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Para evitar el avance del calentamiento global, advierten que para 2050 el 60% del petróleo mundial no debe ser explotado: cómo impactaría en la Argentina

Casi el 60 % del gas metano emitido por combustibles fósiles y el 90% de las reservas de carbón deben permanecer en el suelo sin explotarse antes de 2050 para poder tener “al menos un 50 % de probabilidades” de limitar el calentamiento global a 1,5 grados, según un estudio realizado por un equipo británico de investigadores y publicado esta semana en la prestigiosa revista científica Nature.

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Científicos de la University College London (UCL) alertaron que muchos proyectos de extracción de combustible fósil que ya están programados no conducirán a lograr el cumplimiento de los objetivos climáticos fijados a nivel internacional en el Acuerdo de París en 2015. En este sentido, estiman que la producción de petróleo y gas debe rebajarse en un 3 % anualmente para 2050 a fin de llegar a esas metas y serán necesarias políticas de restricción de la producción y de reducción de la demanda para animar a los productores a replantearse la producción.

Los combustibles fósiles representan el 81% del consumo mundial de energía. El estudio recuerda que en 2015 otra publicación de Nature estimó que un tercio de las reservas de petróleo, la mitad de las de gas y el 80% de las de carbón deberían permanecer inutilizadas para 2050 a fin de tener una buena probabilidad de limitar el calentamiento global a 2 grados.

Los expertos afirman que estos fenómenos meteorológicos extremos son provocados por el calentamiento global. (Foto: AFP)

El experto Dan Welsby y un grupo de colegas partieron de esa asunción y valoraron la proporción de combustibles fósiles que deben quedarse sin utilizar para tener la posibilidad de limitar el calentamiento global a 1,5 grados. Y para lograrlo un 25% adicional de reservas deben quedar en la tierra frente a lo estimado en 2015: según el nuevo estudio, el 58% de las reservas de petróleo debe permanecer sin extraer a escala mundial, contra el 33% estimado hace 6 años.

En un encuentro virtual con medios de comunicación, Welsby aseguró que llegar para los objetivos programados es una tarea “técnicamente posible” en cualquier región, pero depende mucho “de la situación política y la voluntad política” de cada a país.

La voz de un experto

La Argentina firmó el 22 de abril del 2015, en las Naciones Unidas, el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, que tiene como meta global el sostenimiento del incremento de la temperatura global por debajo de los 2°, a niveles preindustriales, procurando hacer esfuerzos para limitarlo a 1.5°.

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Para comprender cómo afecta a la Argentina el escenario planteado por el estudio publicado por la revista Nature, TN.com.ar dialogó con Luciano Caratori, consultor e investigador del Centro de Estudios en Cambio Climático Global, Fundación Torcuato Di Tella. Y estas fueron sus respuestas:

¿Cómo afecta este escenario a la Argentina?

Aquí surgen por lo menos dos dimensiones: cómo la afecta en cuanto a exportador de petróleo y en menor medida de gas, y cómo la afecta en cuanto a consumidor de derivados de petróleo y de gas.

Como exportador, si efectivamente la demanda se reduce de una manera compatible con ese escenario, esto restringe en primer lugar los volúmenes que pueda colocar y en segundo a qué precios puede colocarlos. A grandes rasgos podemos decir que si se reduce la demanda como resultado de la acción climática global, de la sustitución de combustibles y la eficiencia, de repente hay excedentes de producción que, salvo que pueda modularlos, reduciéndola, hacen que los precios bajen abruptamente. Si el precio que reciben los productores en boca de pozo por estas exportaciones se encuentra debajo de los precios de “break even” (cubrir los gastos), la producción se torna inviable.

Si se reduce la demanda como resultado de la acción climática global, de repente habrá excedentes de producción que harán que los precios bajen abruptamente. Si el precio que reciben los productores en boca de pozo se encuentra debajo de los precios de “break even”, la producción se torna inviable.

