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Uberización laboral: ni prohibición ni flexibilización total

Por Patricio Navarro Pizzurno

Sicólogo y especialista en RR.HH.

El reciente fallo judicial que obliga a indemnizar por despido a un chofer de Cabify puso sobre el tapete un debate pendiente sobre el mercado laboral. El mismo quedó en suspenso en 2020 por la pandemia. En parte, por las urgencias y nuevas prioridades que planteó el Covid; en parte, porque la pandemia misma impulsó a muchas de las plataformas digitales. Por otro lado, las apps de delivery, por ejemplo, representaron una gran oportunidad, además, para buena parte de una clase trabajadora mayormente joven o no tanto, como medio de subsistencia.

Hoy se vuelve a plantear qué y cómo hacer para lograr una sana convivencia entre los actores involucrados. Eludir el tema o adoptar decisiones espasmódicas de todo o nada –prohibición absoluta o permisividad y flexibilización total– no hará más que repetir errores del pasado.

Lo que no podemos obviar es que las plataformas digitales llegaron para quedarse. La OIT señala que las mismas se han quintuplicado de 2012 a la fecha, con particular énfasis en los últimos 5 años. El llamado trabajo del futuro, la industria 4.0 y la transformación digital nos hablan de una revolución que, con marchas, contramarchas y particularidades locales, es inevitable.

En este contexto de mercados laborales inciertos y volátiles, se destaca el llamado emprendedurismo y las nuevas vinculaciones entre trabajador y trabajo. Sin embargo, este punto queda muchas veces restringido a determinados estratos sociales. Cuando hablamos de emprendedores exitosos, muchas veces el análisis se circunscribe a clases medias y altas, con acceso a un capital inicial que les permite arriesgar una eventual relación de dependencia en pos de una iniciativa personal o de un proyecto puntual y acotado en el tiempo.

El punto de fondo es que en muchas ocasiones la teorización sobre el futuro y la flexibilización 4.0 invisibilizan a aquellos que sostienen que el “espíritu emprendedor” es una vía de escape inevitable antes que una opción para evitar la relación de dependencia. Es decir, no podemos ecualizar a un centennial de universidad privada con el centennial de clase media baja y baja que no tuvo la oportunidad de acceso siquiera a la universidad pública.

Aquí es donde las plataformas digitales (sean de transporte de pasajeros, servicios de limpieza o delivery) cobran vital importancia. Pasan a ser actores clave porque dan una posibilidad laboral a aquellos que no tienen acceso al mercado formal. La pregunta entonces pasa a ser si se permitirá que afloren con el riesgo de fomentar eventuales formas de trabajo precarizado o semiencubierto.

Se podrá decir que en Inglaterra, Italia, Dinamarca, Francia, Holanda y Alemania (por citar sólo algunos ejemplos) una de las aplicaciones de transporte de pasajeros más renombradas ha sido parcial o totalmente prohibida. Pero la realidad de esos países es distinta a la de la región. En la Argentina, un país que en las últimas décadas se caracterizó por destruir el empleo y donde la deserción escolar en 2020 se quintuplicó, se plantea el interrogante sobre la conveniencia de limitar esas actividades. La respuesta no es fácil, pero sin duda es clara.

Deberíamos promover y facilitar el acceso al trabajo mediante las mismas. Por un lado, porque es en una modalidad que se torna inevitable. Por el otro, porque es una opción de ingresos económicos en una población que ya no puede estar más golpeada. La clave es el cómo, y es parte de un debate a tres bandas de toda discusión laboral: empleados, gobierno regulador y empresas, más el actor sindical siempre presente.

Frente a la disyuntiva prohibición o permisividad total, habrá que encontrar un punto de equilibrio entre la precarización laboral y la falta de acceso al trabajo. Una regulación que permita proteger al trabajador sin matar la fuente de trabajo, en un contexto de diversificación y nuevas formas de acceso a los empleos. Un futuro que en el marco de la 4ªRevolución Industrial no podemos permitirnos seguir coartando y poniendo trabas a fuentes de ingresos económicos.

Renegar de las plataformas digitales laborales nos traslada a los peores escenarios: cayéndonos del mapa de la innovación, abrevando en modelos productivos y laborales arcaicos, que castigan sobre todo a las nuevas generaciones de trabajadores.

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