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Ana Celentano, con un doblete en Netflix: del fenómeno de El Reino al revival nostálgico de Okupas

Hay actrices que no necesitan de un gran protagónico para ser reconocidas por el público y por sus pares. Ana Celentano es una de ellas. Basta recordar a Clara, la prima de Ricardo Riganti (Rodrigo de la Serna) en Okupas, el unitario de culto que este año tuvo un merecido renacer en Netflix.

O aquella Teresa, la esposa protectora de Pablo Echarri en Las viudas de los jueves, la película basada en la novela de Claudia Piñeiro y dirigida por Marcelo Piñeyro. La misma dupla creativa de El Reino, la serie argentina del año donde a Celentano se la puede ver en un papel menor.

Ana atiende su celular desde la cancha de golf de algún barrio cerrado durante un descanso del rodaje de María Marta, el crimen del country, la ficción sobre el caso María Marta García Belsunce que HBO planea estrenar en 2022.

Celentano será Irene Hurtig en la serie de HBO sobre el caso de María Marta García Belsunce.

“Estamos filmando desde junio y terminamos este mes. Muy entusiasmada, hago de Irene Hurtig, un lindo personaje. Es una ficción, pero está basada en la realidad”, cuenta la actriz de 52 años que se metió de lleno en el mundo streaming.

-¿Habías hecho personajes basados en personas reales?

-Hice de la madre de Felicitas Guerrero. Hice de Salvadora Medina Onrubia en la película El mural, hice de Eva Perón en una obra… Todos personajes históricos que ya no están vivos. Y después me tocó hacer un documental con partes de ficción que se llama No me mates, sobre el caso de Corina Fernández, una mujer que sobrevivió a un intento de asesinato de su ex marido. Ella venía a los rodajes. Su presencia fue muy fuerte y conmovedora.

El Reino y los debates que generó

La charla se enfocará en El Reino y en Okupas, las dos series argentinas que más ruido hicieron en un 2021 que casi no tuvo tiras de producción local en la tevé de aire. También se hablará de cómo transitó la pandemia, de cómo amplía el panorama la irrupción del streaming; y de los gajes del oficio en la era de la madurez.

En El Reino, encarnó a la mamá de Julio Clamens, el personaje del Chino Darín.

-Si bien tenés un papel chico en “El Reino”, contame de la experiencia de trabajar para una súper producción que hizo tanto ruido.

-La serie me encanta, está espectacular. Tiene una factura técnica impecable: actuaciones, elenco. Es un material súper valioso que demuestra que podemos producir excelentes series y cine con una calidad internacional. Ya lo sabíamos, pero siempre está bueno convalidarlo, sobre todo con el público. Lo más importante es que la gente lo vio, lo discutió. Hay mucho del boca en boca.

-¿Esperaban tantas repercusiones?

-Sí. Creo que no es tan común que haya ficciones que hablen sobre las Iglesias Evangélicas o religión. Quizás se acostumbra ver ciertas estigmatizaciones que están naturalizadas, como películas donde los musulmanes son terroristas. Hay que hacer una línea divisoria entre la ficción y la posibilidad de pensar, crear y escribir proyectos audiovisuales con suma libertad, sin cancelación ni censura.

-¿Pensás que hubo reacciones o críticas desmedidas?

-Sí. Hubo como una reacción desmedida frente a algo que claramente es una ficción. Es fundamental defender la libertad de contar sin ataduras ni censuras. Después, creo que jugaron cosas que tienen que ver con la militancia feminista y a favor del aborto legal y gratuito que tiene Claudia (Piñeiro). Y ésa se la cobran, obviamente.

Y agrega: “Hablamos de gente que tiene una posición determinada sobre el feminismo, sobre las políticas con perspectiva de género. Entonces hay una especie de ensañamiento que hay que repudiar”.

-¿Creés que, como dijeron muchos, se enfocaron más en lo religioso que en lo político?

-Todas las ficciones despiertan y promueven debates. De eso se trata, de ampliar la mirada y ver lo que le pasa al otro. Ésta es una serie muy política. Se hace foco en la cuestión evangelista y se descuida a ese personaje maravilloso que hace Joaquín Furriel. Porque hay gente en determinados lugares, muy preparada, muy capacitada, moviendo los hilos de la política.

Para Celentano, el de Furriel “es el personaje más siniestro de todos. Y eso no entró tanto en debate”.

La nueva televisión y el fenómeno Okupas

-Hiciste tiras y unitarios con productoras argentinas en canales de aire. Ahora que también trabajaste con plataformas de streaming, ¿qué diferencias hay a nivel producción y qué cambia para el actor?

