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Domingo Faustino Sarmiento: las mujeres y los amores de su vida

Cada 11 de septiembre se celebra el “día del Maestro” en homenaje a la muerte de Domingo Faustino Sarmiento. Político, filósofo, pedagogo, escritor, docente, periodista, estadista y militar argentino; quien llegó a ser gobernador de San Juan y hasta presidente de la Nación Argentina, supo cultivar su vida académica e intelectual aunque no por eso descuidó su lado afectivo. Es que a lo largo de su vida contó con la compañía de varias mujeres importantes con quienes forjó lazos de amistad y amor que dejaron huellas imborrables en su trayectoria.

Nacido el 14 de febrero de 1811 en San Juan, aunque anotado al día siguiente, lo que convierte al 15 como la fecha oficial, Sarmiento a sus 32 años ya tenía una reflexión formada sobre su relación con las mujeres, la cual plasmó en una carta que le escribió a su sobrino Domingo Soriano Sarmiento, en 1843.

Domingo Faustino Sarmiento nació el 15 de febrero de 1811 en San Juan.

“No creo en la duración del amor, que se apaga con la posesión. Yo definiría esta pasión así: un deseo por satisfacerse. Parta usted del principio de que no se amarán por siempre. Cuida de cultivar el aprecio de su mujer y apreciarla por sus buenas cualidades. Oiga usted esto, su felicidad depende de la observancia de este precepto: no abuse de los goces del amor; no traspase los límites de la decencia; no haga a su esposa perder el pudor a fuerza de hacerla prestarse a todo género de locuras. Cada nuevo goce es una ilusión perdida para siempre; cada favor nuevo de las mujeres es un pedazo que se arranca del amor. Yo he agotado algunos amores y he concluido con mirar con repugnancia a mujeres apreciables que no tenían a mis ojos más defectos que haberme complacido demasiado. Los amores ilegítimos tienen eso de sabroso: que siendo la mujer más independiente aguijonea nuestros deseos con la resistencia”, escribió el “Padre del Aula”.

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María Jesús del Canto

El amor de juventud de Sarmiento fue su alumna María Jesús del Canto, una chilena de 17 años, a quien conoció durante su exilio en 1831, al país vecino donde escapó a ganarse la vida como maestro de la escuela.

Fruto de esta relación, nacería Ana Faustina, una criatura que Sarmiento debió llevar a San Juan, ya que la familia de la chica no quería saber nada con ese sanjuanino pobre, y menos criar un bebé que no deseaban. “Calavereada de muchacho”, diría muchos años después de esta relación.

La niña fue criada por la madre de Sarmiento, Paula Albarracín y por sus hermanas. Sin embargo, cuando pudo establecerse mejor en Chile, se llevó consigo a su hija y a la abuela.

Algunas de las mujeres importantes en la vida de Domingo Faustino Sarmiento.

Benita Martínez Pastoriza

En este segundo exilio, el sanjuanino volvió a encontrar el amor. A sus 34 años pasaba demasiado tiempo en la casa de una bellísima y acaudalada señora, Benita Martínez Pastoriza, quien estaba casada con un señor mucho mayor que ella, Domingo Castro y Calvo.

Sin embargo, en mitad del romance, Sarmiento había sido comisionado por el gobierno chileno a que estudiase distintos modelos educativos en distintos países de Europa y en Estados Unidos, y se involucró en un largo periplo que le demandaría tres años de ausencia.

Benita Martínez Pastoriza, una de las mujeres importantes en la vida de Sarmiento.

En ese lapso de tiempo Benita enviudó. Así fue que al regreso de Domingo Faustino Sarmiento en 1847 se casó con Benita y adoptó a Domingo Fidel Sarmiento, el hijo de 3 años que ella había tenido con su primer marido. Aunque desde el año 60 “estuve separado de mutuo consentimiento”, de acuerdo a lo que estableció en su testamento.

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Aurelia Vélez Sarsfield

En 1855, en la ciudad de Buenos Aires Sarmiento comenzó a frecuentar tertulias y se reencontró con Aurelia, la hija de un viejo amigo, el doctor Dalmacio Vélez Sarsfield.