Ahora, la segunda dimensión es cómo actúa en su mercado doméstico, que es un mercado limitado. Si prosperan algunos mecanismos que se están negociando como los de ajuste al carbono en frontera, que en cierta forma (además de proteger a las industrias de los países que hoy tienen precios significativos para el CO2) gravan el contenido implícito de emisiones de los productos que exportemos -es decir cuántas emisiones se generan en todo el ciclo de vida de los productos-, el incentivo para las industrias exportadoras es reducir sus emisiones, y una parte relevante de sus emisiones está vinculada con su consumo de combustibles fósiles.

Entonces lo que se puede ver, en ciertas industrias, es cada vez mayor preocupación por ser más eficientes en el uso de la energía y por sustituir combustibles fósiles por otras fuentes que no emitan. Esto también golpea la demanda potencial del mercado interno.

¿Es posible lograr una reducción de extracción de tal magnitud en la Argentina?

La Argentina tiene una enorme disponibilidad de recursos que le van a permitir competir en este nuevo mundo, desde la gran disponibilidad de energía solar y eólica, pasando por los biocombustibles en los que tiene capacidad instalada ociosa. Tanto en lo que hace a su mercado interno como a sus exportaciones, si toma las decisiones correctas, puede ser un gran exportador que incluso contribuya a mitigar en otros países (pensemos en biocombustibles e hidrógeno a partir de fuentes renovables o incluso a partir de gas natural si captura esas emisiones).

Luciano Caratori

La Argentina tiene una enorme disponibilidad de recursos que le van a permitir competir en este nuevo mundo, desde la gran disponibilidad de energía solar y eólica, pasando por los biocombustibles

Pero tenemos que ser muy cuidadosos con las decisiones que tomamos, tanto de política como de infraestructura para no condicionar esas capacidades de competir. Porque muchas políticas o decisiones de construcción de infraestructura pueden generar un “efecto cerrojo”, que condicionan las decisiones futuras.

Por ejemplo, una ley de promoción industrial para los hidrocarburos, como la que se propone, hasta el año 2040, no parece ser compatible con un mundo en el cual cada vez más países se comprometen a generar emisiones netas nulas en 2050. ¿Qué vamos a hacer en 2041? ¿Poner un subsidio para sostener las condiciones de 2040 porque “el mundo ya no compra o compra a precios bajos”?

¿O si el Estado construye infraestructura que no es compatible con ese mundo que pide emisiones netas nulas, va a poder responder a esos requerimientos?

¿Cómo pensar un cambio en un país que vive en crisis económica?

Creo que lo que tenemos que pensar es cómo este escenario puede agravar o mitigar esas crisis, que son constantes. En Argentina son una constante las restricciones vinculadas con la necesidad de divisas y de sustituir importaciones, la necesidad de crear empleo y de mantener los precios de la energía que sean asequibles pero que a su vez remuneren el costo económico de producirla, generarla, transportarla y distribuirla, las restricciones fiscales, y otras.

Es absurdo pensar que Argentina puede aislarse del mundo y de las tendencias globales, porque le van a pegar de lleno en su competitividad. Tenemos que diseñar una estrategia que nos permita aprovechar esta nueva ola, y sobre todo, insisto, no condicionar nuestra capacidad de aprovecharla con decisiones espasmódicas y de corto plazo.

Luciano Caratori

Es absurdo pensar que Argentina puede aislarse del mundo y de las tendencias globales. Mientras más tardemos en dar las señales concretas de hacia dónde vamos, más complicado y costoso va a ser, porque no solo los activos pueden quedar varados, sino también las personas, y eso sería mucho más grave.

También tenemos que tener claro que no es posible chasquear los dedos y que todo cambie instantáneamente, porque la Argentina tiene una vastísima infraestructura, cadenas de valor, ingresos provinciales y locales, y sobre todo, personas, que viven de la cadena de los hidrocarburos. Tenemos que atender esta cuestión porque si las transiciones no son justas, probablemente sean inviables por su impacto social y por la turbulencia política que pueden generar.

Pero mientras más tardemos en dar las señales concretas de hacia dónde vamos, más complicado y costoso va a ser, porque no solo los activos pueden quedar varados, sino también las personas, y eso sería mucho más grave. Por eso lo más importante es en mirar primero lo incremental ¿Esta política, este programa, esta nueva infraestructura, facilita o dificulta, hace más cara o más barata esa transición?

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