-Mirá, por ahí es lo que siento yo, que soy un engranaje más de toda la maquinaria que se pone en funcionamiento, pero siento que no está la presión ni la urgencia que tiene la televisión de aire.

En Okupas fue Carla, la prima del personaje de Rodrigo de la Serna que le prestaba la casa.

-La presión del rating, ¿decís?

-Claro, del rating… y de ciertas cosas que uno siente que están pendiendo de un hilo. En cambio, acá, en general son proyectos con todo un laburo previo: cuando me toca entrar en rodaje, ya hay un asentamiento. Y en los que me han tocado, los directores y los guionistas trabajan con mucha “libertad”. Digo entre comillas porque las plataformas también bajan línea, te exigen determinados cánones.

-¿Distintos a los de la TV de aire?

-Son cánones diferentes. Por ejemplo, El Reino se está dando en un montón de países, entonces hay cosas de la idiosincrasia que están más acotadas. Sí hay una sensación de que se parece más al cine, de que cuando llegás a grabar no te va comer el aire. Tanto en El Reino como en El crimen del country, hay más tiempo para pensar la escena. La verdad es que uno agradece un poquito más de tiempo.

-Todo lo contrario a cómo se filmó “Okupas”, donde todos cuentan que los comía el aire.

-(Risas) Sí, pero en esa locura en la que filmábamos Okupas teníamos un nivel de libertad increíble para trabajar. Desde el lenguaje, lo estético, todo. Y, bueno, hoy estamos viviendo este fenómeno de que se esté viendo en Netflix, con una excelente calidad, y termina siendo un boom. Se siente un reconocimiento a una serie que tiene una vigencia estética y de contenido impresionantes.

Celentano sostiene que “Okupas” envejeció como un buen vino.

-¿Cómo creés que envejeció?

-Creo que como un gran vino. La disfruté más ahora que cuando la vi en su momento, que estaba muy pendiente de lo mío, de mi personaje. Ahora la vi más como una serie, y realmente estoy muy agradecida de haber estado ahí. Creo que es muy disruptiva (se estrenó en el 2000, por Canal 7). Es algo que realmente marcó un antes y un después en la ficción.

Su rol como secundaria, la pandemia y el futuro

-Repasando tu carrera en tele y en cine, casi todos tus papeles más conocidos son secundarios. ¿Te molesta o te molestó en algún momento?

-No me molesta, para nada. Son decisiones que una fue tomando respecto del lugar en el que pensás y hacés tu trabajo. Me tocó protagonizar alguna película; en televisión siempre hice papeles secundarios. Pero para mí es una fiesta estar laburando. Y las mujeres, sobre todo, pasamos a una edad en la que ya está, sólo hacés de “madre de”, “abuela de”.

Sobre ese punto entiende que “es un tema para debatir, porque es como que la vida de las mujeres no tiene protagonismo después de los cuarenta y pico. Y hay muchísimo menos laburo. Como si la vida terminara ahí”.

En 2016 protagonizó el filme “No me mates”, basada en el primer precedente de femicidio en la Argentina.

-¿Cómo venís atravesando la pandemia, teniendo en cuenta que el sector audiovisual es uno de los más afectados?

-Fue y es todavía bastante difícil. Es un sector de los más golpeados, junto con todo lo que es la economía informal, los laburantes de a pie que están precarizados. A mí me tocó vivirla como directiva de la obra social de actores. Fue un drama tremendo porque ya veníamos muy mal después de muchos años de baja de trabajo, con lo cual la obra se desfinanció.

“Y tener que enfrentar en esas condiciones una pandemia fue durísimo. Lo sufrí más desde lo colectivo. Ahora con la vacunación se empieza a poder laburar y es un respiro”, reconoce.

-¿Cómo te las arreglaste para mantenerte a flote?

-Tuve la suerte de poder hacer algunas cosas, de dirigir una microserie por Internet con mi pareja, a partir de un premio de Enacom que ganamos en 2019. La adaptamos y la filmamos vía remota. Se llama Tracción a sangre (disponible en la web sangrre.com.ar.) Anímicamente, eso nos ayudó. Los actores estamos acostumbrados a la incertidumbre de no saber cuándo vamos trabajar, pero esto era fatal.

-¿Pensás que la expansión del streaming, sumada a la producción local, supone más oportunidades para los actores? ¿O que se viene un mercado más atomizado, pero con las mismas caras?

-Creo que hay posibilidades de que sean más herramientas para la producción nacional. Pero hay que acompañarlas con políticas concretas: sentar a todos los jugadores para ver que se cumplan los derechos de todo el mundo, que se reparta mejor la torta para que haya más diversidad y más producción. Porque están dadas las condiciones, y porque tenemos enormes talentos para producir audiovisual.

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