Cabe destacar que Sarmiento la había visto por última vez en Montevideo cuando ella era una niña de 9 años. Pero al reencontrarse quedó deslumbrado ante la inteligencia y belleza de esta muchacha, con quien esta vez, se desataron conversaciones más profundas.

Aurelia Vélez Sarsfield el gran amor de Sarmiento.

Ella tenía 19 y él 44, y comenzaron un romance intenso, aunque oculto. Sin embargo, no podían disimular esa atracción innata. En 1857, la esposa de Sarmiento, Benita Martínez Pastoriza, descubrió el amorío a partir de unas cartas que había encontrado de ambos. Fue una de las polémicas más resonadas de ese año, la cual terminó con la separación del matrimonio. No obstante, la unión entre Aurelia y Domingo Faustino jamás se quebró.

Cerca de las nuevas elecciones de gobierno de 1868, Aurelia Vélez Sarsfield se convirtió en la principal promotora de la candidatura de Sarmiento. Ella comenzó a escribir artículos periodísticos que firmó con seudónimo masculino y fue una de grandes difusora de campaña del futuro “padre del aula”. Y la victoria llegó: Domingo Faustino Sarmiento se transformó en presidente de la nación, hasta 1874.

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Ida Wickersham

Ida era una joven puritana, profesora de inglés, casada con el doctor Wickersham. En 1865, cuando conoció a Sarmiento, él tenía cincuenta y cuatro y andaba abrumado por la separación conflictiva de su mujer y los celos que le despertaba Aurelia Vélez, mientras que ella tenía veinticinco.

Wickersham tuvo un breve contacto íntimo con Sarmiento. Estando en Estados Unidos, él se enteró que había sido electo presidente y su profesora, quien ya se había divorciado, propuso encontrarse en Buenos Aires, hasta sugirió integrar el grupo de maestras norteamericanas que había contratado. Pero nunca le contestó.

El 30 de setiembre de 1866 envió la primera carta a Sarmiento; la última, el 23 de abril de 1882.

Mary Mann

Sarmiento y Mary Mann se habían conocido personalmente cuando éste había sido enviado a Europa por el gobierno de Chile en 1845, para investigar los sistemas educativos extranjeros. Estando en Inglaterra leyó un informe del funcionario norteamericano Horace Mann, impulsor de las Escuelas Normales en su país, que lo dejó muy impresionado. Así fue que decidió entonces ir a los Estados Unidos, principalmente para visitarlo, y en 1847 pasó dos días en la casa de Horace en Massachusetts, donde conoció a su esposa Mary, también educadora.

Carta de Domingo Sarmiento a Mary Mann, 12 de noviembre de 1869 (Foto: Archivo General de la Nación, Biblioteca Nacional).

Cuando Sarmiento volvió a los Estados Unidos como embajador, Horace ya había muerto, pero continuó la relación con Mary, con quien mantuvo una intensa correspondencia: de las 156 cartas que se conservan de la mujer, 147 fueron escritas por Sarmiento.

Incluso fue un apoyo espiritual importante ante la muerte de Dominguito en el combate Curupaytí, en la guerra del Paraguay. “Mi ángel viejo”, o “la encarnación del amor materno”, le decía Sarmiento a su amiga norteamericana.

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Juana Manso

Juana Manso fue educadora, escritora y periodista, además considerada la primera voz feminista de mediados del siglo XIX.

En 1859 el escritor José Mármol, presentó a Domingo Faustino Sarmiento y a Juana Manso. Ambos compartirían sus ideas sobre la educación como vehículo de la alfabetización y la necesidad de una educación para toda la población.

Desde el Museo Histórico Nacional relatan que Sarmiento la nombró directora de la Escuela Normal Mixta N° 1, primera escuela en que ambos sexos compartían las aulas, por lo que Manso fue muy criticada y resistida por los sectores más conservadores.

Juana Manso, educadora, escritora y periodista.

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