tocando en una estación de subte porteño. “Me llevó mi hija. Fue una experiencia un tanto extraña, porque no estaba acostumbrada a tocar así, en la calles”, confiesa.

-¿Te costó? “Sí, porque uno no entiende qué es eso. Te tiran dinero, y es como una limosna. Los primeros 15 días lloré muchísimo. Pero eso me formó más como persona. Conocí mucha gente muy valiosa, tocando, cantando…”

El itinerario de la violinista incluye un regreso a su país, a los tres meses de haber llegado al nuestro -“por cuestiones personales”- y una nueva llegada a la Argentina, siete meses más tarde. Esta vez, Yramalu fue a Córdoba, desde donde se conectó con la Filarmónica rionegrina. Y de inmediato, un mail, el pedido de un video y la convocatoria para sumarse a una gira en Bariloche y audicionar.

“Me iba a morir. Era un reto. Mi termómetro. Tras siete años de inactividad, tuve ocho días montando una cantidad de partituras… Finalmente, llegué a Bariloche, y cuando me senté en la fila, me enamoré de la Filarmónica”, resume Yramalu, para quien el promedio de edad de sus compañeros, que ronda los 30 años -unos cuantos menos que los que lleva puestos- fue un desafío a la vez que un estímulo.

Orquesta Filarmónica de Río Negro: La formación convoca músicos de distintas partes del país y también del extranjero.

Al mismo tiempo que resalta el modo en el que su conductor hace trabajar a la orquesta, reconoce que no estaba en su cabeza la posibilidad de volver a tocar y ser parte de una orquesta. Por esa misma razón, asegura que va a “ser más fiel que nunca”. “Me siento con ese sentido de pertenencia… Tengo un año y medio con la orquesta y cada día me enamoro de lo que hacemos a diario”, concluye.

Concierto final y bis

Esta vez, el poco tráfico de sábado a la hora de la siesta parece haber acortado la distancia que separa al hotel del Centro Cultural Cipolletti, donde en un rato la gente que comienza a formar una fila frente a su entrada principal asistirá a una interpretación fantástica del programa que Martín Fraile Milstein diseñó sin más guía que su propia decisión.

“Cuando voy a programar, lo externo ni siquiera forma parte de mis inquietudes. No forma parte de mis preocupaciones”, sintetiza el músico, que cuenta que el proyecto del disco incluye, además del Concierto de Espel, obras de Juan Falú, Antonio Agri y Claudio Alsuyet, entre otros compositores argentinos.

Pero ya habrá tiempo para hablar de ellos. Ahora, en cambio, Glazunov empieza a sonar en las 28 cuerdas que transitan sus variaciones con mayor autoridad que la noche anterior, la obra de Manolo Juarez parece haber cobrado mayor ímpetu y profundidad y Nieva en Cuyo se revela como un poema sonoro al que uno podría inventarle una letra en tiempo real.

El eufórico saludo final del tridente que impulsó el estreno del Concierto para trompeta y orquesta sinfónica de Guillo Espel.

En ese marco, enseguida la intensidad de Ritual y su metáfora se amplifica y se proyecta como una previa ideal para el “segundo” estreno del Concierto, que esta vez se abre en toda su dimensión, a medida que trompeta y orquesta dialogan, se disputan el protagonismo, se complementan y superponen según la voluntad del creador de la obra y sus intérpretes.

En ese caos diseñado con notable precisión por Espel, el desenlace liderado por Ciancio suena a celebración final. Similar a la que en breves instantes, tras una exquisita versión de Somewhere Over the Rainbow que el trompetista regala a modo de bis, y encabezada por el tridente compositor-director-solista suma al resto de los músicos.

Entonces, algo que hace una horas Fraile Milstein ensayó como explicación del auspicioso presente que vive la Orquesta potencia su significado de manera exponencial.

“No sé si lo podría explicar basado en una sola cosa, sino que es una conjunción de varias. Hay un armado en el que tengo un fuerte liderazgo; pero intenté construirlo desde un lugar en el que la autoridad no se basa en el uso del poder, sino en poder compartir sueños en común“, señala.

Hasta la próxima. Después de cada gira cada uno regresa a su localidad a la espera del nuevo encuentro de todo el cuerpo orquestal.

Y concluye: “El único motivo por el que toda esta gente está acá es porque quieren hacer música. No hay ninguna persona acá que no quiera hacer música. Tienen esa energía. Y tienen una ambición muy grande de tocar y hacer las cosas bien. Esa es la fuerza. El motor”. 

E.S.

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